• Caracas (Venezuela)

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Alicia Freilich

Las repúblicas de Caracas

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Hay registro cultural de varias repúblicas caraqueñas con tres muy destacadas. Guillermo Meneses, pionero de la moderna literatura nacional, relató en sus cuentos, novelas y crónicas urbanas, con diseño y castellano universal, un oeste citadino bajo las dictaduras gomecista y perezjimenista inicial, todavía casi pueblerino, donde negros y mestizaje emigrados del interior sentían los rigores del cambio en sus costumbres, la crueldad de la policía gomera y sucesores, una velada discriminación del criollo acomodado con resabios colonialistas, su refugio en botiquines y cabarets de mala muerte. Boxeo, beisbol y otros oficios en el suburbio atenuaban la angustia por su frágil posición en una sociedad llena de miedos y pobreza extrema.

Salvador Garmendia y José Balza, entre otros, discípulos conscientes o no de ese gran legado literario, testimonian al provinciano que asume la ciudad a medias, un tanto más resignado pero siempre nostálgico de su aldea. Fusión de la modernidad petrolera con una terca manera de seguir campesino, también refugiada en bohemias de la noche, vivencia y tema de lo que luego, en plena democracia representativa, fue la República del Este, ya no marginal ni solo nocturna, sino habitual en restaurantes y bares de Sabana Grande, una cofradía de clase media sustentada en el apoyo institucional de organismos, Inciba y el Conac, que subsidiaron el talento artístico en todas sus expresiones, incluida esa misma, subversiva contra el sistema que adversaban desde rebeliones de bulevar. Los narradores Adriano González León, Antonieta Madrid y Carlos Noguera, entre otros, retrataron aquel ciclo. Parte de ese material literario, fílmico, musical y de la plástica, se concentró en causas y efectos nacionales y personales del fracasado movimiento guerrillero local respaldado desde los años sesenta por el castrocomunismo, siempre tras el petróleo venezolano para prolongar su tiranía.

El régimen chavista, salvo su artificioso retro-folklore plagado de cursilería populista que pretende representar la cultura popular espontánea, carece de acervo propio. Al contrario, su República del Oeste, una división política de la capital impuesta por el dogma totalitario para sus esclavos, los ha empobrecido más en cuerpo y alma desde la contracultura del analfabetismo disfuncional. Ese humilde habitante sobornado por una dirigencia enferma de ilegítimo poder cuartelario y palaciego, cumple órdenes, destruye ciudad y civilidad anteriores, en su forma y fondo.

Por suerte, de esta ruina queda constancia en la joven literatura, el actual periodismo de la crónica, muestras de teatro, música, cine y plástica en sus géneros renovados.

La sobreviviente Caracas central y del este aún no invadida del todo por el bolivarismo oficial y sus colectivos, certifican desde esas obras su resistencia, creatividad y firme oposición al atraso militarista del país. Documentos esenciales para evaluar los tres lustros de malandra barbarie roja.