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Germán Carrera Damas

La república liberal democrática (1945-1999) y sus logros: una visión*

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Finalizando la tercera década del Siglo XX, un grupo de jóvenes estudiantes se sintieron llamados a enfrentar el régimen de la que parecía eterna República liberal autocrática, heredera infiel de la República de Colombia, moderna y liberal. Entrada en su fase degenerativa, la República heredera se había trocado, desde los albores del siglo XX, en la Dictadura liberal regionalista. Despojándose de todo miramiento constitucional, centraba su razón vital en la preservación monopólica y desenfrenada del Poder público. Situación que era padecido por los jóvenes mencionados como negación  de Libertad. Por consiguiente, la ecuación del Poder público se sintetizaba como Dictadura vs. Libertad.

Les tomó tiempo, a esos jóvenes estudiantes, captar la esencia de esa situación. Anduvieron de por medio corrientes ideológicas; particularmente las vinculadas, o derivadas aviesamente, del Humanismo marxista. Tomó tiempo para que la experiencia de la cárcel y del exilio empujase a un puñado de tales jóvenes, rebeldes, a la comprensión de que el fondo de la cuestión tenía que ver, sobre todo, con la naturaleza del Poder público. Lo que les condujo, a su vez, a emprender la revisión de los procedimientos tradicionales de acceso al Poder público. Progresivamente, los procedimientos tradicionales fueron superados, supeditados a otros procedimientos, abandonados y hasta condenados.

La marcha así emprendida culminó con la comprensión de que la raíz del conflicto radicaba en los procedimientos de formación, de ejercicio y de finalidad del Poder público. Con ello la antinomia dejó de expresarse como Dictadura vs Libertad, volviéndose Democracia vs Dictadura = Libertad; pasando a ser la Democracia clave para el goce de la Libertad.

Debo prescindir de los desarrollos concomitantes de esta evolución, para dejarle espacio a lo que expresamente nos ocupa hoy. Me limitaré a decir que, valiéndose del más rancio de los procedimientos de acceso al Poder público –es decir, la genéricamente aborrecida violencia–; pero esta vez hibridado con un sostenido trabajo de preparación ideológica democrática, y con la participación de fuerzas civiles organizadas en consonancia, se desplazó del Poder a los representantes dictatoriales de la República liberal regionalista. Se procedió a instaurar un régimen cívico-militar que se dio a iniciar la edificación de la que denomino La República liberal democrática –enfrentada hoy a su segunda crisis de desarrollo–; el balance de cuya instauración primera y primaria, en curso, intentaré resumir.

Mas no lo haré sin caracterizar el cuadro sociopolítico del cual partió esta creadora experiencia histórica. Para ello me limitaré a transcribir un fragmento de una conferencia –la sexta–, que dicté en un ciclo semanal iniciado el 14 de febrero de 1974; compilada en  mi obra titulada Una nación llamada Venezuela:

“A fines de la década del 50 la sociedad venezolana aparece conformada como lo que podría llamar, aunque esto suene a contradicción, una pequeña sociedad de masas. Parece un juego de palabras, pero en rigor no lo es, aunque quizá sea más adecuado decir una sociedad con problemas masivos. Ya no se trata de aquella que he denominado universo de peones con un pequeño club de terratenientes manipulando las aspiraciones socioindividuales, sino de una nueva sociedad donde el proceso de movilización de grandes masas, el de urbanización, el proceso de desarrollo capitalista en el campo, el inicio de la industrialización, etc., han generado toda una nueva problemática de carácter social y económico. La Venezuela de la década del 60 se encuentra a sí misma como una sociedad cargada de tremendos problemas socioeconómicos que afectan a la mayoría de la población en una forma específica, pero es también la Venezuela que marcha tras el espejismo liberal, para la cual no existe, por definición, contraste entre libertad y hambre. Están planteados de esta manera los términos en que se habrán de debatir todas las cuestiones: realización del orden liberal como objetivo sociopolítico y satisfacción de ingentes necesidades sociales como objetivo socioeconómico”.  (“Tardía institucionalización del Estado liberal democrático en el marco del desarrollo dependiente de la implantación (1958-1974)”. Una nación llamada Venezuela. (Proceso  sociohistórico de  Venezuela, 1810-1974). Caracas, Ediciones de  la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, 1980.  2ª edición, Monte Ávila Editores, 1988. 3ª  edición, Monte  Ávila  Editores, 1988.  4ª  edición,  Monte Ávila Editores, 1991. 5ª edición, Monte Ávila, 1997. 1ª reimpresión, Monte Ávila Editores, 2006).

Pero antes de proseguir en este intento, permítanme recordar algo. Entrando el año 2000 advertí a mis compatriotas sobre el advenimiento de un régimen militar que denominé bolivariano-militarista, convertido en esperanza salvacionista por la que luego caractericé como una severa indigestión de la Democracia. (Véase: El bolivarianismo-militarismo. Una ideología de reemplazo. Caracas, Editorial Ala de cuervo, 2005. 2ª edición, Alfa Editorial, 2011. Editado originalmente, como base de un seminario de graduados, con el título de Alternativas ideológicas en América Latina Contemporánea (El caso de Venezuela: el bolivarianismo-militarismo). University of Florida, Center for Latin American Studies. Bacardi Family Chair for Eminent Scholars, Gainesville, Florida, Estados Unidos de América, 2001).

Fundado en estos criterios, extraídos de lo histórico, propongo el siguiente balance de la República liberal democrática, en lo concerniente tanto a la formación del Poder público,  como al ejercicio y a la finalidad del mismo:

1.- Contribuyó de manera determinante a substituir la antinomia DICTADURA vs. LIBERTAD por el complejo conceptual DEMOCRACIA vs DICTADURA = LIBERTAD.

2.- Ha sido clave en la inauguración y el establecimiento del Poder civil: interrumpiendo el predominio del Poder militar en 1945-1948; orientando su plena instauración, actualizada, a partir de 1959; y motivando hoy la lucha por el restablecimiento del Poder civil.

3.- Se inauguró la instauración, en Venezuela, del régimen sociopolítico democrático moderno, al rescatar y poner en vigencia plena el principio de Soberanía popular. Primero inaugurándolo, en 1945-1948; y luego al orientar su  institucionalización, actualizada, a partir de 1958-1959 (Pacto de Punto Fijo, Programa mínimo de  Gobierno y Gobierno de coalición.

4.- Se impulsó y patrocino la más significativa operación de inclusión social: reconoció sus derechos políticos a la mujer; promovió el rescate de la población rural –ampliamente mayoritaria–, mediante la Reforma agraria integral; hizo ciudadanos plenos a los analfabetos; fomentó la educación, moderna y democrática, en todos sus niveles; combatió el paludismo –hasta erradicarlo–, y otras endemias; desarrolló el sistema asistencial, y también la que Rómulo Betancourt denominó el hambre ancestral de los venezolanos, etc.

5.- Se puso por obra el inicio del desarrollo de una economía orientada a coadyuvar en la consolidación y el perfeccionamiento de la Independencia Nacional, y a sentar las bases sociopolíticas de la Democracia (CVF y OPEP). Y el de la denominada Doctrina Betancourt, en lo concerniente a la consolidación y preservación del régimen sociopolítico democrático en el continente, enfrentando a las dictaduras militares y previniendo acerca del riesgo que para ese régimen llegaría representar la entonces denominada revolución cubana.

6.- Mediante la reformulación, modernizadora y democratizadora de los procesos de formación, ejercicio y finalidad del Poder público, acercó la sociedad venezolana, modernizándola, a ser la genuina República popular representativa, que constituimos en la Villa del Rosario de Cúcuta, en 1821.

7.- Se ilustró la teoría, y se le puso en práctica, de la Revolución Democrática Evolutiva, formulada por Rómulo Betancourt. Hoy vigente, encaminada a que los venezolanos nos rescatemos plenamente del secular atraso sociopolítico vestigio de nuestra monarquía originaria. Atraso inventariado, si bien entonces con propósitos continuistas de la postrer etapa de la República liberal autocrática, en el denominado Programa de Febrero.

8.- Se promovió la estructuración de una sociedad de ciudadanos, practicando la concepción pedagógica de la política; y promoviendo la formación de partidos políticos modernos y el desarrollo del movimiento sindical organizado.

9.- Se estructuró el primer partido político moderno en Venezuela contemporánea; concebido y diseñado desechando la predicada fórmula clasista, como un partido del pueblo para el pueblo, de alcance nacional; y se propició el control pluripartidista,  como garantía del libre ejercicio de la rescatada Soberanía popular.

10.- Se demostró, por primera vez, que en Venezuela si se puede gobernar sin robar ni pretender perpetuarse en el Poder; predicando y practicando la responsabilidad civil y administrativa y acatando el principio de la alternabilidad republicana.

11.- Se echaron las bases para la maduración y consolidación de la Nación, mediante el inicio de la superación, cual factor determinante, de la distancia como expresión sintética de la muy escasa capacidad de la sociedad, así parcelada regionalmente, sobre el medio físico. Situación propiciatoria de los localismos y regionalismo; e impedimenta del nacimiento del mercado nacional. A este fin tendió el Plan Nacional de vialidad, formulado y adelantado a partir  de 1948.

12.- En lo concerniente a su desenvolvimiento en el escenario internacional, además de la formulación y promoción de un nuevo mercado internacional del petróleo, y de mejores términos de intercambio con las economías desarrolladas, la República liberal Democrática de Venezuela sobresalió en las tareas de la descolonización y en la promoción de la cooperación en el seno de la OEA y de la ONU.

13.- Se formuló y practicó la responsabilidad ética inherente al ejercicio del Poder público; entendida como guarda del destino de la conformación democrática de la sociedad, asumida a plenitud. Postura ilustrada, de manera sobresaliente, por la conducta de Rómulo Betancourt objeto de atentado y hostigado por la campaña del RR. Al igual que lo fue por la entereza demostrada por Carlos Andrés Pérez ante La confabulación de los notables, luego del atentado intentado en el 4 de febrero de 1992, y durante  el seudo judicial asesinato político de que fue víctima.

Conclusión:

La virtud de la República liberal democrática se advierte en la vigencia de sus  adelantados aportes de carácter sociopolítico y socioeconómicos; vigencia resultante de su correspondencia con los requerimientos del desarrollo democratizador de nuestra sociedad. Los regímenes adversos a esos aportes, dada su vocación retrógrada o por ser ajenos a esa realidad, los han adulterado, desvirtuado, corrompido…; pero aun se hallan tramando la manera eficaz de abolirlos, o al menos de desprestigiarlos en la conciencia social. Como sí lo han hecho con las inigualadas realizaciones materiales, (Sistema hidroenergético del Guri, Pequiven, Pdvsa, red infraestructural y de comunicaciones, INCE, etc.). Debe ser esta imposibilidad la que ha movido y mueve los intentos de secuestrar de nuevo la Soberanía popular, ahora mediante la supresión de la República misma; propósito ya hoy evidente incluso para muchos de los escépticos de hace todavía pocos días. (Al respecto puede verse mi obra titulada En defensa de la República. Caracas, Libros de El Nacional. Prólogo de Simón Alberto Consalvi. 2013).

El más significativo y fecundo aporte de la República liberal democrática es, sin embargo de todo lo antedicho, la decidida y estimulante incorporación de la mujer al ejercicio sociopolítico de la Democracia, hoy mismo representada de manera ejemplar por la lúcida determinación de la que está dando pruebas María Corina Machado.

Caracas, 3 de diciembre de 2014.

* Ponencia presentada en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, de la Universidad Central de Venezuela, el jueves 4 de diciembre de 2014.

**Escuela de Historia

Facultad de Humanidades y Educación, UCV