• Caracas (Venezuela)

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Eduardo Semtei

Una reiterada conducta incostitucional

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La contumacia en la conducta casi delincuencial del oficialismo, llámese como se llame, es abismal. No salen de un capítulo violatorio para entrar en otra carrera aún peor. Basta con señalar que a raíz de la derrota que sufrieran cuando la reforma constitucional sus malabarismos ilegales y trapisondas de prestidigitadores enfermizos y tramposos no han hecho sino repetirse. No hay artículo dentro de nuestra Carta Magna que no haya sufrido por lo menos un rasguño infeccioso de uno cualquiera de los gerentes actuales de nuestra administración pública. Cada uno de los elementos que le fueron negados los han ido colando por vías alternas como lava ardiente sobre el cuerpo de nuestras instituciones, produciendo obviamente salvajes heridas que tardarán años en sanarse. Si bien la Fiscalía General de la República es usada como un misil contra cualquier refugio opositor al propio tiempo se coloca frente a sus ojos la gruesa lona de la complicidad y la indiferencia frente a los casos más sonados, públicos e indecentes de corrupción. Lo del maletín argentino alcanza proporciones hollywoodenses. Pudiera muy bien llamarse “El Enmascarado de Plata” Por otro lado la defensora del pueblo alcanza nuevos niveles de obediencia ciega al Poder Ejecutivo que aunque no se crea supera con creces la obsecuencia servil y vergonzosa del anterior defensor. En materia militar cambiaron todo el sistema de calificación para los ascensos mientras que se crearon nuevos cargos y grados en pro de satisfacer los deseos de control político sobre la Fuerza Armada. Los tribunales del país: civiles, administrativos, penales, de tránsito, agrarios, mercantiles en todos los niveles parecen estar dirigidos por hordas sectarias de rojos rojitos tratando cada uno de ellos de producir sentencias que dejarían pálido los documentos producidos por los tribunales en la época de Hitler y Mussolini.  La última sentencia del Tribunal Supremo de Justicia en materia electoral, su Sala Constitucional, no solo se negó a entrar en materia, a evaluar, a estudiar, a contestar, la demanda introducida por Henrique Capriles y la oposición, sino que tuvo el tupé de ordenar una averiguación penal, ya que sus miembros sintieron que la redacción no era de su agrado y que había “palabrotas” que merecían un castigo ejemplar y el enjuiciamiento de Capriles y en tal sentido así lo declararon, decidieron entonces pasar el expediente a la Fiscalía General.

El caso del allanamiento de la diputación de Richard Mardo es igualmente un acto despreciable donde como es habitual en la presente coyuntura se alinean todos los cañones jurídicos e institucionales del gobierno rojo rojito para que en nombre de una supuesta lucha contra la corrupción no se haga otra cosa sino torcerle el brazo a la ley para complacer los deseos más torcidos y despreciables de un grupo de truhanes hoy convertidos en grandes dirigentes políticos. Otra clase de semihumanos se va agrupando poco a poco, recogiendo de rodillas las migajas que le echen de la mesa del poder y no hacen otra cosa que degradarse y degradar el fino arte de la política, convirtiéndola lastimosamente en una letrina histórica cuando no en un pozo séptico de bagazos pseudo revolucionarios, verbigracia; Pérez Pirela y Wiston Vallenilla. Ahora nuevamente tratan de escachapar las pocas huellas morales que aún se encuentran en la Asamblea Nacional al solicitar Poderes Especiales con el pretexto necio y pueril que con tal recurso el Presidente podrá dictar leyes que combatirán la corrupción. Bastaría Presidente Maduro que pusiera una alarma contra pillos a la entrada del Salón de Reuniones del Consejo de Ministro para que vean como se encenderán al ingreso de algunos de los más connotados pillos del actual régimen. Y por allí se van las cosas y la vida venezolana. Por los túneles del vicio. Y por eso canto: “El Cielo encapotado anuncia tempestad. Ladrones temblad. Viva la libertad…”