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Armando Durán

El no regreso de Chávez

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El último y enigmático comunicado oficial sobre la salud de Hugo Chávez resulta muy poco alentador. “La tendencia no ha sido favorable”, anunció el jueves por la noche el ministro Ernesto Villegas, “y continúa siendo tratado”. ¿Cuál es el verdadero sentido de estas palabras? Lamentablemente, la política desinformativa del régimen sobre el tema permite pensar lo peor. En todo caso, y eso es lo preocupante, se entiende que el enfermo, en lugar de mejorar, ha empeorado. ¿Será esta la verdadera razón de su regreso?   

La pregunta que sigue inquieta. Si el estado de la salud presidencial no ha evolucionado tan favorablemente como se decía, ¿por qué hasta ahora se les ha querido hacer creer a los venezolanos que el enfermo se recuperaba y hasta parecía un dinamo, gira que te gira, ríe que te ríe, en franca recuperación? Si en verdad ésta no era su situación, entonces, ¿para qué lo trajeron a Caracas precisamente ahora? La negativa a que Evo Morales lo saludara en su lecho de enfermo ha agravado aún más las conjeturas. ¿Será tan penoso el estado físico del Presidente que hay que mantenerlo oculto hasta de sus más fieles amigos? ¿Será también por esta esotérica razón que a pesar de estar en Caracas, hasta este instante, mediodía del viernes 22 de febrero, no ha jurado el cargo de Presidente de la República, aspecto central de la actual crisis política e institucional de Venezuela? En este marco de incertidumbres crecientes, vale la pena preguntarse ¿por qué hace pocos días Aristóbulo Istúriz le advirtió al país que “el Presidente se juramentará cuando esté bueno y sano”?

Sin duda, una grave contradicción entre el gobernador de Anzoátegui y portavoz del PSUV y el ministro de Propaganda. Como si en el alto gobierno tampoco se dispusiera de información médica veraz para poder ensayar a darnos una descripción convincente del estado de salud de Chávez. O como si a pesar de conocer la verdad prefirieran diseminar más y más declaraciones confusas y hasta contradictorias, simplemente por el perverso placer de añadirle nuevas mentiras (habrán olvidado las anteriores) a la ya demasiado espesa mentira oficial sobre la enfermedad presidencial.

Está claro que el regreso de Chávez a Venezuela responde a la necesidad urgente de devolverle su legitimidad al Gobierno de Venezuela, juramentando al fin al Presidente electo. Téngase en cuenta, por ejemplo, que Venezuela necesita con urgencia los dólares chinos, pero China se niega a entregar los 20.000 millones de dólares de un nuevo préstamo hasta que el régimen bolivariano le muestre al mundo un presidente legalmente instalado en Miraflores. En este sentido, es importante tener en cuenta que los gobernantes chinos, por muy socialistas y solidarios que sean, no entienden la solidaridad internacional como un acto de generosidad ciega con los gobiernos amigos, sino como acuerdos comerciales económica y jurídicamente blindados. O sea, que mientras Venezuela no supere su crisis, podemos olvidarnos de nuevos negocios con China. Idéntica razón ha movido a un personaje tan sinuoso y acomodaticio como José Miguel Insulza a declarar que es hora de que Venezuela tome una decisión, cualquiera que sea, con respecto a la vacante Presidencia de la República.

Este es el motivo del regreso de Chávez. Despejar el terreno de imprecisiones y satisfacer las expectativas nacionales e internacionales sobre el futuro inmediato de Venezuela. Sin embargo, este regreso, que en buena lógica debía haber resuelto el problema, en realidad ha conseguido lo contrario. Como si en verdad Chávez no hubiera regresado. Aclaro, sin embargo, que en esta Venezuela que le rinde culto apasionado a la diosa de la confusión, muchos lunes son días de sorpresas. Vaya que los lunes todo es posible. Incluso que hoy nos enteremos de que este fin de semana el TSJ ha juramentado a Chávez en una ceremonia tan privada que ni siquiera hizo falta la presencia física del juramentado. ¿Será de este modo tramposo, con la habitual complicidad del TSJ, que el Gobierno invisible de Venezuela le imponga de nuevo su arbitraria voluntad a un pueblo cada día más perplejo, al borde de un serio ataque de nervios?

Nota. Mientras se despeja esta incógnita, aprovecho la oportunidad para informarles a mis lectores que este lunes también me toca pasar por el quirófano, aunque por simples razones mecánicas. Mi rodilla derecha, dañada y casi fuera de servicio gracias al mal uso que le he dado, será reemplazada por una nueva rodilla, casi biónica, espero, de cromo-cobalto. Me ausentaré, pues, de estas páginas durante dos o tres semanas. Hasta entonces.