• Caracas (Venezuela)

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Oscar Lucien

Del “registro” a la memoria

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El desarrollo de la conceptualización académica, así como su valoración crítica en la historia del arte permiten afirmar sin ambages que la fotografía no es un mero registro, mecánico (óptico, físico, químico) de la realidad, sino una construcción intelectual. La realidad se muestra en la fotografía desde un conjunto de convenciones técnicas y culturales que aparecen mediatizadas por el “determinante referencial” constitutivo de la imagen fotográfica. Las prudentes comillas sirven para alejar del centro de estos comentarios las incidencias del desarrollo digital en el arte fotográfico. Sin embargo, al asumir la relevancia de la fotografía como mirada sobre lo real no quiero soslayar lo objetivo del “registro” y su relación con una dimensión humana por excelencia, como lo es la memoria. Siguiendo a Roland Barthes, diremos que por su propia naturaleza la fotografía carga siempre su referente consigo “estando marcado ambos por la misma inmovilidad amorosa o fúnebre, en el seno mismo del mundo en movimiento”. Y, siguiendo a Susan Sontag, reafirmaremos, “aunque en un sentido la cámara, en efecto, captura la realidad, y no sólo la interpreta, las fotografías son una interpretación del mundo tanto como las pinturas o los dibujos”.

Me he permitido este largo preámbulo para valorar, en el contexto de las recapitulaciones y balances frecuentes al inicio de un nuevo año, el aniversario de los veinte años de trabajo docente en el ámbito de la fotografía bajo la conducción del fotógrafo Roberto Mata.

Quien haya tenido una mínima cercanía al quehacer cultural en Venezuela puede fácilmente apreciar el significado del transcurrir de dos décadas, el valor intrínseco de esa continuidad, apreciable, particularmente, en los complejos años que hemos vivido con el cambio de siglo en nuestro país. Una modesta iniciativa de clases individuales en 1993, en el estudio profesional del fotógrafo, en su laboratorio y con sus equipos personales, fue creciendo y consolidándose con pasión y perseverancia hasta convertirse en una referencia insoslayable: Roberto Mata Taller de Fotografías (RMTF) figura, veinte años después, entre los más destacados centros de enseñanza de fotografía en Venezuela. No quiero emplear un mero calificativo de ocasión conmemorativa o de compromiso con una institución a la que me vinculo desde hace casi tres años, sino destacar que RMTF convocó desde sus inicios a fotógrafos reconocidos de Venezuela, y, desde hace unos años, a figuras relevantes de la fotografía internacional a su plantel académico, y apostó por un espacio vital para la reflexión y la confrontación. Puedo atreverme, sí, a una individualización para significar la evidencia, la constancia de una iniciativa privada con un compromiso docente fundado en una vocación de servicio y de amor por el país. De esta escuela han egresado jóvenes que hacen carrera en periódicos y agencias nacionales e internacionales, o asumen el compromiso personal de la creación.

Si bien, por tradición, la fotografía tiene esa potencialidad de ofrecernos un rostro de nosotros mismos, de permitir reconocernos y constituirnos una identidad a partir de lo que plasman las imágenes, la relevancia de la vocación documentalista de la escuela RMTF, fortalecida con las “expediciones fotográficas” por todo el país, ha permitido consolidar un vasto “registro” de los venezolanos, de la fisonomía de sus gentes, de su rica y hermosa diversidad étnica, de la riqueza de sus paisajes, de los contrastes sociales, en fin, del particular país que es Venezuela. Una primera y no exhaustiva mirada en los archivos de RMTF permite vislumbrar un valioso patrimonio, de una singular memoria visual del país: fotografías que dan fe de una cuidadosa y ambiciosa labor docente; imágenes que son expresión de una labor infatigable de registro, de estudio y comprensión de nuestra luminosidad tropical, de nuestras singulares maneras de ver, y en el sentido más literal, de “encuadrar” el país.

En el presente nadie duda de la importancia de las imágenes en el mundo contemporáneo, del compromiso de los países que hacen esfuerzos enormes para mantener un mínimo de presencia y visibilidad “gráfica” en un mundo cada vez más globalizado. Confío en que ese patrimonio de la escuela de Roberto Mata pueda cristalizar en el contexto de la conmemoración de los veinte años en una publicación, Memoria visual de Venezuela: 20 años, un modesto aporte a la cultura visual de Venezuela y a la bibliografía venezolana sobre el arte fotográfico y un valioso instrumento de conocimiento y de goce visual de ese ser múltiple y diverso que somos los venezolanos.