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Pablo Doberti

La redacción como fracaso

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Salvo que la redacción sea un arte menor, una herramienta específica y sobre todo limitada, y la escritura sea su referente amplio, superior y aspiracional; salvo que el modelo fuera así (y creo que no es así), no entiendo lo que hace la escuela con la redacción. No puedo creer cómo la mata y la trivializa y la pone al servicio de propósitos menores y las más de las veces contraproducentes.

Lo peor es que la escuela se jacta del trabajo que hace con la redacción. La pondera y se pondera. Crea una plataforma conceptual nefasta sobre la que hace descansar sus prácticas, sus técnicas y sobre todo sus líneas de incidencia en los alumnos.

Vamos a ver algunos ejemplos. La prueba ENEM (Exame Nacional do Ensino Médio) en Brasil tiene un apartado muy importante dedicado a la redacción. La FOLHA DE SAO PAULO hizo una nota los otros días (20 de marzo de 2016) sobre aquellos alumnos que obtienen la nota máxima, la nota 1000, en redacción de ENEM. El artículo avisa en su destacado que “información y creatividad destacan en los alumnos con la máxima puntuación” y adjunta una foto de la adolescente paulistana Ana Santana Moioli, previsiblemente sonriente y cargando en su brazo izquierdo una pila de 6 libros, tras confesarse “voraz lectora”. Los estereotipos están a la orden del día. El periódico transcribe su redacción para la última prueba ENEM, sobre el tema escogido: La persistencia de la violencia contra la mujer en Brasil.

La pieza es vulgar y obvia hasta el escándalo. Y eso no lo justifica nada, ni mucho menos su juventud. Se explica por el sistema escolar, pero eso no la justifica, ni a ella ni a la redacción que produjo. Informa con tono serio, como si eso le diera valor. “Figuras como Simone de Beauvoir, pensadora francesa, revolucionaron la discusión sobre…” ¿Podríamos haber encontrado un comienzo más obvio y escolar que éste? Una cita previsible y una mini-biografía superficial y discutible de un personaje complejo. Así empieza la redacción nota 1000 de una prueba que escogió un tema valiente como tema del año 2015. Así empieza y así termina, también. La creatividad anunciada por FOLHA nunca apareció. La forma es ordenada y aséptica, sin un giro que dé cadencia o identidad; tampoco hay tropiezos. El ritmo es único, monótono como las mil clases a las que también Ana asistió. Ella redacta para informarnos y darnos un panorama plano, zonzo y sin valor sobre el tema en cuestión. Tal vez no lo sepa, pero está matando esa cuestión que tanto costó implantar. Ella se hace pasar por una mujer equilibradamente equitativa, desapasionadamente preocupada con el tema y documentada hasta con la ley. Denuncia como mala periodista y hace como que se compromete como suele hacerlo el hipócrita ciudadano de clase media. Posee datos (se preparó, ¡es alumna 10!) y los vuelca informativamente, pero de ahí en adelante no viene más nada. No hay ni conocimiento ni arte ni creatividad esencialmente porque en donde deberían aparecer las marcas del sujeto “Ana” y su singularidad, sobrevienen los estereotipos del alumno aplicado y del ciudadano mass media. La hemos perdido.

Para que mi lector no crea que exagero y que oculto las pruebas, regalo este otro párrafo de su redacción apenas como una evidencia más que anticipa todos los todo de los 104 estudiantes nota mil de los 5,6 millones de alumnos que hicieron la prueba ENEM en 2015: “Algo que contribuye con el enraizamiento de la noción de inferioridad de la mujer en la mente de los brasileros y, por lo tanto, para la persistencia de esa violencia es la representación femenina en los medios. Incluso en 2015, los comerciales de cerveza, por ejemplo, reducen la figura de las brasileras a objetos sexuales….” y toda la perorata de siempre que ya te imaginarás. No me he tomado el trabajo de ir a buscar a Ana en Facebook, pero es probable que me la encuentre de otra manera, con otros mensajes y metamensajes, ¿no crees? Incluso en la forma, el estereotipo se impone con los “por lo tanto” y los “por ejemplo”, debidamente entrecomados, que evidencian la corrección de la redacción de molde.

Nadie escribe así. Nadie aprende a escribir así. Nadie debe escribir así.

En el molde también está incluida la moderación ideológica, claro está. Es conveniente para la nota ser un 25% de osado y un 75% de centrado y con una cuota alta y explícita de lugar común.

La redacción de Ana (similar a las de otros millones) recoge una plantilla estándar que también formatea la palabra de los profesores en la escuela y define la “voz” de los libros de texto. No importa ahora, aquí, quién determina a quién; me interesa más destacar el carácter homogéneo del ecosistema educativo y su fuerte consistencia. Es una voz neutralizada para parecer objetiva y representar lo mejor posible el imaginario social de la verdad y la ponderación; es moralmente pacata; es una voz deseosa de informar más allá del poco valor que esa información genere (ejemplo arquetípico de esto es el comienzo de la redacción de Ana, con ese giro que nos informa que Simone de Beauvoir es una “pensadora francesa”. Se trata de una información innecesaria, blanda, débil, estereotipada y descontextualizada, como casi todas las informaciones que circulan en los medios educativos); es una voz pasteurizada y sobre ordenada –que es contenida y es artificial- que se parece mucho a la de los presos rehabilitados, los locos estabilizados con un buen coctel de fármacos, los alumnos de la primera fila, los maestros de ceremonia de eventos escolares o sindicales y muchas otras voces sociales más. Una voz con un toque patético. Hablar para que no se note quién habla.

La escuela, en suma, reduce la escritura a la redacción. Y otra vez parece no darse cuenta de que las destrezas que pregonan para hacer eficiente la redacción, en rigor de verdad están matando el potencial creativo, estético, expresivo y comunicativo de la escritura en ciernes de cada uno de esos millones de adolescentes. A la redacción se le responde con la ejecución concienzuda de unas normas; a la escritura, con la iluminación, la cadencia, el ritmo y el peso, la intensidad y el sentido de lo que se está escribiendo. La escuela le quita todo lo que de complejo y profundo tiene la escritura (igual que a la palabra en general). El aparato educativo está asesinando la criticidad vital de sus alumnos en nombre de un estereotipo deleznable de crítico racional.

Y no se da cuenta.

Sé que hay lectores que no necesitarán más ejemplos, sea para concordar o para discordar de mi; pero también sé que hay mucho otros que sí. Para ellos van estos otros extractos de redacciones ENEM en Brasil, ahora sobre el tema “La publicidad infantil puesta en cuestión en Brasil”.

“En primer lugar, nótese que las propagandas volcadas al público joven pueden influir en los hábitos alimenticios, pudiendo alterar, en consecuencia, el desarrollo físico y la salud de los niños.”

“Además, (el gobierno) debe multar a las empresas publicitarias que no respeten sus determinaciones. COM ese tipo de actos, la publicidad infantil dejará de ser tan prejudicial y los niños brasileros podrán crecer y desarrollarse de manera más saludable.”

¿Alguien reconoce en estas voces a la voz de un adolescente? Son dos redacciones diferentes, que parecen la misma. ¿No percibes un contraste infernal entre la voz adolescente que se manifiesta aquí y allá en cada espacio social y esta otra, estereotipada y servil? ¿No ves la pesada mano adiestradora del sistema instruccional y sus modelos evaluadores?

Es todo mentira. Es mentira lo que se dice y es mentira que el que escribe piense lo que dice. Pareciera que ni niño es o fue quién a los 17 años así escribe sobre los niños brasileros, como si fueran los coreanos o habitantes de marte. La disociación es total y el estereotipo, letal. No habla otro niño brasilero, habla un alien objetivado en su estereotipo fatal.

“Además, las escuelas podrían proporcionar talleres de nombre “Consumidor Consciente” en donde se diferencie consumo de consumismo, resaltando la verdadera utilidad y la durabilidad de los productos…”

“La planificación de la vida está en la forma como un país trata a sus niños”. La frase del sociólogo Gilberto Freyre deja clara la relación…”

¿No sientes el tedio?; ese mismo tedio que sentimos cuando leemos un diccionario, oímos al profesor de geografía o repasamos con nuestros hijos en el libro los temas para la próxima prueba de biología. El adolescente exigiéndole a la escuela un taller de “consumo consciente” me parece el súmmum y la evidencia final. Dejo, por lo tanto, a tu criterio el juicio.