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Aurelio Useche

En recuerdo a Pedro Pablo Azpúrua

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Cursaba el segundo semestre, en 1966, de Ingeniería Hidráulica II, cuando en una de las clases se presentó el profesor Francisco Aguerrevere en compañía del doctor Pedro Pablo Azpúrua, quien nos presentaría una visión de futuro de la Gran Caracas. En su exposición indicó que las poblaciones de los Valles del Tuy, como son Charallave, Ocumare, Santa Teresa, San Francisco de Yare, entre otras, se integrarían a la dinámica del área metropolitana de Caracas. Además, conversó sobre el problema del abastecimiento de agua a futuro de esa gran metrópolis que estaba en proceso de formación y que requería de la planificación. Para entonces, Pedro Pablo era comisionado del Ministro de Obras Públicas para el Estudio Integral del Tuy Medio, como se denominaba a esa importante región del estado Miranda.

La idea principal de la exposición fue darnos una visión del ejercicio de la profesión del ingeniero más allá del proyecto y el cálculo. Y sobre todo de cómo debían enfrentarse los problemas del crecimiento económico y de la infraestructura. En esa época Venezuela era uno de los países de mayor dinámica económica, con un proceso acelerado de urbanización y concentración de la población alrededor de las grandes ciudades.

Las circunstancias del ejercicio profesional, durante mis primeros años, dieron con el destino que me correspondería trabajar a su lado. Efectivamente, en enero de 1968 se organizó la Comisión del Plan Nacional de Aprovechamiento de los Recursos Hidráulicos, Coplanarh, y una oficina ejecutiva responsable de ejecutar los trabajos y actividades de la comisión, a la cual fui integrado como parte del equipo profesional. La idea, promovida por Pedro Pablo Azpúrua, Juan José Bolinaga, Francisco Aguerrevere y Arnoldo J. Gabaldón, la había tomado con seriedad el ministro Sucre Figarella, quien sentía por Pedro Pablo un gran respeto y admiración por su talento y brillantez profesional. Pedro Pablo fue el asesor principal de la comisión y, desde luego, su gran orientador. Coplanarh se fue convirtiendo verdaderamente en un centro de pensamiento, de discusión de ideas y enfoques que progresivamente se fueron uniendo, modificando, transformándose hasta llegar a la formulación del plan, en 1971. Pedro Pablo introdujo conjuntamente con los brillantes profesionales que formaban parte del equipo la concepción de un Plan Prospectivo de Estrategias.

Debido a su tenacidad y convicciones se logró que el plan fuese declarado mediante decreto presidencial –Rafael Caldera era el presidente de entonces– como el documento rector de la política hidráulica del país. De esta manera se hacía institucional y necesario continuar, de modo permanente, con las labores de planificación de la utilización del agua con un objetivo superior, cual era que las poblaciones y ciudades, así como los sectores de la producción agrícola e industrial manufacturera, tuvieran disponible las cantidades de agua para llevar a cabo sus actividades sin restricciones. Por ello, la consecuencia más trascendente del decreto era que el Estado se abocara a establecer una estructura institucional de administración de las aguas que permitiese el desarrollo futuro, sin limitaciones. Fue a partir de ese decreto cuando se tomó la iniciativa de hacer una Ley de Aguas. Y fue ese un reto para Coplanarh como institución, y para Pedro Pablo de manera personal.

Posteriormente se introduce en Venezuela la idea de crear un Ministerio de Recursos Naturales, la cual se aproxima a las ideas de crear una Autoridad Única de las Aguas. Coplanarh y, desde luego, Pedro Pablo se involucran en el tema de manera progresiva. Siempre dentro del concepto de una visión de futuro. La misma idea de un plan a largo plazo del enfoque prospectivo había estado inmersa en el tema institucional. Existía un sentimiento de frustración de algún modo, de que no se la había dado importancia política al tema, pero en realidad era que por primera vez en Venezuela se hablaba del largo plazo. Nos entrañamos en los problemas y conflictos que podían ocurrir con 30 años de anticipación. Y para los políticos reales ello no tenía el interés, entre otras cosas, por la cotidianidad de la actividad política que implica las realidades. Sin embargo, en el caso del agua, las decisiones de hoy repercuten inexorablemente en el largo plazo.

Era un admirador de España, como país y como pueblo. Siempre destacaba los avances de España en materia de aguas y por ese afán de hispanidad que lo caracterizaba entró en contacto con el Centro de Estudios Hidrográficos del Ministerio de Obras Públicas de ese país. Conversaba siempre sobre las bondades del Plan de Obras Hidráulicas de España y cómo se fueron construyendo y desarrollando el aprovechamiento de las aguas, en un país que tiene las regiones del sur escasas de aguas y las del norte con abundancia.

A principios de 1974 es designado Arnoldo J. Gabaldón ministro de Obras Públicas por el presidente electo Pérez. Y de seguidas nos participó que el presidente le había encomendado la creación de un Ministerio del Ambiente. Arnoldo nos sugirió que nos constituyéramos en equipo y solicitó que redactáramos, en muy breves páginas, un documento en el cual describiésemos las competencias de ese nuevo ministerio y su organización. Pedro Pablo y yo nos fuimos a su casa a trabajar ese documento, para poner en orden las ideas. Fue muy agradable discutir y ver cómo las ideas de Pedro Pablo fluían y lográbamos encontrar una expresión que fuese entendida por los políticos, y especialmente este documento que iba ser entregado en persona al presidente.

La creación del Ministerio del Ambiente implicaba la extinción de la vida institucional del Ministerio de Obras Públicas. Efectivamente, el ministro Gabaldón nos solicitó a Pedro Pablo y a mi persona cómo pensábamos que podría ser la estructura institucional que sustituiría al Ministerio de Obras Públicas. Y de este modo trabajamos unas ideas sobre este tema. Concebíamos tres nuevos ministerios: Ambiente y Recursos Naturales Renovables, Equipamiento Urbano y Transporte. Fueron esos documentos los puntos de partida para que se diese inicio al proceso de discusión y organización de esas nuevas instituciones. Pedro Pablo fue un factor fundamental en ese proceso, hasta que llegó la discusión al nivel de la dirigencia política, que introdujo modificaciones con algunas diferencias a nuestros planeamientos.

Un rasgo muy destacado era su formación humanística. Dominaba con certeza la historia de Venezuela, la influencia de sus personajes en cada etapa política. Era un permanente lector. Tenía una especial predilección por Augusto Mijares, quien para él era uno de los pocos pensadores de Venezuela y su conocimiento del modo de pensar positivo del venezolano

Se destacaba, además, su afán por escribir y dejar huella para que otros, las nuevas generaciones, encontraran caminos y senderos para la vida profesional y, sobre todo, para los futuros administradores públicos. Hay que tener en cuenta que Pedro Pablo tenía una gran vocación por el servicio público, en virtud de su importancia. Así lo demostró. Pertenecía a una generación en la cual la actividad pública era de primordial consideración.