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María Amparo Grau

El reciclaje de los altos cargos

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El reciclaje de los altos cargos en la forma aplicada en Venezuela es otra demostración de la pésima gestión de las instituciones del Estado en los últimos años e incluso, en algunos casos, prueba de la ausencia de una separación de los poderes públicos, principio cardinal de un Estado que se proclama democrático y de derecho, como lo hace el nuestro en la Constitución vigente.

El término reciclar puede en efecto ser entendido en unas de sus acepciones como el proceso de “dar formación complementaria a profesionales o técnicos para que amplíen y pongan al día sus conocimientos” o “dar una nueva formación a profesionales o técnicos para que actúen en otra especialidad”. Pero también se define como el mecanismo utilizado “para obtener materia prima por medio de desechos y que suele tener lugar cuando hay escasez de recursos naturales”. En este segundo sentido parece orientarse el reciclaje de los altos cargos en Venezuela, pues no hay formación complementaria alguna sino un simple cambio de posiciones por una decisión presidencial.

Es una práctica inusual el reciclaje, pero es una práctica errada hacerlo en la segunda de las acepciones; es decir, cuando el titular no sirve para el cargo y en lugar de desecharlo se le pone en otro y no por escasez de recursos, porque bastantes candidatos con credenciales pueden encontrarse, pero no cuando sobre la excelencia técnica debe privar la lealtad política o la amistad personal o la estrategia del mantenimiento del poder por encima de la búsqueda de la eficiencia de la gestión.

La política no puede distorsionar los principios de la organización, porque el fracaso de la organización lleva al fracaso de lo político. La buena política impone el respeto de los principios necesarios para el éxito de la gestión. Como en cualquier empresa, el reciclaje de gerentes fracasados en sus ejecutorias en una actuación que nadie que apueste por el éxito de la misma aplicaría.  Poner en los altos cargos administrativos funcionarios sacados de otros en los que la gestión ha sido fallida es indolencia pura, implica el que no importa a quién, así procede que la organización alcance sus fines, y en materia de administración pública tales fines son la satisfacción de los intereses de la sociedad a la que esta supuestamente sirve.

También el reciclaje de los altos cargos ha puesto en evidencia el claro irrespeto que por el principio de separación de los poderes ha existido en estos tiempos de la llamada revolución bolivariana. No hay separación de los poderes cuando el fiscal general de la república se recicla para pasar a ser vicepresidente, ni cuando el presidente del Consejo Supremo Electoral se recicla para pasar a ser magistrada de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia y menos aun cuando el presidente del Consejo Supremo Electoral en funciones durante la celebración de un referéndum revocatorio de presidente de la república se recicla en fecha muy cercana al término de este para pasar a ocupar el cargo de vicepresidente de la república.

En días pasados en un programa de televisión en España una periodista discutía con el muy conocido cantante Bertín Osborne sobre Venezuela y le decía que este debía reconocer que era un buen modelo de democracia. También le apostó 1.000 euros si se encontraba una frase en la que Pablo Iglesias, el nuevo eurodiputado del partido Podemos, alabase al presidente Chávez. La periodista perdió tal apuesta.

Y es que provoca apostarles a todos quienes se refieren a la existencia de una democracia en nuestra Venezuela de hoy, si existe en alguna de sus democracias un reciclaje de cargos entre poderes que se suponen independientes.