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Ana María Matute

La más querida

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I
Durante el año escolar funcionaba algo que se llamaba Sociedad Bolivariana. No, no hablo de estos años de revolución rojita, sino de cuando yo estaba en el colegio.

Con apenas 13 años de edad, pertenecía al grupo que dirigía el profesor de Educación Cívica. Tampoco es un invento chavista, porque los chavistas no son capaces de inventar nada, más bien copian y mal, y ese es el objetivo de este artículo, malas copias.

Al final, para celebrar el cumpleaños de Simón José Antonio, hacíamos una obra de teatro. El colegio era de monjas y de niñas solamente. Pero los salesianos tenían una réplica para muchachos. El caso es que nos juntábamos en la Sociedad Bolivariana (muy conveniente para los adolescentes y la verdadera motivación).

La obra de ese año no era diferente a las demás: eventos importantes en la vida de Simón José Antonio. En el acto final el muchacho que hacía del protagonista estaba en una especie de pedestal y el narrador decía, a modo de conclusión, que había liberado a cinco países hermanos: “Y mientras la Gran Colombia era su obsesión (salía mi amiga Marisela vestida con una túnica blanca) , era Bolivia la que más quería (yo era Bolivia).  Fin de la obra, abajo el telón.

II

Me temo que Mariana se vuelva como la “Trinita” de mi querido Pedro León Zapata. Pero hablo aquí de lo que me motiva a escribir sobre las malas copias. Una de ellas, como siempre, es Mariana.

Mi hija tiene una amiga que es como su hermana. De esas que conseguimos en la temprana juventud y que nos seguirán acompañando por el resto de la vida. La madre de esta hermosa muchacha es boliviana. Una vez que se graduaron, volvieron a su país después de vivir muchos años en Venezuela.

Su madre me lo dijo hace unos días, que vinieron de vacaciones: “Rezo todos los días porque este país salga de este problema, porque amo mucho a Venezuela”.
Ella cuenta que Bolivia está mejor que nosotros, a pesar de la mala copia que quiere hacer Evo Morales de lo que trató de implementar su adorado Hugo Chávez.

III

Recuerdo a Evo Cuando venía a visitar a Chávez. Venía muy frecuentemente. Chávez siempre contaba que Evo le traía pasta de coca y que él la consumía con frecuencia.

No entiendo la admiración que siente el presidente de Bolivia por el fallecido, no veo que haya nada que admirar. Pero lo cierto es que a mí Morales me ha sorprendido con algunas medidas que ha implementado en su país. La mayoría guiado por un nacionalismo enfermizo, casi nazista. Eso de sacar a todos los restaurantes de comida rápida, de hablar mal de las bebidas gaseosas.

Pero ahora entiendo que es algo más profundo. Evo Morales es un satélite que gira alrededor de Fidel Castro y, como él, entendió que la fuente de financiamiento para sus planes estaba aquí, en Venezuela.

Como fiel seguidor de la dupla Fidel-Chávez, en 2009 modificó la Constitución para perpetuarse en el poder. Los opositores afirman que persigue a quien le lleva la contraria. La emprendió contra los gobernadores que no siguen sus mandatos y no respeta los derechos humanos, además de que en todas las instancias de gobierno prolifera la corrupción al mejor estilo maduchavista.

Dicen que Evo Morales no cuenta con más de 25% de aprobación. Sin embargo, están mejor que nosotros, y debe ser por lo que me dijo la mamá de la amiga de Mariana, porque hay instituciones que aún funcionan.

Yo solo espero que sea verdad, que los bolivianos no se dejen arrastrar al abismo del socialismo del siglo XXI, no solo porque Bolivia era la más querida de Simón José Antonio, sino porque somos pueblos hermanos.