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Pedro Llorens

Aún queda dinero para comprar los quereres

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El peso argentino se hundió como plomo en el verano austral y estremeció las bolsas de las naciones que tienen fuertes inversiones en el país, la de Madrid por ejemplo, mientras la cocotte presidenta adelantaba su viaje a La Habana para participar en la cumbre de sus compinches de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, que muy poco podían hacer por ella: faltaba el socio capitalista, el oligarca, el dueño de los reales, de villas y castillos, el mandamás después de Dios, dijo y se cansó de repetir el psicópata supremo, o “gigante supremo”, según prefiere Bigotón Pánfilo, que –dicho sea de paso– va por el mismo camino sin darse cuenta de que otro psicópata, el de los ojitos que le gustaban a Corazón de Mi Patria, se le atraviesa en el camino y declara por él para desconocer el derecho de manifestar: “Vamos a actuar con mano firme contra los que cierran las vías”.

Algo, sin embargo, habrá logrado sacar la muñeca brava a la que, como dice el tango, “se le acaban los brillos y el rango”, al menos con el Bigotón que aún no ha aprendido a decir ¡no! de una buena vez (¿cómo decirlo a una buena amiga del comandante eterno?), pero no tanto como hubiera sacado a Corazón de Mi Patria (con todos los presentes en la reunión habanera jugó al imperio), durante catorce años empeñado en llevarle la contraria a Manolo Escobar y demostrar que sí hay en el mundo dinero para comprar los quereres.

Entretanto, el hermano del chulo mayor (vividor, mantenido, y no confundir con el significado que dan en México y Centroamérica: guapo, bien parecido, o el que dan en España: personaje popular, afectado en el habla y en el caminar), representante de un país que cumple 55 años de vivir de consignas y de la gloria (o la vergüenza) de una revolución que pudo haber sido y no fue, se abre a la inversión extranjera y ofrece colaborar con los países capitalistas, incluido Estados Unidos, en la persecución de terroristas, Al Qaeda y el Talibán entre otros, con la congelación de los fondos que tienen en la isla.     

La resolución aprobada reafirma el principio de “no intervención en asuntos internos de otros países”, lugar común ya gastado en el lupanar en que la cocotte y sus panas han convertido este continente.

 pllorens@el-nacional.com