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Rodolfo Izaguirre

Entre pupitres y caballos

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Hace años, mientras almorzaba con varios amigos en el restaurante Gallegos de la esquina del Muerto uno de ellos, con osadía y atrevimiento, interpeló a uno de los comensales junto a nuestra mesa: “¿Tú no eres Noguera? ¿Uno que no servía para nada en el bachillerato?” Recuerdo aquel momento porque se tocó un asunto particularmente atractivo: ¡cómo se labra uno mismo su propio destino, su propia desgracia o felicidad y en este caso, la propia gloria! El hombre, vestido con buen gusto, sonrió y asomó el encanto de una sencilla y serena personalidad capaz de reconocer su inutilidad liceísta porque dijo que sí; que él era Domingo Noguera Mora. ¡Yo no podía creerlo! ¡Tenía frente a mí a una gloria venezolana; a Noguerita, a El Pavo Noguera, el famoso preparador de caballos! Reconoció que no le fue del todo bien en los estudios porque estando el liceo Aplicación cerca del hipódromo de El Paraíso sintió más atracción por los caballos que por los pupitres.

El relato de Noguera me cautivó porque en mi niñez llegué a presenciar en el frío amanecer los traqueos en ese mismo Óvalo, que es como llaman los cronistas hípicos al Hipódromo. Cada uno traza el camino de su vida y a diferencia de Noguera preferí los pupitres. En las películas, los aristócratas ingleses prefieren a los caballos. La niña intenta abrazar a la abuela y ésta la reprende: “¡Pamela!, recuerda que somos ingleses. Sólo acariciamos a los perros y a los caballos!” y pienso en Carreen (Ann Rutherford), la hermana pequeña de Scarlet O´Hara en Lo que el viento se llevó, que apareció en westerns de Gene Autry. “¡Fui la primera y única mujer a la que Autry besó, porque siempre dedicaba su amor a los caballos!”

Lo sorprendente del relato de Noguera fue que, según dijo, Guillermo Meneses le consiguió una beca para estudiar Hipología Veterinaria en Buenos Aires. Nunca supe qué tenía que ver el Guillo en esta historia de caballos; el hecho es que Noguera en los años sesenta comenzó a obtener triunfos como preparador y ganó en el año 66 el Clásico Internacional del Caribe con el caballo Victoreado conducido por Gustavo Ávila en el hipódromo El Comandante, en Río Piedras, Puerto Rico. A partir de entonces consolidó su prestigio de ser o haber sido el mejor preparador de caballos en el hipismo venezolano. Noguera murió en abril de 1999 por fractura de cráneo al caer cuando entraba a su casa.

Eran tiempos de gloria en los hipódromos venezolanos y La Rinconada, como sede principal, alcanzó nombradía mundial por el trazado de su pista y la perfección, modernidad y elegancia de sus instalaciones. ¡Sus jardinerías fueron diseñadas por Roberto Burle Marx! El mejor testimonio visual de lo que afirmo es el documental Días de carreras que realizó Alejandro Bellame en 2008 para la colección Cine Archivo que dirige Carlos Oteyza.

Al parecer, son glorias de la Cuarta República porque en la hora actual hay protestas y desacuerdos laborales y uno de los mejores jinetes de los últimos tiempos en Venezuela afirmó que le preocupaba la inseguridad que reina en La Rinconada porque todo está en pésimas condiciones y el futuro de la hípica en el país es incierto. Protestan los damnificados que malviven desde hace cuatro años en una de las tribunas; hay dopajes que ponen en riesgo la vida de los caballos pura sangre; mafias y manejos turbios en las apuestas porque el oleaje delictivo también corre por la pista de La Rinconada y algunos preparadores están pensando en abandonar el país.

De manera que también sobre La Rinconada, no obstante el prestigio, alegrías e ilusiones que suscita su nombre, pesa un terrible malestar. Los pupitres y el avanzado deterioro de las escuelas públicas son otras lacras del chavismo pero ¿qué va a pasar ahora con los caballos?