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Ismael Cala

El puente hacia la felicidad

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La mayoría de los habitantes de un pequeño caserío, a la orilla norte de un río, trabajaba en la orilla sur. Estaban obligados a atravesar la corriente en pequeñas embarcaciones varias veces al día, para ir al trabajo y trasladar sus producciones hacia el mercado más cercano.

Entonces, a un joven se le ocurrió construir un puente de madera. Nadie lo apoyó. "No vivimos mal", le decían. Sin embargo, el joven y un par de amigos iniciaron la obra. Trabajaron duro más de dos años, terminaron el puente y comenzaron a utilizarlo.

¡Cuánta sorpresa para los vecinos! Al mes, ya los jóvenes triplicaban sus ganancias. El puente les hacía expedito el camino, los productos fluían más rápido hacia el mercado. Los vecinos decidieron, entonces, utilizar también el puente. Los jóvenes, por supuesto, cobraron peaje, incrementaron sus ganancias, construyeron otros puentes, triunfaron y se convirtieron en empresarios de éxito, mientras, la mayoría de los vecinos seguía "sin vivir mal", pero también sin vivir mejor.

La visión emprendedora del joven y de quienes lo siguieron pone a las claras la necesidad de proponerse nuevas ideas, ser optimistas, trabajar, perseverar en abundancia, en pro de los sueños, como sugiere el maestro Deepak Chopra. Nunca dejarse dominar por esquemáticos paradigmas, ni por el miedo a lo nuevo.

Es imprescindible romper pensamientos limitantes. No debemos aceptar esquemas que, por muy establecidos que estén, confinen nuestra mente. No debemos imitar ejemplos ni conductas que detengan nuestro andar por la vida. Los vecinos del caserío no pensaban así. Por eso siempre seguirán siendo lo que son.

Es normal que sintamos temor cuando iniciamos una nueva propuesta. Siempre está latente la posibilidad de un fracaso, pero si proyectamos bien, si perseveramos, si ese miedo –ya vencido– lo convertimos en mesura y paciencia, saldremos adelante. Cada aparente fracaso se convierte en una nueva lección.

El conformismo acomoda e inmoviliza. Muchas veces está motivado por el temor al cambio, a lo nuevo, y es uno de los flagelos más lacerantes del florecimiento del espíritu humano. Conformarnos nos despoja de los motivos para vivir, nos arrastra a la autocomplacencia y a la mediocridad. Conformarnos nos quita todo afán de enfrentar los obstáculos de la vida y de luchar por nuestros sueños.

Piensa, desea, lucha… ¡nunca te conformes! Esa es la fórmula que descubre el verdadero camino del éxito. Ése es nuestro ideal "puente de madera", el que nos hará más expedito el camino hacia el triunfo y la felicidad.

www.IsmaelCala.com