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Sergio Dahbar

Lo que no se puede tener

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Los periodistas se pasan la vida tras la nota del marciano que los saque del aburrimiento de una vida en la que las noticias extraordinarias son tan escasas como la felicidad.

 Encontrar un alienígena y además conseguir que hable no resulta tarea fácil.

Curiosamente, los colegas argentinos no descubrieron un extraterrestre, pero sí se toparon con un físico puro tan inteligente como ingenuo.

Y ese hombre escondía una gran historia. Empecemos por el final.

Paul Hogart Frampton, investigador de cosmología y la naturaleza intrínseca de la materia, mejor conocida como la física de las partículas, tiene 68 años de edad, posee un puesto de trabajo respetadísimo en una universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos, y hoy se encuentra preso preventivamente en la cárcel de Devoto, en Buenos Aires.

Frampton duerme en una celda común con 40 presos, se queja de la calidad de la comida; de las chiripas que acosan su cama; de la imposibilidad de navegar en Internet; de la severidad de la justicia que le impide esperar el juicio en libertad; y del frío que castiga sus huesos a una edad que comienza a pesar.

 Los médicos que han tratado a Frampton, así como amigos y su ex esposa, reconocen que el físico padece un trastorno esquizoide de la personalidad.

Esta singularidad le impide mantener relaciones normales con otras personas. Pueden ser muy brillantes en un área que no resulte afectada por la afectividad y las habilidades sociales.

Desconocen la complejidad del mundo y eso los convierte en seres vulnerables, como si se tratara de un niño, o como algunos colegas físicos han alegado: Frampton es como Don Quijote, no sabe reconocer la diferencia entre la realidad y la ilusión.

Por eso se encuentra en la cárcel de Devoto, con una posibilidad cierta de ser condenado a 16 años de prisión después de que los policías del aeropuerto de Ezeiza descubrieran en una de sus maletas, en apariencia vacía, un doble fondo con 2 kilos de 80 gramos de cocaína; es decir: con 18.000 dosis.

Lo impresionante es cómo llegó esa maleta a las manos de Paul Frampton.

Cuando este científico no estudiaba, se dedicaba a buscar amigos en Internet.

Así dio con www.mate1.com. Allí nuestro distinguidísimo profesor conoció un avatar que tenía la forma de una modelo checa, Denise Milani, portadora de unos senos descomunales.

 Aquello fue amor al primer click. Descubrieron que eran uno para el otro. Milani confesó que deseaba conocer a un hombre maduro e inteligente.

Y le ofreció a Frampton pasaje, hotel y dinero, para que viajara a un sitio exótico donde podrían mirarse a los ojos sin necesidad de una pantalla. El periplo fue largo y enredado.

 Frampton viajó de Carolina del Norte a Toronto, donde descubrió que el pasaje lo habían cancelado con una tarjeta de crédito pirata.

Al final llegó el pasaje y lo envió a Santiago de Chile. Allí previsiblemente perdió la conexión a Bolivia. Finalmente, exhausto, llegó a La Paz, que fue un infierno. Encerrado en un hotel miserable, Frampton esperó 10 días a Denise Milani, que nunca apareció ni le mandó un mensaje.

 Llegó sí un agente de Milani, que se disculpó, le entregó la maleta y le rogó que se la llevara a ella, quien lo aguardaba en Bruselas.

En la conexión de Buenos Aires, mientras esperaba transbordo para subirse al avión que lo llevaría a Bélgica, oyó su nombre en los altoparlantes.

 Y su suerte se desvaneció como una partícula elemental. El físico tuvo oportunidades de advertir que todo este periplo era extraño y que lo conduciría a un final decepcionante. Pero quiso creer que encontraría lo que no tenía.

Milani se convirtió en la ilusión de una aventura que Frampton nunca conseguiría en las aulas de un aburrido campus estadounidense. Tres premios nobel de física han solicitado por escrito que rebajen su pena, pero la justicia argentina que maneja las condenas relacionadas con las mulas es implacable.

Las universidades argentinas pidieron que lo dejen libre para que enseñe lo que sabe en sus aulas, pero nadie toma en cuenta esas peticiones.

 Frampton perdió el puesto de profesor que tenía en Carolina del Norte y puede quedar en la calle. Lo sabe, pero ve la realidad desde un lado curioso.

El día 137 de su encierro le confesó una casualidad a un periodista: "Ese número es famoso para la física. 1 sobre 137 es la carga eléctrica sobre un electrón".

 Quizás esa sea una manera científica de encarar una tragedia de proporciones cósmicas. Quien sabe.

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