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Eduardo Vásquez

¿Se puede asesinar a un país?

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Ya dijimos que el asesino dictador cuenta a su favor con los hombres de un solo libro y también los innumerables miembros que le permiten penetrar todos los sectores de la sociedad, como explicaba Etienne de La Boetie en su tratado sobre la servidumbre voluntaria. Estos dos componentes le dan un enorme poder al que aspira a dominar totalitariamente. Tiene a su favor tropas de choque adiestradas para matar. Hitler, el gran maestro, formó sus escuadrones de protección (los SS, esto es los Schutzstaffell), los escuadrones de asalto (Stosstruppen).

Aquí tenemos los llamados colectivos, que cumplen la misma función para defender al régimen totalitario. Aquí tenemos también, como explica Ian Kershaw (Hitler, Tomo I, pág. 430, Flammarion 1998) la misma “aspiración a la autoridad y la mentalidad subalterna, ampliamente expandidas entre los que apoyaron al movimiento nazi desde su comienzo”. Y también como dice Kershaw: “El establecimiento del culto al Führer fue una etapa decisiva en el desarrollo del movimiento nazi… sin ello habría sido destrozado por las fricciones”. Desde que surgió aquí, sostuvimos que esto, como el nazismo, era un totalitarismo. Se me observó que no había aquí campos de concentración.

El totalitarismo, para realizarse, adopta diversas modalidades. ¿Qué hace un campo de concentración? Deja los ciudadanos sin derechos. Esto lo hizo Chávez acabando con el Poder Judicial, al convertirlo en una institución miembro de su poder. Y también la famosa lista Tascón. Ello realiza la misma función que los campos de concentración, despoja a los ciudadanos de su condición de tales. Los convierte en simple carne viva. De allí su admiración por Castro, el mar de la felicidad, el mayor campo de concentración de Suramérica.

Este régimen tiene todas las propiedades del régimen nazi. Y las propiedades (o determinaciones) hacen al sujeto. Viene a propósito lo que respondió un obispo cuando le preguntaron si creía que el régimen de Castro era un régimen comunista. Respondió: “Si veo un animal que tiene pico de pato, patas y alas de pato, camina como pato, tengo que decir que es un pato”. Seguramente el capitán Cabello podría enumerarnos cuáles son las determinaciones que convierten a la oposición en fascista. Quedan excluidas determinaciones como estas: “No me quieren”, “no aceptan el programa del gobierno”, “exigen que se cumpla el derecho de criticar”, “rechazan la impunidad para los matones del gobierno”, “pues ellas son propias de los demócratas”.

Viendo que lo único que sabe es repetir como un loro la misma palabra tenemos derecho de preguntarnos qué aprendió en la academia. Sus compañeros deben sentir vergüenza por esa incapacidad. Su método de aprendizaje fue el de psitacismo, esto es, repetir como un loro para memorizar. Reconocemos que hay que acudir a autores del pasado para comprender el presente. Seguimos a Quevedo quien recomendaba leer el presente con los ojos de los difuntos. Y también que somos enanos, pero vemos mejor cuando nos montamos en el hombro de un gigante.