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Nelson Rivera

Libros: Nikos Dimou

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En total, 193 frases o textos breves componen este libro de título incitador: La desgracia de ser griego (Editorial Anagrama, España, 2012). Poca cosa se dice allí de su autor, Nikos Dimou (nacido en Atenas en 1935), quien habría escrito “ensayos que van de la filosofía a la teoría política, sátiras y poesías”. Lo que los editores llaman aforismos sólo es atribuible a unos pocos: la gran mayoría son breves comentarios que afirman o insinúan, cuando se encadenan con los anteriores o los siguientes (por momentos se tiene la sensación de que un artículo sobre qué significa ser griego fue despostado en piezas breves para su exhibición en este librito-vitrina).

Tiene algo de panfleto: elocuentes afirmaciones que se refieren a asuntos de interés común: “Axioma: los griegos hacen lo que pueden para agrandar la brecha entre deseo y realidad”. Dimou se propone rebanar en porciones de pocas palabras, nada menos que algunos elementos que serían determinantes y configuradores del carácter de los griegos de nuestro tiempo: “Viven dos veces por encima de sus posibilidades. Prometen el triple de lo que pueden hacer. Pretenden saber el cuádruple de lo que saben. Sienten (y se sienten) el quíntuple de lo que verdaderamente experimentan”.

Que un librito (el fuelle de sus editores ha hecho posible que lo que no da para más que un folleto adquiera un cuerpo de cien páginas) publicado en 1975 regrese ahora a las estanterías, se inscribe en la pragmática reduccionista y efectista de nuestros tiempos: alguna frase feliz, algún dardo cuyo vuelo emite alguna luz durante su vuelo y no más: Dimou es un pensador que no logra escarbar más allá de un primer enunciado (cierto descaro editorial permite que en la contraportada algún redactor anónimo lo compare con Gore Vidal).

Dice el fragmento número 49: “Cualquier pueblo que descendiera de los antiguos griegos sería automáticamente desgraciado. A menos que pudiera olvidarlos, o superarlos”. Dejemos ahora el truco barato que supone el uso de la palabra “automáticamente”, para atender a la cuestión de fondo: Dimou no añade ni una idea más, salvo la tensada en la doble derrota de no poder olvidar ni superar la grandeza de la Grecia clásica, sobre lo que significa en la cultura de los griegos de hoy el formar parte de una tradición que se remonta a Sócrates y Jenofonte, Sófocles y Esquilo. Y es aquí donde La desgracia de ser griego podría asumirse como una paradoja: y es que el sujeto en plural que el libro denuncia (los griegos) se refiera de modo exclusivo al propio Nikos Dimou, él mismo incapaz de pensarse como parte de la tradición griega, lo que lo ofende y perturba y le anima a redactar un panfleto que alcanza la fortuna de editarse, reeditarse y ser traducido por un sello como Anagrama.