• Caracas (Venezuela)

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Eduardo Semtei

Entre protestas os veáis

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Ciertamente que los programas sociales, especialmente el Adulto Mayor y el de la Misión Vivienda, le dieron al presidente Chávez una cierta ventaja electoral. Se calcula que alrededor de 800.000 personas de la tercera edad fueron beneficiadas con las pensiones de vejez entre 2006 y 2012, y que al propio tiempo cerca de 2,5 millones de familias se inscribieron esperanzadas en los listados de aspirantes a recibir en forma gratuita una vivienda; que no le estaban dando papeles de propiedad, nuestros argumentos desde la oposición, al final no resultaron tan convincentes, pues la posibilidad de que una familia sea desalojada de un larcito que le haya sido asignado es prácticamente imposible. Siendo cautelosos y prudentes en el cálculo de cuántos votos le generó al Presidente este par de iniciativas, no podemos bajar la cifra de cerca de 2 millones, el número aproximado de su crecimiento electoral.

Me contaba un amigo especialista en psicología social que la clase media en general suele comprar sus viviendas en planos, así que si los sectores más humildes compraron la esperanza de una vivienda no en planos, sino con las estructuras visibles y además en forma gratuita, al contrario de la clase media que deposita una inicial, es tan comprensivo lo uno como lo otro. Pero una vez capitalizados electoralmente los programas y evaporado su efecto multiplicador, la realidad emerge con más fuerza.

Ya no es la incertidumbre sobre la desaparición de Chávez, quien no sólo no ha apoyado para nada a sus pobres y tristes candidatos, digamos los que quedan, pues, como se sabe, el Mandamás siquitrilló a los aspirantes en Mérida, Trujillo, Anzoátegui, Cojedes y Guárico, y quedaron pendientes los nominados para Lara y Bolívar; un Presidente que no asistió a la XXII Cumbre Iberoamericana sin que se sepa las razones; por cierto, tampoco envió a nadie importante. Una desaparición que obviamente estimula el pensamiento colectivo de que al hombre le retornó la enfermedad con más fuerza que antes y, por lo tanto, anda apurado tratando de hacer una constituyente que permita la herencia de la primera magistratura por parte de la Vicepresidencia, en este caso para Nicolás Maduro.

Pero, en todo caso, lo que es el objeto de este artículo es la evidencia que está mostrando la terca realidad de que la protesta por el desastre del Gobierno nacional se ha iniciado para no detenerse hasta que haya un cambio de gobierno. Protestan los vecinos por la inseguridad, por la matazón; protestan los policías por los malos sueldos, por la humillación a que son sometidos por los altos funcionarios; protestan los estudiantes por el pasaje estudiantil, por los malos comedores, por la falta de libros en las bibliotecas, por locales inadecuados; protestan los damnificados por el interminable tiempo que tienen en refugios insanos y en hoteles de mala muerte; protestan en las zonas humildes por falta de agua, por basura acumulada, por ausencia de cloacas, por calles rotas; protestan los camioneros y taxistas por el asesinato consuetudinario de sus colegas y por las malas vías; protestan los pacientes por falta de medicinas en los hospitales, por malas camas, malos servicios, ausencia de médicos especialistas; protestan las amas de casa por la inflación, la carestía, el desabastecimiento; protestan los obreros de Guayana por el engaño, por la falta de contratación colectiva, por malos sueldos y peores condiciones de trabajo; protestan los vendedores ambulantes y miembros de la economía informal; protestan los curas, los protestantes, las minorías sexuales, los profesores universitarios, los médicos, las enfermeras, en fin de cuentas, una protesta que llegó para quedarse hasta el mismísimo final del que te conté.