• Caracas (Venezuela)

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Henrique Salas Römer

La protesta es indetenible

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Los procesos de la naturaleza son circulares.

Una fuerte lluvia se hace sentir allí, donde ocurre la precipitación, pero también a distancia, cuando las aguas al correr riegan sembradíos o generan inundaciones… antes de cerrar el círculo, evaporándose para convertirse de regreso en nube.

La quinta disciplina de Peter M. Senge demuestra cómo organizaciones, trátese de una empresa o un país, pueden convertirse en estructuras de aprendizaje. Todo comienza por comprender que los procesos son en efecto circulares. Veamos un caso sencillo.

Un ejecutivo que trabaja en exceso, regresa a su hogar estresado y decide tomarse un whiskey. Sus tensiones rápidamente desaparecen. La noche siguiente repite la experiencia y la sensación de alivio y bienestar no tarda en regresar. Se siente feliz. Cree haber dado con la solución… pero no es así. Construyendo ese segundo proceso circular, el trago que ingiere al final de cada día ha ocultado transitoriamente el síntoma, pero la causa sigue allí.

Toda estructura de aprendizaje realiza análisis sistémicos para tener a mano, ante contingencias previsibles, un menú de opciones que van desde las más complejas hasta aquellas que, como en el caso de nuestro ejecutivo, proveen soluciones transitorias.

La situación por la que atraviesa Venezuela se presta a un análisis sistémico. Abreviemos porque el espacio apura. La protesta es un obstáculo serio que entorpece el avance del proceso “revolucionario” y los intentos del régimen por reprimirla han fracasado.

De allí que recurra al diálogo, vale decir, a un sabroso escocés, para aliviar las tensiones, regresando “al día siguiente”, como nuestro ejecutivo, a continuar, en su caso, con la tarea revolucionaria.

Pero todo tiene su límite. El reto es superior a sus fuerzas. Hablo de la inflación desbocada, la escasez, la inseguridad, el desempleo, el deterioro financiero, las constricciones a la libertad de expresión; hablo de la violación de los derechos humanos, de la corrupción, de la creciente resistencia a la indoctrinación escolar. De allí se alimenta la protesta.

Si bien el régimen tiene el poder, el momento luce claramente en su contra. Según el “tracking poll” de IVAD, 57% de la población la considera legítima por ser reflejo del malestar que por doquier se respira. Otras cifras le otorgan legitimad adicional a la protesta. De 148 países analizados por el Foro Económico Mundial, la rica Venezuela aparece de última en Suramérica, y mundialmente a sólo 14 peldaños del último lugar.

Al margen del diálogo que el régimen ha propiciado, y el alivio transitorio que este le proporciona, la crisis se sigue profundizando. Se trata de un vigoroso proceso circular, circular y autosustentable. La protesta, acosada por los amigos del whiskey, luce indetenible.