• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Henrique Salas Römer

La protesta y la guerra

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El cambio viene y viene pronto.

A tres meses de la muerte de Mónica Spear, cuyo horrendo asesinato preparó emocionalmente la escena para todo lo que vendría después, la estrategia adoptada por el régimen para combatir la protesta se ha reducido a dos iniciativas: plomo y paz.

La dimensión de las manifestaciones tomó a muchos por sorpresa. Los estudiantes tachirenses debieron sorprenderse al ver cómo Mérida también se encendía, y ambos, al observar que, como lava de un volcán en erupción, la protesta bajaba las pendientes y se extendía a toda la nación.

Aún más sorprendidos fueron gobierno y oposición. Tanto que Maduro sin pensarlo apeló a la represión armada, mientras el liderazgo opositor, rebasado por el ímpetu del estudiantado, se veía atrapado entre la posición de Leopoldo y María Corina, montada en la ola de descontento, y la posición de Capriles y de algunos jefes partidistas más dados a un entendimiento.

Luego de que la represión produjera una docena de víctimas, Maduro llamó al diálogo. Fue allí, en Miraflores, cuando se agregó a la primera P, “plomo”, una segunda, “paz”.

Por tratarse de un régimen de orientación militar, recurramos nuevamente a Clausewitz: “Para alcanzar el objetivo (ganar la guerra), hay que desarmar al enemigo, y este desarme constituye, por definición, el propósito específico de cada acción militar: reemplaza al objetivo y en cierto sentido prescinde de él, como si no formara parte de la propia guerra”.

La represión oficial y el llamado a la paz lucen, en este caso, contradictorios, pero su fin ha sido el mismo, “desarmar al enemigo”.  Digámoslo sin rodeos.  Maduro busca el diálogo no para ceder sino para desmovilizar la protesta (desarmar). Pero las cosas se complican.

La reciente liberación de precios para frenar el desabastecimiento ha sido un golpe bajo al salario del consumidor. De allí en parte la decisión de destituir a dos alcaldes, extender la prisión a Leopoldo, defenestrar a María Corina... Se trata de una maniobra de distracción, dirigida a cubrir el flanco débil del régimen, sirviendo de mampara mediática a los embates de la inflación.

Su objetivo empero sigue siendo el mismo, someter al país… pero su situación es precaria. Precaria para el régimen y para la subsidiada Cuba también.

No es una aseveración sin fundamento. ¿Si bases sólidas tiene el gobierno, por qué Maduro guardó un absoluto silencio cuando Cisneros pidió la mediación del Vaticano? Esa pregunta se la han hecho sus propios partidarios. Les asomo una posibilidad. Bill Clinton en sus memorias, recuerda cuando, en medio de una crisis, Fidel recurrió a un influyente “ciudadano común” para hacerle llegar una explicación.

Sesenta días han transcurrido desde la primera llamarada. La protesta sigue viva y Maduro ha perdido mucha legitimidad. Para complicar su situación, con la escalada de precios, el malestar va creciendo.

El cambio viene y viene pronto… se aproxima un nuevo amanecer.