• Caracas (Venezuela)

Opinión

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La sola opinión de los especialistas acerca de lo que podría ser el comportamiento de la economía venezolana en 2013 es motivo más que suficiente para alarmarse en relación con lo que, por consiguiente, nos depara la toma de decisiones por parte del oficialismo y las posturas que frente a éstas adopte la oposición; es decir: de lo que nos depara la política para el año que apenas comienza. Porque, si a las sombrías predicciones de los estudiosos e investigadores, las cuales se fundamentan en el disparatado proceder de quienes, a lo largo del año que recién termina, gestionaron los ingresos provenientes del petróleo con criterios electoralistas, poco o nada previsores, y elevaron el gasto público a niveles inconmensurables y lo colocaron como el más alto de América Latina, agregamos el suspenso generado por la enfermedad presidencial y las consecuencias que pudiesen derivarse de su ausencia temporal o absoluta, tenemos frente a nosotros un año nuevo de perspectivas inciertas, para no decir tenebrosas.

Las intimidantes e inexcusables declaraciones del presidente de la Asamblea Nacional, aspirante por ley a ocupar la silla miraflorina con carácter provisorio, en las cuales afirmó que ya saben lo que van a hacer (el PSUV y, según él, la “Fuerza Armada antiimperialista y chavista”) el día pautado constitucionalmente para la juramentación de Hugo Chávez, o los propósitos contenidos en los discursos perpetrados por algunos gobernadores, entre los cuales destacan las de Mata Figueroa, quien ha dejado en claro su papel de segundón al decir que su “obligación es gobernar obedeciendo” (obedeciendo al poder central y no al pueblo que lo eligió) ponen en evidencia que el acontecer político estará signado por sobresaltos de espanto y brinco originados en la intención manifiesta de los sargentos a cargo del PSUV de malinterpretar la carta magna para provocar una crisis de gobernabilidad que, en nombre de la seguridad nacional u otra pamplina semejante, les permita justificar un golpe de timón que deje a un lado la ruta reglamentaria, y faculte a los recién encumbrados caciques para que procedan a desmotar (desbaratar, dijo Aristóbulo) las instituciones regionales y así dar vía libre a la turbamulta comunal. Podemos, pues, inferir que, en lo que atañe a la política, el año nuevo no será muy feliz que digamos.

Condimentado con la puja entre Cabello y Maduro para ver quién se queda con el coroto en caso de necesidad, con unas elecciones municipales pendientes, programadas para el 26 de mayo, y las expectativas, si las circunstancias y el respeto al librito azul lo permiten, de unas posibles presidenciales extraordinarias, el despelote político que se avecina es de órdago, y no menos lo es su contracara económica. Los vaticinios, ya lo dijimos, son tétricos, aun expresados con frialdad numérica. De entrada, es más que probable que, para atenuar el déficit fiscal, el Ejecutivo recurra a algún subterfugio cambiario y restrinja la oferta de divisas a través de Cadivi y el Sitme, lo cual implicaría una apreciación considerable del dólar paralelo. Tal medida iría acompañada con una reducción del gasto de inversión y la subsiguiente paralización de algunas obras y proyectos de envergadura. Se cree que el carácter contractivo de las acciones que necesariamente deben tomarse, es decir, de la aplicación del paquete Giordani &Cía., se reflejará en un crecimiento del PIB muy por debajo del experimentado en 2012, la mitad casi, y una inflación cercana a 40%, un poco menos del doble de la registrada en el año que fenece. Y eso nos hace pensar que, en lo que respecta a la economía, el que estrenamos tampoco será un próspero año nuevo.

Ni próspero ni feliz ni venturoso, 2013 representa un desafío portentoso para un régimen cuyo líder único e insustituible no parece estar en las condiciones mínimas necesarias para conducir a Venezuela al cacareado y nunca bien explicado socialismo del siglo XXI, y que no cuenta, entre sus adeptos, con relevos de altura para enfrentarlo. También lo será para la oposición. Pero ésta, derrotada, es cierto, sí tiene entre sus gentes líderes y dirigentes que no necesitan de un sol para brillar.