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Javier Solana

La proliferación de la seguridad

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La visita de Barack Obama a Hiroshima ha tenido lugar en el epílogo de su mandato y ha estado cargada de un gran simbolismo, por ser el primer presidente de Estados Unidos en acudir a la ciudad y por su visión de la proliferación nuclear. Sus palabras en Hiroshima conectan con el gran discurso del presidente en Praga, pronunciado tan solo unos meses después de llegar a la Casa Blanca.

En la República Checa se refirió a la amenaza nuclear como la más inmediata y extrema para la seguridad global y se comprometió a disminuir el papel de las armas nucleares en la estrategia de seguridad nacional. En este último y emotivo discurso, resaltó la dimensión moral de la guerra y la necesidad de escapar de la lógica del miedo, que subyace a la posesión de arsenales nucleares y motiva catástrofes como la conmemorada en Japón.

Sin embargo, en los años que separan ambos discursos, la política nuclear de la administración Obama ha evolucionado de manera notable. Al inicio del mandato, una de las grandes áreas de su política exterior fue la proliferación nuclear. En el año 2010 firmó con Rusia, aún presidida por Medvedev, los acuerdos START, por el cual ambos países se comprometían a reducir las armas nucleares estratégicas de manera considerable para el año 2018. Entonces las relaciones con Rusia pasaban por un buen momento –Hillary Clinton y Sergey Lavrov ya habían anunciado el famoso “reset”– y la cooperación, no solo en el ámbito de la no proliferación nuclear, ofrecía esperanzas. Lamentablemente, no duró mucho tiempo.

También en el año 2010, el presidente de Estados Unidos congregó por primera vez a los líderes mundiales en una Cumbre de Seguridad Nuclear, con el objetivo de reflexionar sobre la necesidad de preservar el material nuclear de las manos de los terroristas –un temor que se ha demostrado fundado–. Desde entonces, han sido cuatro las cumbres celebradas y, aunque no se haya logrado el objetivo inicial de congelar los stocks de plutonio y uranio altamente enriquecido, se han reducido otras fuentes radioactivas y se ha mejorado su seguridad. La intención de liderar el camino hacia un mundo libre de armas nucleares era clara y los pasos parecían firmes, pero la iniciativa de las cumbres de seguridad nuclear no ha dado el fruto esperado. De hecho, en la última celebrada recientemente en Washington, Rusia no tuvo representación. Más allá de estas cumbres, Estados Unidos no ha propuesto otras iniciativas internacionales e incluso evitó que se celebrara una conferencia –acordada en la revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear en el año 2010 con el fin de eliminar las armas nucleares en Oriente Medio– para no generar más tensiones con Israel.

En el ámbito doméstico, durante la administración Obama el ritmo de reducción de material nuclear ha sido el más bajo desde el fin de la Guerra Fría. Además, ha impulsado un plan de modernización del arsenal nuclear que, según los cálculos, supondrá una inversión de 1 billón de dólares en las próximas 3 décadas. Este programa pretende adaptar las armas ya existentes para hacerlas más fiables con el objetivo de poder reducir el arsenal en el futuro. Sin embargo, muchos críticos apuntan que, con la modernización, se quieren lograr armas nucleares pequeñas, de una gran precisión y más susceptibles de ser empleadas.

No obstante, en estos años, se ha dado un paso decisivo en la lucha contra la proliferación nuclear: el acuerdo con Irán. Tras años de parálisis en las negociaciones, la llegada de Obama a la Casa Blanca y la elección de Rohani como presidente de la República de Irán, lograron el desbloqueo. Pude comprobar que, aunque las instituciones son muy importantes, a veces las personas son decisivas, con Rohani como negociador se produjo el primer éxito en las negociaciones y con él como presidente se logró el acuerdo. La importancia del pacto firmado con Irán en la lucha contra la proliferación nuclear es innegable y sus consecuencias van más allá. Muchos de sus elementos pueden servir de base para futuros acuerdos y, además, aporta un margen de tiempo para diseñar y negociar una estructura de seguridad en la región, un objetivo que, aunque muy difícil, sería imposible lograr bajo la amenaza de que el país chiita obtuviera la bomba nuclear.

La posibilidad de que un país pueda emplear un arma nuclear supone un obstáculo, casi insalvable, para lograr la estabilidad de una región. Las consecuencias de la amenaza son tan elevadas que cualquier pequeño enfrentamiento puede desembocar en una catástrofe como la que Obama conmemoró en Hiroshima. Por ese motivo, es urgente retomar el impulso para acabar con las armas nucleares. Aún queda mucho por hacer, especialmente en Corea del Norte.

La velocidad con la que Pyongyang incrementa su arsenal, la gran inversión que destina a su programa nuclear y las ya constantes pruebas, hacen de este un asunto prioritario. En esta tarea, China es el actor fundamental. Sus tradicionalmente buenas relaciones con Corea del Norte y la influencia económica en el país, convierten a Pekín en la pieza clave para afrontar esta gran amenaza. Además, las negociaciones deben empezar ya. Los ensayos y pruebas de armamento en Corea del Norte han adoptado un ritmo frenético y, en las últimas semanas, Pyongyang ha enviado a China a un delegado del gobierno para asegurar que no retrocederán en su programa nuclear. Para lograr la seguridad en el este de Asia, especialmente en Corea del Sur y Japón, es necesaria una tregua nuclear.

El apoyo de China a las sanciones aprobadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, tras las últimas pruebas nucleares, ofrece un pronóstico favorable para la cooperación. Sin embargo, en la actualidad, hay otros asuntos candentes que pueden entorpecer la colaboración entre China y Estados Unidos. El desbloqueo de esta situación debe ser una tarea prioritaria para los miembros del Consejo de Seguridad y la labor requerirá una gran capacidad de negociación. El ritmo de reducción de armas nucleares ha descendido drásticamente desde la década de los noventa y a principios de este año el número de armas nucleares en el mundo superaba los 15.000. Pese a que la política nuclear de Obama no haya sido como muchos esperábamos, debemos seguir considerando la proliferación nuclear como una prioridad para nuestra seguridad.

 

Copyright: Project Syndicate, 2016.
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