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Pedro Llorens

Está prohibido o no se puede

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Si por algo se caracteriza el lenguaje de este gobierno es por la ramplonería (“¡No me la calo¡”, dice Maduro). Una cosa es acercarse al pueblo y otra no poder superar el laberinto que implica el escoger las palabras necesarias para completar un discurso (“¡No me la calo!, dice Cabello”). Todo suena peor cuando se habla de reprimir a las amas de casa que hacen cola en los supermercados (“¡No me lo calo!”, dice Jaua) y la advertencia se convierte en amenaza y está en violación abierta de los derechos humanos cuando baja a los cuerpos policiales, que ya sabemos que no andan con miramientos y no se la calan. Actúan como el famoso teniente Calley de Vietnam que aniquiló a todo un pueblo de mujeres y niños (los hombres estaban en la guerra)… y cuando fue sometido a investigación se limitó a decir: “¡a mi no me hablaron de sexo ni de edad, solo de comunistas!”. Aquí no se habla de estudiantes o de ciudadanos, solo de guarimberos y golpistas.

El escritor cubano Leonardo Padura, reproduce, en su libro Herejes, un párrafo de El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, publicado en 1962 (el revolucionario francés Víctor Hughes, introduce en la América caribeña del siglo XVIII no solo las ideas de la ilustración sino también el terror, la muerte y la traición): “Solo el mar era puerta y esa puerta estaba cerrada con enormes llaves de papel que eran las peores. Asistíase en esta época a una universal multiplicación de papeles cubiertos de cuños, sellos, firmas y contrafirmas, cuyos nombres agotaban los sinónimos de permiso, salvoconducto, pasaporte y cuantos vocablos pudieran significar una autorización para moverse de un país a otro, de una ciudad a otra… la mesnada policial y política ahora se aplicaba en todas partes (unos por temor a la Revolución, otros por temor a la contrarrevolución) a coartar la libertad del hombre, en cuanto se refería a su primordial, fecunda y creadora posibilidad de moverse sobre la superficie del planeta” . Padura se encarga de poner de relieve la actualidad del texto en la Cuba de hoy (también en la Venezuela de Maduro):

“Si un país o un sistema no te permite elegir donde quieres estar y vivir es porque ha fracasado”.

En Cuba los Castro terminaron diseñando una revolución como la de Víctor Hughes, en la que “lo que no está prohibido no se puede hacer”, según afirma uno de los personajes de Herejes, y se la vendieron (bien caro que nos ha salido a los venezolanos) al menos ilustrado de los gobiernos vecinos, a cambio de revelar su fórmula para mantenerse en el poder.

pllorens@el-nacional.com