• Caracas (Venezuela)

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Marianella Salazar

La procesión del pueblo

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No hay tarea más agotadora que aprovechar el asueto de la Semana Santa para ir al encuentro de los familiares que viven en el interior de la República, madrugando para hacer unas largas colas en esos pandemóniums de terminales, comprando pasajes al triple del precio regulado y enterrarse después en esos autobuses, bajo bultos y bolsas de productos de primera necesidad que escasean en los pueblos, donde el problema del desabastecimiento, como se sabe, es mucho más grave que en la ciudad capital y por ello tienen que llevar el alimento para toda la semana. Los éxodos de ahora producen, irremediablemente, una larga “corte de los milagros”. Esos hombres y mujeres humildes, que salen del inhóspito paisaje urbano, el lugar donde cumplen las obras y trabajos, donde se ganan el pan nuestro de cada día, sufren varios calvarios, no solo al ir tras los productos de primera necesidad, desperdiciando horas productivas haciendo colas en los Mercal y Bicentenario para obtener un kilo de leche en polvo, dos bolsas de Harina Pan o dos kilos de azúcar, todos racionados; a esos Cristos urbanos les esperan más humillaciones al salir al encuentro con los suyos, no solo en las lentas y desesperantes hileras de carros que se forman en las terribles carreteras trasmutadas en guillotinas, sino al tener que enfrentarse al abuso de poder, incluso al atraco de efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana, que requisan en las alcabalas con mucha mala fe y tratan como “bachaqueros” a cualquiera que lleve el sustento a su casa.

Entonces, obligados por la circunstancias yantes que los dejen sin el pote de leche ni los pañales, se bajan de la mula para no tener que llegar a su destino impotentes, indignados y con las manos vacías. Un verdadero viacrucis. El drástico racionamiento del consumo implantado por el gobierno, con todo tipo de controles, está degenerando en hábito y ha condenado a los venezolanos a una feroz lucha por la vida, desde su fase más primitiva: la alimentación. La población está condenada a morirse de hambre. Maduro anda como un indigente, pidiendo a gobiernos aliados que envíen alimentos. “El bueno” de Evo se va a desprender de parte de sus reservas de leche en polvo para devolvernos algunos favores. La vida del ciudadano común y corriente es de grandes privaciones. En Venezuela hay ganas de comer y de consumir todo aquello que el gobierno no considera indispensable proporcionar al pueblo. Además de comida, verdad y libertad para conocerla.

Transición pacífica

Cuando el comunismo de estilo soviético -en el que se basaba la revolución cubana y ahora en la revolución bolivariana- se volvió una fuerza trasnochada, su mayor enemigo ha sido y es la libertad. Maduro, que es el caso que nos concierne, se ha convertido en el gran cancerbero del pueblo venezolano, eso lo entienden los demócratas en el mundo, por eso el ex presidente del gobierno español, Felipe González, en un gesto que lo enaltece como estadista anuncia que abogara por la defensa de los presos políticos, empezando por el alcalde metropolitano Antonio Ledezma y el líder de Voluntad Popular, Leopoldo López. González vendrá junto al ex presidente chileno Ricardo Lagos y el ex mandatario brasileño Fernando Henrique Cardoso. Las gestiones políticas de esos líderes en la crisis venezolana significarán el comienzo para la ansiada transición pacífica. ¡Apúntenlo!

Tic tac

Guerra psicológica: la campaña de rumores sobre niños secuestrados en Petare ha sido fraguada en Cuba, para responsabilizar al alcalde Carlos Ocariz. Según la fuente, tienen todo el montaje listo para meterlo preso después de Semana Santa.