• Caracas (Venezuela)

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Gustavo Briceño

El problema del acuerdo nacional

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Desde que el país entra en la discusión sobre la democracia, siempre hemos constatado una expresión a mi juicio cacareada por las circunstancias y la penumbra de los acontecimientos: “Es necesario un acuerdo nacional” frase que no solo se pronuncia en la actualidad, sino desde hace muchos años, incluso desde antes de 1999. Para que exista un acuerdo nacional supone la interacción de mentalidades fundamentalmente democráticas. Esto es, de personas e instituciones que practiquen la democracia como forma normal de expresión y de conducta. Siempre lo hemos dicho a través de artículos y de foros, solo es posible un sistema democrático si se acompaña con actitudes y aptitudes democráticas. No basta la separación de poderes; ni el estricto respeto formal al Estado de Derecho; ni la autonomía de los jueces en el ejercicio de sus funciones, es necesario poseer y acompañarse además, con mentalidades democráticas, así se compita abiertamente con personas que no entiendan que la divergencia de opiniones y las controversias ocurridas en las gestiones políticas son normales y hasta deseables.

Existen ciertos sectores que hoy día hacen referencia a la frase de este artículo con la palabra diálogo fundamentando la expresión con hechos históricos de indudable presencia mundial, sin duda alguna de sus éxitos, como por ejemplo, las guerras de España y las guerras mundiales. Los diálogos comunistas en España con los demócratas, los tres grandes países de Europa después de la Segunda Guerra Mundial etc. Así, lograron aglutinar naciones y embarcarse, con los mayores sacrificios del mundo en la tarea de engrandecer por ejemplo a Alemania y a Estados Unidos, logrando el éxito en poseer unas economías productivas y desarrollar un sistema social inmenso que lo refleja hoy día con sus altos índices productivos etc.

Caminando ya por nuestro país, ¿es posible lograr un acuerdo nacional para encauzar y reinventar de nuevo la democracia y con ello lograr un país diferente? U, otra pregunta: ¿es posible lograr un acuerdo nacional con los actores políticos que hoy cursan y transitan en nuestro país? La respuesta es negativa. No existe un instinto de carácter individual ni colectivo para lograr un acuerdo nacional, abunda mucho el protagonismo y la inmediatez en las luchas de estos hombres, que ocupan los espacios de la política, y no hablemos del gobierno, donde en ellos escasea lo que decimos al comienzo de este artículo y es lo referido a las carencias manifiestas de las actitudes culturalmente democráticas como expresión tanto individual como colectiva. Es muy difícil conversar con un gobierno militar; es muy difícil conversar con un gobierno que viola la constitución de manera sistemática; es harto complicado, dialogar con un régimen que excluye a más de la mitad de la población por el solo hecho de no pensar ideológicamente y compartir unas tesis de gobierno desfasadas en tiempo y en Historia.  

Una condición para el diálogo es pensar en el futuro y hacer país, con la presencia de todos los sectores sociales y en especial, la inclusión en ese gran dialogo nacional de la sociedad civil  organizada que ponga en camino de la nación un esquema de convergencia y de progreso, pues bien, lo difícil y más escabroso es intentar un acuerdo nacional con representantes del gobierno que no dialogan, no solo porque no quieren, sino porque no pueden. Su estructura mental se los impide y su poca actitud de convergencia les es extraña. En fin, la discusión del tema por demás interesante hace renacer en cada uno de los venezolanos, la idea de que un país sin consenso es imposible su desarrollo y su éxito. La consecuencia de no instar y cumplir con un acuerdo nacional tiene como consecuencia la materialización del subdesarrollo y la pobreza. Desearía realmente y lo digo con fe, escribir sobre el tema de forma diferente, pero hoy día, y con la presencia de un régimen cada vez más alterado por circunstancias inexplicables, un consenso generalizado es prácticamente imposible. La barbarie está cada vez más lejos de la política. Así lo creo.