• Caracas (Venezuela)

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Vladimir Villegas

8D: una primera lectura

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Estas primeras aproximaciones a un análisis sobre los resultados de las elecciones del pasado domingo las escribo en la madrugada, finalizando la cobertura del proceso comicial, y con apenas los primeros resultados anunciados por Tibisay Lucena, presidente del Consejo Nacional Electoral, y me permiten llegar a la conclusión de que no puede excluirse ninguna lectura importante de lo ocurrido.

En primer lugar, el gobierno obtiene resultados satisfactorios en general, con vetas agridulces que no pueden ocultarse. El Partido Socialista Unido de Venezuela sigue siendo la primera fuerza política individual del país, y precisa de sus aliados para mantener a raya a la oposición. Obtuvo una holgada mayoría en número de alcaldías y concejales, superó en votación nacional a la Mesa de la Unidad Democrática pero por un mal manejo de sus contradicciones internas perdió dos escenarios emblemáticos: la ciudad de Barinas, tierra de Hugo Chávez, y Maturín, capital del estado Monagas, tierra de Diosdado Cabello, quien después de Maduro es la figura más importante del chavismo.

Si el PSUV hubiese sometido a consulta de las bases estas y otras candidaturas tal vez el escenario electoral habría sido otro. Estas dos derrotas le muestran al partido de gobierno el abismo en el cual puede caer si no aprende a procesar sus diferencias internas por vías no impositivas.

Otra realidad es que el PSUV pierde Barquisimeto, ciudad en la cual el liderazgo de Henri Falcón apuntaló la victoria de Alfredo Ramos, a la cual contribuyó también una gestión muy mal valorada por los guaros. Pierde Valencia, un resultado imposible de revertir luego de las denuncias de corrupción contra el ex alcalde pesuvista. Fracasa en su intento de ganar Maracaibo y la Alcaldía Metropolitana, y tampoco puede conquistar ese bastión opositor en el cual se ha convertido el municipio Sucre del estado Miranda. En el caso de la alcaldía retenida por Antonio Ledezma, la candidatura de mi querido hermano Ernesto le pisó los talones, un resultado que muy pocos veían probable tan solo hace un mes. Y el Potro Álvarez no se quedó en el aparato, como se creía.

Son resultados para verlos en frío, en el caso del PSUV, porque no logra voltear los números en varias importantes capitales del país, en las cuales se concentra buena parte de la población. Pero es innegable que la oposición reunida en la MUD vio frustrada su aspiración de darle carácter plebiscitario a estos comicios municipales. Si vamos a los numeritos totales de votos en todo el país, Maduro, duélale a quien le duela, le ganó la mano a Henrique Capriles o, mejor dicho, el plebiscito.

El gobierno obtuvo una victoria que, con todo y sus bemoles, corrige los efectos negativos causados por un resultado tan estrecho como el de abril. Y lo logra a un año de la ausencia de Hugo Chávez. Esta prueba la pasó, pero le vienen nuevos desafíos, más económicos que electorales, de los cuales podrá salir airoso solo si calibra bien los resultados del domingo y la magnitud de la crisis. La oposición también debe entrar en período de fría reflexión. Su insistencia en desconocer a Nicolás Maduro no le dio resultados. Hoy Maduro no es un presidente invencible, pero ha logrado tomar la iniciativa y ganar piso político dentro y fuera del chavismo, mientras que no es descartable que de aquí en adelante el liderazgo de Henrique Capriles ya deje de ser indiscutido. Para muestra dos botones. Henri Falcón y Leopoldo López lograron triunfos que les dan mayor peso dentro de la MUD, instancia que deberá someterse a una necesaria revisión de su política y de su conducción.

En resumidas cuentas, cada sector salió con sus rasguños y sus heridas en este proceso electoral, y aunque el gobierno le ganó la mano a la oposición en dos de los tres parámetros de evaluación, hay un claro mensaje de los electores. No hay más espacio para una mutua exclusión. Es la hora de la política con P mayúscula y el diálogo con las tres R: responsabilidad, reconocimiento y mutuas rectificaciones.