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Diego Arroyo Gil

Estamos casi presos

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Hasta hace poco era común decir y escuchar decir que en Venezuela nunca iba a suceder lo que en Cuba con respecto a los viajes al exterior. Esto es, que la crisis no iba a extenderse hasta hacer colapsar el trámite regular de comprar un pasaje, ir al aeropuerto y salir del país.

Ingenuos que éramos. Bastó que parpadeáramos para encontrarnos un día con que ya había empezado a ocurrir. Si bien es cierto que el gobierno no ha ordenado, por ley, que se nos impida viajar al extranjero –hasta que se le ocurra como “terapia anticapitalista” a algún iluminado del gabinete–, la exitosa gestión chavista de defenestración económica impone trabas cada día más difíciles de superar a las aerolíneas que desde hace décadas nos han brindado, con normalidad, su servicio de transporte hacia otras latitudes.

Como no teníamos problemas, ahora tenemos este, que afecta no solo a quienes están en pleno derecho de irse de vacaciones a Disney, a Roma o a Kazajistán, sino además a personas cuyo empleo, cuya salud, cuyas relaciones de familia dependen de que puedan coger un avión cuando lo necesiten, y no precisamente con destino a Porlamar o a Puerto Ayacucho.

Las consecuencias de la situación son políticas, económicas, culturales, sanitarias y también de seguridad: tal como estamos, no sería raro que alguna gente viajara con frecuencia para reducir el riesgo de que aquí la maten. Dentro de poco también tendremos que salir al extranjero para leer la prensa, dado que el gobierno no otorga divisas a los periódicos para que compren papel. Censura.

¿Qué esperan Nicolás Maduro y los ministros del área económica (que son como 40, como en el cuento de Alí Babá) para asumir su responsabilidad y resolver esta nueva crisis? Es evidente que en este caso, como en casi todos los demás, los representantes del régimen son incapaces de gerenciar con bien los asuntos de la nación. ¿Por qué no se franquean y se van? Ay, la chequera, el poder. ¡Viva la selva! ¡Muera la política!

Mientras Cadivi –ese cajero automático boliburgués– siga postergando el pago de la deuda que ha contraído con las líneas aéreas internacionales, que, informó la semana pasada este diario, alcanza la cifra de 3,5 millardos de dólares, la situación seguirá empeorando conforme transcurran los días. No parece ser ni siquiera cuestión de semanas o meses. ¡Menos mal que yo tengo mi avioneta! ¿La necesitas, Ramírez?