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Leopoldo Martínez Nucete

Sin prensa libre no hay elecciones justas

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El domingo 3 de mayo celebramos el día internacional de la libertad de prensa. Una fecha de enorme significado para el mundo democrático y de vocación libertaria. Sin embargo, es virtualmente imposiblefestejarla en Venezuela y en muchos otros países de América Latina.

Pero eso no implica que la dejemos pasar por debajo de la mesa. Al contrario, la fecha es ocasión para elevar la voz y renovar nuestra determinación de lucha por el derecho a la información y la expresión libre en nuestro continente.

Tres son las amenazas que en nuestra región acechan a la libertad de prensa y de expresión, según los informes emanados de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; FreedomHouse; Reporteros sin Fronteras; IPYS y otras organizaciones de Derechos Humanos.

La primera forma de asedio viene de la acción gubernamental directa, por la vía de leyes restrictivas o promotoras de la autocensura, incluyendo la promoción de acciones legales en entornos judiciales que actúan sin independencia y apego a la legalidad, o por la imposición de condiciones económicas adversas al desarrollo del negocio y comercialización de medios de comunicación independientes.

La segunda viene de la violencia del crimen organizado contra el ejercicio del periodismo. Tan real es esta acechanza que América Latina, con 300 periodistas muertos en 20 años, tiene el 30% de los asesinatos de trabajadores de la prensa de todo el mundo.

La tercera proviene del maridaje entre gobiernos y capital privado, normalmente unidos por el vínculo de la corrupción, en el propósito de convertirse, como lo ha catalogado IPYS al estudiar el caso venezolano, en los “Dueños de la Censura”.

¿Qué países de Latinoamérica ofrecen las mejores condiciones para el ejercicio pleno de la libertad de expresión? Según el informe de FreedomHouse apenas cuatro: Costa Rica, Belice, Uruguay y Surinam.

¿Cuáles exhiben el mayor declive o riesgo para la libertad de prensa por algunas de las razones aquí expuestas? Cuba, Venezuela, Argentina y Ecuador constituyen el grupo cimero de países donde se aplican mayores

presiones gubernamentales sobre la prensa, así como la cooptación de los medios por la vía de la asociación gobierno-empresa privada para ejercer la censura y garantizar el silencio, cuando no la abierta manipulación de los hechos.

México, Perú, Honduras y también Venezuela destacan por la violencia, en los primeros casos proveniente del crimen organizado y el narcotráfico; y en Venezuela,a ese factor se añade la violencia política promovida por el lenguaje de los líderes gubernamentales y su efecto en el modelaje dela conducta de sus seguidores más radicales.

Jennifer Dunham, autora del informe emitido por Human RightWatch, fue categórica: “La tendencia general en Latinoamérica ha sido de declive. Hemos visto una pauta de retórica cada vez más hostil hacia la prensa por parte de los líderes de países como Venezuela, Ecuador y Argentina”.

En ese contexto, el Premio Ortega y Gasset otorgado a Teodoro Petkoff, por su lucha en el ejercicio independiente en Venezuela, actuó como una caja de resonancia internacional, al poner de manifiesto,entre otras cosas, las aberrantes demandas incoadas contra Tal Cual, El Nacional y el portal de noticias La Patilla, así como contra sus directivos y accionistas, llegando a incluir en esas acciones a exdirectivos oasesores de dichos medios,debido su abierto papel en el campo opositor.

Felipe González, con su asertivo y contundentediscursoresumióel conflicto en una poderosa frase, al recibir el premio en nombre de Petkoff, quien no pudo asistir por pesar contra él una prohibición de salida del país, dictada en maniatado proceso judicial por ejercer su derecho opinar con libertad. Dijo Felipe Gonzálezque, en el absurdo proceder del gobierno de Nicolás Maduro contra el debate libre de ideas y la comunicación de información veraz: “a mí no me quieren dejar entrar en Venezuela y a Teodoro no lo quieren dejar salir del país”.

Y ese debe ser un asunto fundamental en este momento, cuando la crisis económica asfixia a Venezuela y el Gobierno es consciente de tener todo en su contra en el campo electoral. Las elecciones parlamentarias que se avecinan en Venezuela no solo requieren de una observación internacional que las haga creíbles, sino de una negociación política, gestada y promovida desde las instituciones internacionales, que permita un equilibrio informativo e igualdad de acceso a los medios de comunicación social durante la campaña.

Esta es una iniciativa en la que deben confluir las fuerzas democráticas de la sociedad venezolana, dentro y fuera del territorio. Y como van las cosas, es posible encontrar aliados a esa causa hasta en lugares donde antes no era imaginable, como parecenindicarlo pronunciamientos que vienen desde Brasil y Uruguay, por mencionar los casos más prominentes.

La consigna es sencilla y contundente: sin prensa libre no habrá elecciones parlamentarias justas, que expresen la soberanía popular en Venezuela. Por tanto, se exige una facilitación internacional para establecer esas condiciones.

 

Nos leemos por Twitter @lecumberry