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Rodolfo Izaguirre

¿Por qué yo no?

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Creo, al igual que los antiguos egipcios, que los pájaros son como almas; manifestaciones de espiritualidad, porque, así como el alma vuela del cuerpo después de la muerte, también los pájaros cruzan el cielo desprendiéndose de lo que pudiera atarlos a la tierra. Esto no significa necesariamente que haya habido bondad en esa alma, puesto que existen aves inmundas. Los simbolistas dicen que los pájaros son fuerzas en actividad. Elevándose hacia el cielo, expresan la volatilización, la sublimación. Descendiendo, la precipitación y la condensación. En su Diccionario de símbolos, Cirlot afirma que los pájaros, “sobre todo en bandada, pueden revestir un significado maligno como los enjambres de insectos: fuerzas en disolución, pululantes, inquietas, indeterminadas, rotas”. Es seguro que Alfred Hitchock sabía algo de esto.

El pájaro azul es considerado por Bachelard como “producción del movimiento aéreo”, pero puede constituir un símbolo del imposible como la rosa azul. En la mitología escandinava surge un pájaro gigantesco que con el batir de sus alas crea el viento. En otras, el sol aparece bajo la forma de un pájaro inmenso, águila o cisne.

Yo los encuentro perfectos por el colorido de sus plumajes, la ligereza de sus cuerpos y la pequeñez de su envergadura; la cola larga y el pico duro y afilado; sus trinos. El poeta Caupolicán Ovalles al crear la “Pandilla de Lautreamont” glorificó el hecho de que los pájaros forniquen en la catedral.

Nos esforzamos en matarlos a pedradas cuando somos niños, pero los adoramos al llegar a la senectud. Sin embargo, siendo niño de 5 o 6 años espanté a gritos al pajarito posado en la rama del bucare, en el corral de mi infancia, saboteando así la disposición de mi hermano Omar, dos años mayor, de matarlo de una pedrada. Ayer descubrí en el jardín de mi casa un nido semiescondido en la muralla de jazmín que me protege de las miradas de la calle. ¡Lo examiné! Constaté que los nidos también son perfectos, tanto en su diseño como en su estructura. Cóncavos para que la hembra pueda anidar en él y depositar sus huevos. Redondos y ajustados al tamaño de la hembra que lo va a ocupar durante la gestación. Construidos con ramitas, hierbas, plumas y materiales blandos favorecen la protección de la nidada. Para hacer el nido, resultaba sorprendente ver en el Parque del Este a los pájaros veloces arrancar en pleno vuelo un pelo de la cabeza de los visitantes que se llevaban la mano a la cabeza sin saber qué pudo haberlos rozado. Hay nidos hechos de barro. Algunos cuelgan de los árboles en las ramas más flexibles. Otros, se encuentran entre las rocas o en los techos de las casas. ¡Son fascinantes y tan perfectos y hermosos como una hoja o cualquier flor silvestre! Son la obra de un buen constructor. El pájaro que construyó este nido oculto en el jazmín de mi casa es un ser de prodigio. Y, comparativamente, asocié el nido con las precarias viviendas que como “solución” a la grave crisis habitacional construye de manera atarantada el régimen militar. Nidos humanos, casas feas, maltrechas, deplorables que no soportan el paso del tiempo porque sus paredes se agrietan y parecen estar a punto de desplome a solo un año o menos de construidas. Muchos de sus moradores prefieren regresar al rancho de donde salieron por sentirse en ellos más seguros y confortables.

En cambio, con materiales apropiados los pájaros construyen bellos nidos que resisten sequías y tormentas porque nada tienen que ver con la vulgaridad política del chavismo y el engaño populista. Los pájaros son alma y espiritualidad. Sé que en algún lugar sobre el arco iris vuelan los azulejos. Si ellos pueden ¿por qué yo no?