• Caracas (Venezuela)

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Ildemaro Torres

Y política ¿de qué?

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En medio del afán por inventar nombres hablan hasta de “política de Estado”, y queda uno preguntándose qué entenderán ellos como tal; siendo una maldad preguntárselos. El empeño oficial de amedrentar a la población para generar angustia y un temor paralizante, unido a lo que los uniformados tratan de imponer como forma de vida, nos obliga a insistir en denunciarlos y enfrentarlos.

No son simples rasgos de conducta fascista los palpables en las acciones de las pandillas paramilitares del gobierno; es fascismo militante que celebra como triunfos el asalto y saqueo de instituciones culturales, con violación de archivos y sustracción de documentos. Es odio a todo lo que signifique intelecto, estudio y, en general, saber; no son casuales la animadversión del régimen hacia la UCV, ni su ensañamiento represivo contra estudiantes que, en su condición de seres pensantes, con capacidad analítica y sentido crítico, se les opongan.

Les molesta que la UCV, autónoma, democrática y pluralista, es una institución básica para el país, como casa de altos estudios científicos y humanísticos, centro de fomento y difusión culturales, tribuna comprometida en la defensa de los derechos humanos y de los principios y valores inherentes a la democracia; y la que invita a sus alumnos a tener una actitud perceptiva y participativa, una sana y amplia apertura mental y espiritual, y la convicción de que debemos estar a la altura de las exigencias de una época distinta, en la cual no basta con la capacitación técnica para el ejercicio de una profesión, sino que se requiere de una mayor sensibilidad y creatividad.

Por otra parte, el manejo de la economía como soporte de la posibilidad de bienestar humano, aquí parece desvinculado de una seria visión de futuro, quedando sin respuestas las preguntas obvias de cómo y con qué habremos de ir los venezolanos al encuentro de lo que nos aguarda; vastos sectores sociales son golpeados por una desatinada administración gubernamental, y con razón arrastran la ingrata sensación de que sus proyectos y aspiraciones se han vuelto irrealizables     

Resultan además canallas los ataques  de que son objeto las universidades, dentro de la política oficial de militarizar la educación. La enumeración de perversiones da aún para más, pero cerraré con la deformación de rasgos esenciales de nuestra educación y nuestra cultura, revertidos en burda manipulación por personajes de crasa ignorancia; así como la ruin imposición oficial en la mente infantil pretendiendo inculcarles gustos y costumbres, dentro de una militarización cada vez más temprana.

Ya es más que largo el tiempo que llevamos padeciendo circunstancias como las actuales, de esta Venezuela en versión castrense y de destino presidido por tales ignorantes, voraces saqueadores de la nación, con desatado instinto represivo criminal. Y cabe la pregunta: ¿Es entonces el acoso al que hoy estamos sometidos, reafirmación, continuidad o agravamiento de la manifiesta disposición oficial a llevar, lo que va quedando de país, al más absoluto y definitivo hundimiento?

No se puede ocultar la sensación de que asistimos a la instalación de  ideas, actitudes, decisiones y hechos negativos, casi con calidad de nuevos valores entrañablemente incorporados en lo personal a qué y cómo somos; una de ellas es precisamente la violencia, como fenómeno absolutamente integrado, con todas sus implicaciones, a nuestra vida de cada día; y su viciada proyección contagiosa a otras personas.

En verdad nada tenemos a celebrar, sí en cambio mucho que enfrentar y derrotar, para bien de nuestra condición humana, de nuestra salud física y mental, de nuestro honor, y del orgullo a sentir por la conciencia del deber ser.