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Pedro Llorens

Todo el poder para los motorizados

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El Poder, con mayúscula, no está del lado de Bigotón Pánfilo aunque tenga el apoyo de los deudos de Corazón de Mi Patria (ascendientes, descendientes, amigos, devotos, beneficiarios y colaterales) y del gobierno cubano, que ejerce la regencia del Estado por incapacidad manifiesta del anterior príncipe (Maquiavelo quedó para los chamos) y la minoría de edad crónica (pese al apellido) del príncipe actual, con el don de la mediocridad, ampliamente conocido por su cerebro de pequeña cilindrada del uno al otro confín …

El Poder, con mayúscula, tampoco está del lado del abracadabrante presidente de la Asamblea Nacional, más chabacano que cerdo con esmoquin, empeñado en declarar como jefe del Estado contra todo lo que pudiera aproximar al gobierno a una relación más racional con una oposición que, pese a sus devaneos, es mayoritaria y lo será mucho más muy pronto, cuando solo quede un tubo de enteriobioformo por cada millar de culos con diarrea sin un solo rollo de papel higiénico, sin que valgan las excusas de guerra económica, de conspiración mediática y el resto de patochadas que se manejan para justificar la inflación y la violencia, el aumento de dificultades y la imposibilidad de superarlas.

El Poder, con mayúscula, mucho menos está del lado de militares graduados en adulancia (con posgrados en inconstitucionalidad, atropello e impunidad) que, a diferencia de los de la llamada cuarta república, ni siquiera pueden ser protestados por sus vecinos por poner a todo volumen operas de Verdi porque no han pasado de Olga Tañón… y mucho menos de la ya consolidada boliburguesía cívico-militar, más nariz pa’rriba que la tradicional (escaladores, desfalcadores, timadores, rentistas, opulentos amos de imperios económicos con “amas de llaves” importadas de Cuba).   

El Poder, con mayúscula, lo tienen los motorizados, capaces de moverse como hormigas por todas Caracas sin respetar a nada ni a nadie, muchas veces en patotas, para agredir, asaltar, atracar, robar y matar, matar y matar (no todos los motorizados son asesinos, pero buena parte de los crímenes son cometidos por motorizados), lo que los hace tan temibles que nadie se atreve a reprimir sus desmanes… y claro, el estigma los envuelve a todos, aunque el culpable sea uno solo, el ministro Giordani, quien desde un principio pidió suspender todas las grandes obras de Caracas, comenzando por el Metro, que a estas alturas debía tener el doble de estaciones, lo que haría innecesaria la mitad de las motos.

pllorens@el-nacional.com