• Caracas (Venezuela)

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Mauricio Palacios

No podemos tapar el sol con un dedo

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En la casa se abrirá el periódico y se ojeará las noticias, se escudriñará lo ocurrido la víspera de Navidad, con un dejo de alegría no carente de angustia. El sabor de las hallacas, hechas en familia, las hojas de plátano, las formas de la harina teñida de onoto, el encuentro de viejos condimentos europeos: alcaparras, aceitunas, pasas. Guiso y sabores perdidos, otros encontrados. Ingredientes que faltarán, pero si hubo reunión y comida, hay que agradecer. Ya ese es un lujo. Se está mejor que los demás, pues no todos encontraron los ingredientes necesarios. No todos pasaron la noche buena con sus familiares, unos en el extranjero (sin posibilidades de volver, quizá), otros arrebatados por la muerte este año que se va, bien sea en la violencia del Estado o del crimen.

En la casa se abrirá el periódico y se ojeará las noticias, pero aunque esto se evite, el sol no se tapa con un dedo. Después de todo, la Navidad, natividad, encarnación de Dios hecho hombre, el nacimiento del niño divino. La redención de la humanidad, la fecha del Solsticio de Invierno. Solsticio de Invierno que anuncia un nuevo ciclo, el advenimiento de un año nuevo y la renovación de la vida. No se tapa el sol con un dedo, esperaremos el infierno que viene, el nuevo año que vendrá con bajada de los precios del petróleo, sin un amigo o un familiar que nos dejó para siempre, entre la zozobra y aun así, una vaga esperanza.

Los accidentes de tránsito, los fenómenos de la violencia que no perdonan fechas, haya Solsticio de Invierno, natividad o equinoccio cualquiera. El sol no puede taparse con un dedo; eso sí, las fechas navideñas significan además de comunión familiar y espiritual, la renovación de un ciclo. Fenómenos de antaño, formas de renovar esperanza desde tiempos primitivos. Estaremos prestos el 31 para salir con maletas a la calle, ropa interior amarilla, uvas con las doce campanadas.

Sí sonarán las gaitas, también algunas viejas canciones de la Billo’s Caracas Boys. La felicidad puede evadirnos del momento. Más allá de evadirnos, situarnos en aquella comunión espiritual y familiar que es el nacimiento del niño Dios. ¡Feliz navidad! Y los niños correrán felices a buscar sus regalos. Aquellos afortunados. Otros niños, menos afortunados, vivirán un engaño mientras los gobernantes pintarán sueños rojos, fantasmas de demagogia y sueños rotos, hasta que un día despierten y sea demasiado tarde.

Cristo se hace hombre. El año comienza a renovarse. Dos mil y más años de una nueva era. Las familias compartirán la felicidad, los niños la alegría y la esperanza. El sol de ayer es el mismo de hoy. Nadie quiere esperar catástrofes o callejones sin salida, sin tener aunque sea un halo de esperanza. Siempre está la esperanza de que con el renovar del año y el comienzo de un nuevo ciclo se encuentre un futuro mejor. Después de las perspectivas de futuro y la esperanza, está la realidad. No podemos tapar el sol con un dedo.