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Valentina Quintero

Las playas de Sietemares tienen su vigía

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La piscina se confunde con el mar / Pisapasito

La piscina se confunde con el mar / Pisapasito

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Respetar los verdes

La costa que va desde Los Caracas hasta Chuspa tiene las playas más cercanas a la capital que hemos logrado mantener vírgenes. Sería lamentable que padecieran el desatino que se hizo con Caraballeda. Solo una mente que desconoce el mar y el trópico es capaz de hacer unos edificios que le den la espalda a las olas, no dejen entrar el viento y se coloquen uno pegado del otro sin siquiera un balconcito para guindar maticas. Dan dolor de barriga. Los Caracas lo perdimos. Era una ciudad vacacional bien pensada, con cientos de ventanas de romanilla, espacios muy abiertos para que el viento los ventilara y la gran piscina de agua salada. Se está cayendo. Pero es la puerta de entrada a la Costa Verde. Debe ser el recordatorio constante de lo que debemos evitar. Caraballeda por nefasto y el segundo por la desidia.

Esta Costa Verde tiene que adecuarse a su privilegio de estar entre el Parque Nacional El Ávila y el mar Caribe. Son las bondades del trópico. A las playas se entra por bosques, una carretera que ve el mar, oye las olas y se moja de espuma. Las construcciones tienen que ser bajitas para que no le pongan barreras al viento que viene de la montaña. Deben mimetizarse con la vegetación para que no se impongan. Son las invasoras y deben comportarse con discreción. Tenemos una oportunidad de oro para hacerlo bien. Para tener al lado de Caracas una auténtica Costa Verde con hospedajes amables, playas limpias y estupendos servicios. Ojalá que los habitantes de estos pueblos entiendan el futuro que se les presenta. Se ocupen de hacer empresas de servicio, sembrar todo lo que se puede consumir, pescar más que nunca, montar pequeñas operadoras de turismo que ofrezcan paseos en bicicleta, en lancha, guiaturas a los ríos, observación de aves. Sería regio que alguien montara una pequeña escuela de turismo para formar gente bien buena y capaz, que atendiera a los huéspedes. Estas son de las pocas posadas del país que están llenas todos los fines de semana. Hasta con lista de espera. Ya lo quisieran los posaderos de montaña, llano o selva. O los de Paria.

 

Sietemares es tremendo ejemplo. En 3.000 hectáreas de terreno, todas entre El Ávila y el mar, solo se ha construido una posada con 20 habitaciones en módulos de 2 y 3 pisos, siempre más bajos que la montaña. La única forma de verlos es atravesar un bosque por varios kilómetros y cuando crees que te perdiste, aparece la posada Sietemares, con grama entre las habitaciones y el mar, un restaurante sin paredes, un módulo de servicios, la piscina haciendo horizonte con los azules más intensos, una terraza generosa para colocar tu cuerpo en dirección al viento y las olas, mientras una terapista experta desanuda las angustias. Las habitaciones son grandes, con unos ventanales gigantes, baños amplios, aire acondicionado, televisor, agua caliente. Ofrecen las tres comidas estupendas y todas las bebidas nacionales. Hasta máquina de café para quienes amamos un marroncito. Los niños son dichosos y los adultos más porque no hay que mortificarse por la seguridad. Son las posadas que queremos para esta costa. Posadas que entienden la geografía.

Pudimos recorrer los caminos –todos hechos para que sean eternos– y conocer los nuevos desarrollos. Unas cabañitas en lo alto para 40 parejas, con vista al mar desde donde estén. Un centro de convenciones, un spa en la montaña, 6 habitaciones más en otro módulo de 3 pisos para Sietemares. Se construye con la misma cautela que nacen y crecen los hijos de Fuji y Martín, los gerentes del lugar. Como debe ser. A medida que lo anterior va funcionando se hace lo próximo. Hay que entrenar el personal. Es lo más complicado. Conseguir gente en la zona.

 

Los vigías. Los detalles son los que se clavan en la memoria y nos convencen de volver. Desde Sietemares sale un camino que va a las siete playas que inspiraron el nombre. Son salvajes, sin ningún servicio. Apenas el mar, las piedras y la arena. Espacios para que los huéspedes estén de su cuenta, libres, sin temores. Cada playa tiene su vigía. Son esculturas fascinantes, imponentes o divertidas. Son un homenaje a los vigías de los pescadores para avisar cuando viene el cardumen. Un hombre azul intenso con binoculares. Un joven sentado pensando en la novia que dejó. Una sirenita que salva a los náufragos. Una mujer verde gigante que posó su humanidad en una roca para ver la que tiene enfrente y avisarte que se acabaron las playas. Un despelucado feliz que se encaramó más arriba que todos. Asombran, divierten y hasta hacen que te sientas segura al cruzar este camino en solitario a las 6:00 de la mañana. Es la hora que sugiero. El sol las va iluminando hasta que brillan. Las hizo Nicomedes Zuloaga por encargo de los dueños. Todo un detalle.

 

Datos vitales

www.ecoposadasdelmar.com

 

20 habitaciones entre estándar, suites y La Morada.

Tarifas: entre 7.500 y 13.600 por 2 adultos por noche con las 3 comidas y bebidas. Depende del tipo de habitación y de la temporada.

 

Caracas

Centro comercialMata de Coco, Edif. Sur PH (piso 9). Avenida Blandín, La Castellana

Reservas: (0212) 264 7334 / 263 3573 / (0424) 268 5498

Fax: (0212) 263 4660

Correo: posadasietemares@gmail.com

 

Vargas

Carretera Los Caracas-Osma Sector Cañaveral, Osma, estado Vargas.

Acceso (Viveros Cañaveral)

Recepción: (0212) 393 7043

Bar: (0212) 891 9022