• Caracas (Venezuela)

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Pedro Llorens

La planta insolente del acreedor chino

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E stas últimas décadas de golpe (sin estribillo), de indulto imperdonable (es en este año que termina cuando debió haber salido de la cárcel) y de empoderamiento fascista, han permitido tergiversar la historia del país y la de sus personajes, con embustes sobre lo que se hace (nada) o se deja de hacer (todo), lo que se promete (villas y castillos) y lo que se presume de haber hecho (desde independencia y la construcción de patria y soberanía hasta nacionalización del petróleo)... y se ha perdido la capacidad de distinguir la verdad, si es que queda alguna después de tanto mentir incluso sobre lo ya mentido (patrañas al cuadrado, al cubo o elevadas a cualquier potencia)... hasta llegar a un mundo de ficción en el que nadie existe realmente y todos pasamos a formar parte de la historieta de un país, un pueblo que, bajo la conducción de Corazón de la Patria, derrocó y desterró a sus cuatro jinetes del Apocalipsis: colonialismo, imperio, capitalismo y descentralización...

El país que alguna vez pensó poner en manos de la derecha civil, terminó por entregarlo a militares que utilizan gerundios para comunicarse y superlativos para jalar, adular, enjabonar... y que cuando alcanzan algún status se hacen adictos a ciertas óperas: "Señor, por casualidad no tiene El barbero de Sevilla (busca en chuleta), de Gioacchino Antonio Rossini, pero (mano en el pecho mientras lee) per piacere me lo da sin la obertura...", El delfín designado, Nicolás Maduro, aprovecha que Obama hace votos, no por el restablecimiento de Corazón de mi Patria, sino por el de la democracia y el bienestar en el país, para caerle encima al imperio con todos los lugares comunes que aprendió del maestro... al que luego, en vez de transmitirle sus deseos de una pronta mejoría (hace como el enamorado de la canción "María Dolores") y en vez de decirle un piropo le canta un bolero (al menos eso parece)... con lo cual, generalmente, le sale el tiro por la culata, pues mientras habla de las mejorías del "comandante de las victorias y de los milagros" se le humedecen los ojos.

Es obvio que Chávez no entregó el mando sino que lo delegó...

pues, a estas alturas, Maduro aún no ha sido enterado de los más delicados secretos de Estado... ni le han presentado al ventrílocuo que hace hablar (y escribir) a Fidel Castro, para contratarlo, ni le han dicho que la próxima vez que un acreedor extranjero ponga su planta insolente en suelo patrio vendrá en una flota de barcos chinos a cobrar una cuenta que ya va por más de 22.000 millones de dólares.