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Gustavo Roosen

Sobre planes y realidades

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La distancia entre los planes gubernamentales y sus realizaciones suele tener más de una explicación: error en el diagnóstico, confusión entre visión e ilusión, voluntarismo, improvisación, en algunos casos cinismo –no se tiene la menor intención de cumplir, los planes presentados ocultan los verdaderos– y, casi siempre, incapacidad para ejecutar. El resultado, en todos los casos, se manifiesta en frustración, desconfianza, desilusión. ¿Cuál será la nueva promesa y cuál su destino?

Desde el alto gobierno se habla nuevamente, del Eje del Sur. “Lo que estoy planteando es la unión de la faja petrolífera del Orinoco, al norte del río, con la faja industrial-minera, al sur del río. Estamos hablando de un gran eje de desarrollo agrícola, industrial, minero, petrolero, petroquímico, energético, etc., de cerca de 100.000 kilómetros cuadrados”, ha dicho recientemente el por cuarta vez Presidente electo.

El concepto de los “ejes” de desarrollo no es nuevo en nuestra literatura de planificación. Sólo para hablar de estos últimos 14 años, la mención aparece muy temprano, en las primeras promesas, y continúa en las más recientes, las contenidas en el Proyecto Nacional Simón Bolívar (2007-2021) y en el Primer Plan Socialista Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007-2013. Se reitera así lo que es ya una constante en Cordiplan: la atención prioritaria al Eje del Sur por oposición al centro-norte-costero, postura que llevó en algún momento hasta a sugerir el cambio de ciudad capital de la República.

Sobre el mismo diagnóstico repetido en todos los tonos –relaciones históricas de dependencia, modelo económico bajo influencia de los países hegemónicos, escasa integración interregional, predominio de una economía de puertos en función de la exportación petrolera, patrón de ocupación territorial concentrado, desequilibrado y polarizado– y como si no se hubiese tenido responsabilidad de gobierno por 14 años, se vuelve en los mismos términos sobre la idea de los “ejes”. El Proyecto Nacional Simón Bolívar propone la meta de un “Desarrollo Territorial Desconcentrado” con ofertas como la integración de los sistemas de transporte y comunicaciones, “para articular el territorio nacional mediante corredores multimodales de infraestructura donde el sistema ferroviario nacional se convierta en el principal medio de transporte”.

Si los propósitos de estos planes –con años en el papel– eran el desarrollo agrícola e industrial y la desconcentración, los resultados no pueden ser más contradictorios. No sólo no se ha producido el desarrollo esperado. Al contrario, la producción agrícola ha decrecido, los planes petroquímicos han sido olvidados o marchan con retraso, el desarrollo de la faja del Orinoco no se ha cumplido ni en términos estrictamente industriales ni menos en términos de desarrollo regional. La concentración en el eje norte-costero, por otra parte, se mantiene y se acrecienta. La congestión en sus ciudades va llegando a niveles alarmantes. Bastaría pensar en el tráfico de Caracas, el caos y el abandono de las vías de comunicación, la falta de servicios, el drama habitacional. Se agudiza también la economía de puertos, ya no sólo por la razón tradicional de la exportación petrolera sino ahora, además, por la creciente dependencia de las importaciones.

Cuando se habla de “planificación de escritorio” se sugiere un desconocimiento de la realidad. Cabe pensar también en su deformación interesada, en la insinceridad, en el ocultamiento de los verdaderos propósitos. ¿Qué hay, por ejemplo, detrás de los anuncios de una nueva estructura socio-territorial y del poder comunal? Los hechos, por de pronto, son demostrativos del desfase entre propósitos y ejecución, de apego a la ilusión del nominalismo o del voluntarismo. ¿Deberemos pensar que la eficiencia se aplica sólo a los objetivos políticos?

Siempre estuvo claro que el desarrollo no se construye con planes aéreos, pastoreando nubes, elaborando fantasías o promesas engañosas. Y la experiencia sigue demostrando que están condenados al fracaso cuando falta capacidad de ejecución. Al fracaso y a la frustración.