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Eli Bravo

Los planes están para cambiarlos

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Inspirulina domingo 21 de abril de 2013

Inspirulina domingo 21 de abril de 2013

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Si estás pensando en lanzarte a convertir tu sueño en realidad, aventura que significa abrazar el verbo emprender en activo y con todos sus riesgos, seguramente alguien te habrá dicho: “Tienes una excelente idea. Y cuéntame, ¿cuál es tu plan de negocio?”

Planes, como las personas, hay de todo tipo. Si los números se te dan con facilidad, quizás montaste un meticuloso Excel con premisas, escenarios y proyecciones para navegar los primeros años, y ojalá, llegar a puerto seguro. Si prefieres tocar de oído, a lo mejor arrancaste con unas ideas apasionadas y tu plan eran cifras estimadas al vuelo, respaldadas con un entusiasmo a prueba de balas. Refinado o pulpero, se supone que el business plan es indispensable para moverse de la idea al éxito en el menor tiempo posible.

Pero un buen plan no es garantía de que las cosas saldrán como estimamos. La realidad, terca y cambiante, siempre tiene una sorpresa en el camino.

“El plan de negocios, así como todos los otros planes, están para hacerlos y luego olvidarse de ellos”, dicen Jason Friend y David Heinemier en su libro Rework. Para este dúo de emprendedores, planificar es realmente un ejercicio de suposiciones cuando no de adivinanzas. “Si consigues a alguien que haya cumplido su plan de negocios, envíamelo”, me comentó en una entrevista Sergio Fernández, director del Máster de Emprendedores en España. “Lo realmente importante es el pensamiento creativo para adaptarse a los factores cambiantes y la incertidumbre del entorno”.

En los últimos tiempos he conocido a muchas personas con varias toneladas de inspiración y el sueño de construir una empresa exitosa. Yo soy uno de ellos. En el camino he comprobado que la inspiración es vital para salir adelante, pero también que hace falta un modelo que transforme esa inspiración en una empresa sostenible en el tiempo. Y mientras el plan es un mapa del futuro, el modelo es resultado de un proceso de adaptación al presente donde se combinan la experiencia, la inteligencia y unas buenas dosis de improvisación.

Para descubrir ese modelo no basta aplicar el plan de negocios como si fuera un GPS, pues suele ocurrir que mientras el plan te dice “a 50 metros doble a la izquierda”, tú estás viendo que no hay cruce, y además, que tu objetivo se movió a la derecha. Si por querer aplicar tu plan decides girar a la izquierda, después no te quejes si te estrellas contra una pared.

¿Significa esto que hacer un plan de negocios (o de vida) es una pérdida de tiempo? De ninguna forma. Es un ejercicio práctico para entender en qué lugar estamos y hacia dónde queremos ir. Pero nada más. Una vez que nos hemos lanzado a la aventura se convierte en simple referencia. Muy probablemente termines en un lugar distinto al que planeabas. Y eso está bien.

Emprender no es hacer un plan y seguirlo obstinadamente, sino tener la capacidad de leer la realidad y ajustar la dirección día a día. Porque así como en la vida, solo podemos decidir en el momento presente y no siempre el pasado es la mejor forma de imaginarse el futuro (aunque nos ofrezca algunas pistas). A fin de cuentas, la realidad en la que te mueves está ocurriendo ahora. Y tu plan de negocio (así como tu plan de vida) es en el mejor de los casos una fotografía del momento. De aquel momento que intentaste capturar, no de este en el cual estás viviendo.