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Jair de Freitas

¿A quién piensa montar de pasajero?

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Esta semana el Banco Central de Venezuela divulgó un informe en el cual señala que la inflación de abril y mayo fue de 5,7% cada una. Eso quiere decir que en apenas dos meses el incremento promedio de los precios es de 11,4% y que la inflación acumulada durante 2014 ya se ubica en 23%. Dicho en otras palabras: somos aun más pobres porque desde el inicio del año a la fecha nuestro dinero perdió una cuarta parte de su valor y el ajuste del salario mínimo fijado por el presidente obrero se volvió sal y agua.

En este punto es importante que los venezolanos recordemos que durante la presentación del Proyecto de Ley de Presupuesto para 2014, el ministro de Finanzas afirmó que la inflación proyectada para el ejercicio enero-diciembre estaría entre 26% y 28%. Esa cifra que ya de por sí era un escándalo, está al borde de incumplirse cuando todavía quedan siete meses del calendario. Considero que el gabinete económico está hoy más lejos de derrotar la “guerra económica” que cuando comenzaron con el disparate de las cruzadas de los precios justos. Por lo tanto, no tengo dudas: todos esos ministros deben renunciar de inmediato.

Ante la asfixia económica hecha en socialismo, no resulta incongruente que muchos de los habitantes del país prefieran ensayar fuentes propias de ingresos antes que ser asalariados, ello sin importar que no los cobije la legislación laboral y la seguridad social. Basta mirar la cantidad de personas que hoy ofertan productos y servicios a través de redes sociales o el vendedor informal que desesperadamente procura un ingreso “para vivir viviendo”.

Un motorizado, por ejemplo, que presta servicios por cuenta propia en el papel dual de entrega de encomiendas y servicio de taxi, puede tener un ingreso semanal de aproximadamente 5.000 bolívares, es decir, su ingreso mensual ronda en 20.000 bolívares. ¿Cuántos trabajadores formales ganan un salario así o mejor? Suponemos que son pocos porque, según las estadísticas, casi 2 terceras partes de los trabajadores formales ganan apenas un salario mínimo. Un chofer que se dedica exclusivamente al servicio de transporte ejecutivo, en un traslado diario al interior del país percibe una cantidad que oscila 2.000 y 4.000 bolívares. Si el lugar es lejano esa cifra puede superar la cantidad de 6.000 bolívares en una sola jornada. En un esfuerzo consistente, esta persona puede generar un ingreso anual igual o superior a los 500.000 bolívares, es decir, 117 salarios mínimos al año.

Desde luego, tanto el motorizado como el chofer tienen gastos, pero no son comparables con los que, por ejemplo, tiene la empresa donde compran sus repuestos, la cual tiene pagar alquileres mensuales, servicios, impuestos, vender a los precios justos que le indique el Estado y, como muy probablemente contrate trabajadores, entonces está obligada también a cumplir más de 150 deberes laborales que le impone la normativa vigente. Por lo tanto, en Venezuela es más probable que un emprendedor acabe siendo un autoempleado, a que un autoempleado quiera ser un emprendedor.

Tristemente hay que tener presente que ningún país se desarrolla si toda su población económicamente activa trabaja por su cuenta. Por lo tanto, cuando las cifras del Instituto Nacional de Estadística revelan que entre desempleo y sector informal nos aproximamos a 48%, existen motivos para preocuparnos por el destino económico nacional. Al final de cuentas, el problema no está en si usted decide o no ejercer el digno oficio de motorizado o taxista, sino que si seguimos transitando este sendero las pocas empresas productivas que quedan van a quebrar. Si eso ocurre su autoempleo no será viable, pues después de todo ¿a quién piensa montar de pasajero?