La pesadilla de un sexólogo
20 de agosto 2012 - 18:05
Esto que leerán a continuación es un sueño que tuvo mi amigo y colega el sexólogo doctor Rómulo Aponte. Qué fastidio ser una bella flor pegada a un tallo esperando que venga una abeja morbosa para poder reproducirse. Imaginemos que los seres humanos somos asexuados y, para reproducirnos, dependemos de una abeja del tamaño de una oveja.
Veamos: En un lujoso apartamento de Caracas, un conocido periodista y su bella esposa ofrecen un ágape a sus mejores amigos para celebrar su aniversario de bodas. Van llegando los invitados. Todos con ganas de reproducirse. De pronto, por la ventana, entra volando una abeja del tamaño de una oveja.
Al principio todos quedan perplejos, pero inmediatamente reaccionan emocionados. -¡Al fin podremos reproducirnos, mi amor! -grita emocionada una distinguida dama argentina mientras, junto con su esposo, se va quitando la ropa. -¡Apúrate! ¡Desnúdate rapidito para que nos polinicen a nosotros primero! -grita a su esposa, por allá en un rincón, un señor gordo. Desesperados, los dos buscan dónde dejar los vasos de whisky.
La abeja del tamaño de una oveja está desconcertada y tropieza torpemente contra las paredes y los muebles del apartamento. -¡Cierren las ventanas! ¡Que no se escape! -grita la señora Ana, que, aunque ya no está en edad reproductiva, también se ha desnudado aprovechando la confusión. -¿Por qué la naturaleza humana no habrá inventado otra forma de perpetuarse? -piensa un conocido sexólogo que ya está completamente desnudo pero con medias, mientras espera su turno pacientemente sentado en el piso disfrutando de la fiesta.
Aunque todos están chinos en pelotas, la escena no es erótica, ya que los hombres y las mujeres de este cuento no tienen sexo. Son lisos como Barbie y Ken. Las mujeres más jóvenes se voltean y dejan ver sus nalgas con la esperanza de que la abeja del tamaño de una oveja se les pare encima y las polinice. -¡Mi amor, trata de que se te pare para salir polinizada de ti! -le dice una linda chica a su novio que también se ha puesto de rodillas con la cabeza pegada al piso y un girasol en la espalda, con la esperanza de tentar a la abeja que parece una oveja, y salir polinizado también. -A mi casi nunca se me para -responde el joven con vergüenza, tratando de seducir a la abeja que parece una oveja, con un frasquito de miel que se ha puesto al final de la espalda.
A la medianoche, todos han sido polinizados, hasta el mesonero y la señora de servicio. Ana, exhausta, abre la ventana y la abeja que parece una oveja sale extenuada, quizás a polinizar a otros seres. Ojala algún día los hombres y las mujeres descubran el amor e inventen algún sistema más práctico para reproducirse, reflexiona la señora Matute, quien también ha sido polinizada. Lo que pasa ahora es que ya todos nuestros órganos están ocupados: la cabeza piensa, come, ve y oye; las piernas caminan; el pene y la vagina hacen pipí; los pies tienen que cuidar los zapatos.
¿Cuál puede ser el órgano de reproducción del futuro? Debería ser el corazón, que es el que inventa la cosa, pero el muy vivo está dentro ocupado, mandando sangre como loco inútilmente a todos lados. Algún día el género humano evolucionará y entonces, para reproducirnos, no seguiremos copiándonos de las plantas que son tan fastidiosas; a lo mejor el hombre y la mujer inventan una forma más divertida de hacerlo, y entonces no hará falta una abeja que parece una oveja, concluye el doctor Aponte, mientras viste su cuerpo lleno de polen.

