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Antonio Ledezma

Las peroratas

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Mientras el país continua sumido en múltiples dificultades, los voceros del régimen lo que ofrecen son sus largas y fastidiosas peroratas. Letanías cargadas de lugares comunes, de falsos supuestos, de la narrativa creada para suplantar la verdadera historia, la del pasado y la que se va escribiendo hoy día, con el dolor de un pueblo fatigado por las mentiras y acorralado por los trastornos económicos y sociales que se van agudizando, ya pasando la raya del peligro.

Son 15 años en los que se desperdició la etapa de oro de Venezuela, tiempo en que nuestro país vendió, a muy altos precios,  nuestro principal recurso de exportación, el petróleo. Pero en vez de crecer económicamente, lo que tenemos es un declive acentuado y una mala fama que espanta las inversiones de toda índole y naturaleza, y una pesada deuda que hunde el presupuesto nacional en insondables pagos por concepto del servicio que se debe honrar anualmente. Tanto Pdvsa, como las empresas básicas de Guayana, lo que dan son pérdidas y por lo tanto el régimen no tiene ganancias que redistribuir.

El pasado lunes se volvió a montar la escena trillada de las marchas “revolucionarias” que terminan en extenuadas concentraciones en la avenida Bolívar de Caracas. Volvimos a ver las caravanas de autobuses que trajeron a ciudadanos de todos los estados del país, y quienes no escucharon ni una sola propuesta definida de Nicolás Maduro para conjurar el gravísimo problema de la devaluación. Nada dijo, que no fuera la misma monserga de la “inminente invasión de los marines gringos”. La desolación es ya un sentimiento generalizado. No se trata de “una ojeriza de la oposición o de las manipulaciones de factores extranjeros que buscan hacerle daño a la revolución”, como argumentan los publicistas del régimen. La realidad es que más de 80% de los venezolanos estamos inconformes con el drama que evidencia nuestra economía, su estancamiento y el deterioro social que se asoma en cualquier lugar del país.

No hay soluciones para el déficit fiscal, que no sea la locura de seguir imprimiendo billetes devaluados, que lo que trae como consecuencia es más inflación. Por eso las ayudas sociales que otorgan como paliativos los entes públicos, se estrellan contra el alto costo de la vida, en un país donde lo que gana un trabajador diariamente, equivale a menos de un dólar, cuando contrastamos el salario mínimo con el dólar paralelo. Es asombroso que los jerarcas del régimen-quienesdicen respaldar a Maduro incondicionalmente-no le hagan ver, que mientras más habla, más se decepciona y se desconcierta la gente.

@alcaldeledezma