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Beatriz de Majo

De perlas le cayó a Santos

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De perlas le cayó a Juan Manuel Santos la intemperancia de Nicolás Maduro de esta semana. Ante un llamado a la concordia y al diálogo en Venezuela manifestado por el mandatario colombiano a la prensa de su país, Maduro no vaciló en utilizar un lenguaje insultante y agresivo en relación con la actuación del presidente colombiano y la situación interna de su país. Todo ello en cadena nacional. Sucede que Santos había agregado otro detalle a su declaración: su malestar por las deportaciones ilegales de algunos de sus connacionales. Ello le agregó leña al fuego y le hizo perder los estribos, visiblemente, al presidente venezolano.

Para los efectos del momento que vive Colombia, la agresión verbal de su colega venezolano lo que ha provocado en el país vecino es que la sociedad neogranadina cierre filas en torno a su presidente, enorme favor que Maduro le hace a su par colombiano en plena campaña electoral en la que este aspira a repetir su estancia en la Casa de Nariño. Santos ha anunciado su candidatura desde hace unos tres meses y, aunque la presentación de la misma no se ha aún formalizado, es claro que todos sus alfiles están orientados hacia continuar en el poder.

Ocurre que los últimos meses en los que el mandatario ha estado enfrascado en el proceso de paz que se negocia en La Habana, las reacciones de sus gobernados han revestido todas las tonalidades de gris. Hay quienes, apasionada y ciegamente, abrazan las tesis del presidente en cuanto al manejo de la paz y no le ven otra salida a la violencia guerrillera; hay quienes creen inconveniente y excluyen cualquier género de negociación con criminales; hay otros que adelantan propuestas para que los conversatorios de La Habana mejoren, propuestas que son deleznadas por los negociadores; hay quienes ven en ese proceso un instrumento para continuar en el poder o para alcanzar un premio Nobel de la Paz. En fin, Santos se presentará a elecciones con la tarea a medio hacer y con no pocas troneras abiertas en su estrategia y proceso negociador. La guerrilla, por su lado, ha arreciado los ataques a la población para desgracia colectiva.

Como si lo anterior fuera poco, Santos acaba de enfrentar una crisis monumental interna que involucra a sus fuerzas armadas en casos de violaciones flagrantes de los derechos de los individuos, de corrupción y de injerencia en asuntos de potestad exclusiva del Poder Judicial. El comandante de las Fuerzas Armadas fue removido esta semana por el presidente, y otras cabezas de altos militares se han puesto a rodar. Ello también ha socavado, de alguna forma, su fortaleza y candidatura presidencial. Santos, pues, se ha visto sometido a duras pruebas recientes en el manejo de los asuntos del Estado pero, con todo y todo, el presidente en ejercicio sigue siendo la mejor opción electoral del país vecino con 63% de apoyo popular. Pero hay que hacer notar que en los próximos días presentará su candidatura con 14 puntos menos de aceptación que en noviembre de 2013.

Pues bien, este es el momento escogido por Maduro para emprenderla en contra del “nuevo mejor amigo” de Venezuela. Maduro se olvidó, en medio de su arremetida, de lo importante que es tener a Colombia de nuestro lado en estas aciagas horas de desabastecimiento y de falta de crédito internacional. Maduro se olvidó también de lo esencial que es contar con los colombianos para resolver los problemas de bachaqueo fronterizo y de contrabando de extracción que tiene a zulianos y andinos hasta el gorro.

Lo que quizá Maduro ya sabía, a la hora de su explosión verbal, es que pocas horas después de Santos, Barack Obama también lo llamaría al botón y exigiría de su gobierno acercamientos con la disidencia y respeto de sus derechos.

¿Sería esto la verdadera razón de la furieta presidencial?