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Editorial The Washington Post

Los periódicos de Venezuela están atrapados en la campaña represiva del Estado

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La página web del periódico venezolano El Nacional estaba llena hace pocos días con historias sobre la escasez que azota a un país económicamente golpeado. Una de las noticias se refería a la falta de medicinas para pacientes con diabetes. Otra reportaba las múltiples colas en las estaciones de gasolina de Caracas y otras ciudades. Una tercera hacía el recuento sobre la incapacidad del gobierno para pagar a las aerolíneas internacionales los 3,6 millardos de dólares que les debe, lo que ha causado una reducción de los vuelos a Venezuela.

Lo que no se mencionó ese día fue el caso de El Nacional: Debido a la negativa del gobierno de permitir que el periódico importe papel, una de las últimas fuentes independientes de noticias en el país podría pronto limitar su existencia al ciberespacio. “Para obtener papel periódico en Venezuela se necesita una autorización”, nos dijo el presidente editor del periódico, Miguel Henrique Otero, durante una reciente visita a Washington. “Durante año y medio no hemos obtenido papel. No podemos informar al público porque no tenemos papel”.

La discriminación contra el periódico de 71 años es parte de una campaña más amplia del gobierno de Nicolás Maduro para eliminar el último medio independiente del país. Desde 2013 otros 2 grandes periódicos y una cadena de televisión han sido vendidos por sus antiguos dueños a inversores relacionados con el régimen o a empresas fachada cuyos dueños son desconocidos. El resultado ha sido la clausura de la cobertura crítica al gobierno de Maduro, aun cuando gobierna sobre un colapso económico y sobre represión política, que incluye el arresto o persecución de los principales líderes de la oposición.

El señor Otero también nos confesó que han ofrecido comprar su periódico, pero se negó. La negativa de papel continuó. El Nacional se ha visto forzado a reducir sus impresiones, que en algún momento ascendieron a 220.000 periódicos los domingos, a menos de la mitad, y a cortar su edición diaria a 16 páginas, comparadas con las 60 o 70 páginas que tenía varios años atrás. Otros periódicos independientes del país se han visto afectados; una docena ha sido forzada a detener sus impresiones. Pero el caso de El Nacional es particularmente importante porque es el último gran periódico nacional que da una justa cobertura a la oposición política y reporta de forma agresiva problemas como la escasez.

El hecho de que el periódico continúe publicándose se debe a una extraordinaria campaña de solidaridad por parte de otros periódicos latinoamericanos, que han estado enviando su propio papel a Venezuela para abastecer a El Nacional. Entre los participantes en la campaña están editores de Colombia, Costa Rica, Chile, Perú, Brasil, Argentina y Puerto Rico. El apoyo es especialmente impresionante si se considera que los gobiernos de la región han abandonado cualquier esfuerzo para intervenir contra la represión del gobierno de Maduro, a pesar de un tratado de 2001 que los compromete a actuar cuando se ve comprometida la democracia.

El gobierno de Obama, también, se ha mantenido al margen de la crisis venezolana. El Congreso aprobó sanciones contra oficiales venezolanos involucrados en violaciones a los derechos humanos; luego de resistirse a las medidas durante la mayor parte del año, la Casa Blanca ahora dice que las respalda. Retirar las visas y congelar los bienes en Estados Unidos de los ejecutores de las órdenes de Maduro es un paso que vale la pena, pero no salvará Venezuela o a El Nacional. “¿Cuánto tiempo podremos aguantar? No lo sé”, dijo el señor Otero. “Cuánto tiempo podrá aguantar Maduro”.