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Itxu Díaz

La peor profesión del año

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Soy periodista. Quiero decir que me dedico a eso de ir al lugar de los hechos, entrar en el bar, beber varios litros de cerveza, y después sentarme en el ordenador a inventármelo todo. Es un trabajo agotador. Vivimos al límite. Nunca sabes si habrá demasiada cola en la barra, o si el bar cerrará antes de lo previsto, o si se terminará de pronto la cerveza. Sin embargo, creía que tenía un trabajo asqueroso hasta que me enseñaron la clasificación de los 200 mejores y peores empleos, que publica cada año CareerCast. La sorpresa es que hay uno aún peor: el de leñador. Ocupa el puesto número 200. 

Según los autores del estudio, talar árboles es peor que escribir en un periódico. Apuesto a que jamás han escrito en un periódico. Llevarse por delante la cabeza mientras juegas a cortar un habano con la sierra eléctrica no es más doloroso que enfrentarse a la página en blanco a dos horas del cierre de una edición. Las fuentes, como los bomberos forestales, casi nunca llegan a tiempo, y las exclusivas se te caen encima con mucha mayor frecuencia que esos enormes árboles.

Por otra parte, si te equivocas en un titular de portada puedes desencadenar una guerra mundial, mientras que por muy torpe que seas talando árboles, el mayor desastre que puedes ocasionar es dejar el monte como la cabeza de Kim Jong-Un. Y eso sólo puede apreciarse desde un satélite. Me refiero al monte, no a la cabeza del dictador, que en días despejados puede apreciarse a simple vista desde cualquier lugar del planeta.

Tengo algunos amigos escritores, poetas, y periodistas. Y luego tengo otros a los que realmente les pagan por lo que hacen, no por lo que dicen que hacen. Pablo es médico. Tomás es banquero. Jorge es carterista. Y Julián, caso aparte, es el que más gana: es secretario general del director general del presidente local del Comité Nacional de Asesores del Observatorio Subestatal de Comunicación Estratégica. Nadie sabe en qué trabaja, pero su tarjeta de visita desplegable impresiona mucho a los vendedores de enciclopedias a domicilio. 

El periodismo tiene la ventaja de que cualquiera puede hacerlo, y tiene la desventaja de que cualquiera puede hacerlo. Es verdad que hay mucha diferencia entre un buen reportaje y un mal reportaje, pero en el gremio llevan dos siglos intentando averiguar si el buen artículo es el que deja boquiabiertos a tres periodistas de pelo canoso que saben mucho de periodismo, o el que deja boquiabiertos a 10.000 lectores normales. 

Dice el estudio que la de matemático es la mejor profesión del año y eso genera ciertas dudas sobre la naturaleza de los cigarrillos que estuvieron fumando los expertos antes de elaborar la lista. Al parecer, el matemático tiene un bajísimo nivel de estrés y un maravilloso ambiente de trabajo. Todo lo contrario que el periodista, con altísimos niveles de estrés, y un ambiente de trabajo similar al que encuentran los hipopótamos en el zoo, cuando les toca compartir celda con esos monos que tienen el culo rojo y chillan muchísimo, cuyo nombre no recuerdo. 

Y pese a todo, preferiría talar árboles, participar en un reality show, reunirme con 10 community managers, o cualquier otra forma de tortura moderna, antes que enfrentarme a un problema matemático. Que una cosa es que el periodismo sea una jungla problemática, infecta, agotadora, peligrosa, miserable, y canalla, en la que para colmo a veces no queda cerveza, y otra muy diferente es que tenga ganas de ponerme a trabajar. Para eso están los ordenadores.

 

@itxudiaz