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Luis Majul

El peor año de la "década ganada"

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Éste es el peor fin de año de la última década. Y no sólo para el Gobierno, sino para la mayoría de los argentinos. Casi todas las consultoras que miden expectativas sociales y preferencias electorales lo confirman. Una de ellas, que trabaja para dirigentes políticos de distintos partidos y, en especial, para uno de los aspirantes a candidato presidencial con más chances para 2015, terminó de procesar los datos de diciembre. Son espantosos.

Fueron respuestas de 1100 argentinos en todo el país. No incluyeron los cortes de luz, aunque sí los saqueos que se produjeron hasta el 14 de diciembre. Hay un dato que asusta. Se denomina "percepción de la inflación". Es el aumento del costo de vida que "calcula" la gente. Para este 2013, superó el 43%. Y para el año que viene, los encuestados creen que sobrepasará el 50%. Es decir: mucho más allá del umbral en que la inflación se empieza a volver inmanejable.

Pero eso no es todo. Cuando se preguntó por la actual situación del país comparada con los últimos tres meses, 45% respondió "peor"; 40%, "igual", y sólo 11% respondió "mejor". Con un poco menos de pesimismo percibieron el estado de cosas en su propio hogar: 28% lo encontró peor; 50%, igual, y 17%, mejor, a pesar de todo. Pero las expectativas sobre el país y el propio hogar para los próximos tres meses son también muy negativas. O mejor dicho: las más pesimistas desde que la consultora lo viene preguntando, hace casi una década. 28% afirmó que la situación económica y social empeorará; 41%, que permanecerá igual, y 27%, que mejorará. También la imagen positiva de la Presidenta se está derrumbando, a pesar de la decisión oficial de hacerla aparecer sólo para comunicar buenas noticias. Su imagen bajó, por lo menos, 10%.

Parece bastante claro, si se presta atención a los resultados de las últimas encuestas, que la bala de plata que tenía el flamante jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, ya fue disparada, y no dio en el blanco. También resulta evidente que el malhumor social aumenta con la percepción de que hay hechos de corrupción que la Justicia no condena. El desplazamiento de José María Campagnoli es sólo la escena más visible.

Si las elecciones para presidente fueran hoy, ningún candidato del FPV, excepto Daniel Scioli, tendría la más mínima chance de pasar a la segunda vuelta. La mencionada encuestadora ubica primero a Sergio Massa, con más de 26%; segundo, a Daniel Scioli, con casi 19%; tercero, a Hermes Binner, con más de 11%, y cuarto, a Mauricio Macri, con casi 9%. Bastante más abajo coloca a Capitanich, con 5%, igual que Julio Cobos. Y en un tercer escalón pone a José Manuel De la Sota, Florencio Randazzo, Sergio Urribarri, Jorge Altamira y Elisa Carrió.

Pero más allá de las figuras hay otro gran dato económico que tampoco da para ser demasiado optimista. Es la distorsión de los precios relativos. La consultora Melconian y Santángelo maneja números contundentes. Analiza la inflación acumulada de diciembre de 2001 a noviembre de 2013 y la compara con otros precios. Registra un enorme desbarajuste, un problema estructural de difícil solución. Entre 2001 y 2013, el nivel general de precios aumentó 681%; la carne, 1.226%; los alimentos, en general, 1.135%; el dólar oficial, 530%; el dólar paralelo, 875%; el salario privado y formal, 902%; el salario informal, 758%; los combustibles, 744%; el pan, 824%; los alquileres, 350%; los medicamentos, 294%, y las tarifas, 144%.

Recapitulemos. Los casos extremos son los de la carne y los alimentos en general, porque aumentaron mucho más allá del promedio, y el de las tarifas, porque son el precio más atrasado. Analicemos las tarifas. Las de transporte -colectivo, tren y subte- aumentaron 156%. Y las de gas, agua y luz, apenas 120%. Eso explica, en parte, los continuos cortes de luz o, lo que es lo mismo, por qué las distribuidoras de electricidad no invierten. La respuesta salta a la vista: tienen congelado el margen de rentabilidad desde hace casi diez años.

Si en la Argentina las tarifas hubieran seguido el ritmo de la inflación, en los hogares de bajo consumo, la boleta de luz debería pagarse 1.650% más; en los de consumos intermedios pequeños, 480% más, y en los de consumos intermedios grandes, 190% más. Los únicos que están pagando la electricidad por lo que se supone que realmente vale son algunos de los grandes consumidores que sólo representan 10% de la demanda. Pero con eso no alcanza para que las distribuidoras se decidan a hacer las obras de infraestructura que se necesitan para que no se corte la luz.

En algunas provincias, las distribuidoras invirtieron en infraestructura sólo para evitar que los vecinos se les fueran al humo. Pero para invertir tuvieron que dejar de abonar otro servicio: le dejaron de pagar a Cammesa, la distribuidora mayorista de electricidad. Por otra parte, la amenaza de Capitanich y el ministro Julio De Vido de quitarles la concesión a Edenor y Edesur es incumplible.

O para ser más precisos: puede ser tan perjudicial para la Argentina como la expropiación de YPF sin indemnización. Cualquier abogado recién recibido le podría iniciar al Estado un juicio ante el Ciadi por incumplimiento de contrato, ya que hace más de diez años que las empresas no obtienen el margen de ganancia que les habían prometido en los pliegos que firmaron durante el gobierno de Carlos Menem.

La pregunta que se hacen Melconian y Santángelo es la misma que se hicieron Eduardo Curia, más cercano al Gobierno, y la mayoría de los economistas con algo de sentido común: ¿cómo y en qué contexto se van a emparejar o armonizar los precios? ¿El ajuste lo hará el Gobierno que se va o el que llega? La rebelión policial provocada por el enorme atraso salarial, ¿no debería ser considerada una prueba para comprender qué es lo que podría llegar a pasar?

La historia reciente de Argentina demuestra que una distorsión de precios como ésta puede terminar en un Rodrigazo. El fantasma de una salida violenta preocupa a la cúpula de la Iglesia y al papa Francisco. Hace varios meses, incluso antes de la operación de Cristina Fernández, Jorge Bergoglio viene hablando con dirigentes políticos del Gobierno y de la oposición, y a todos les pide lo mismo: que recen por él y que hagan todo lo posible para que esta Argentina cada vez más pobre y más injusta no termine en un baño de sangre.