• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Miguel Ángel Cardozo

¿Una película de miedo?: ciencia ficción, sexo, tortura continuada y…

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El 9 de mayo de 2014, quien les escribe señalaba en su columna de opinión, publicada en El Nacional, que “la oposición –en su diversa totalidad– no puede permitirse el lujo de quedar atrapada en un laberíntico universo de cajas chinas que van desliendo la exigencia colectiva de un mejor presente y de la posibilidad de un futuro hasta disgregarla en parceladas súplicas, por lo que debe entenderse de una vez que el cese de la represión, el desarme de los grupos paramilitares y parapoliciales, la liberación de los injustamente encarcelados, el fin de la impunidad, la separación de los poderes públicos, el cambio del rumbo económico, la abolición del personalismo y muchas otras necesarias reivindicaciones, son parte de esa exigencia” (http://www.el-nacional.com/miguel_angel_cardozo/Cajas-chinas-tuiteo_0_405559598.html).

La (auto)cita viene a cuento por el alud de –fabricados– acontecimientos de días recientes, en momentos en que la ya de por sí severa crisis económica nacional se profundiza, la escasez generalizada se incrementa y sobre jerarcas –y colaboracionistas– del régimen pende como una espada de Damocles la amenaza de unas sanciones –personales– que para ellos se traducirían en el definitivo cierre de las áureas puertas del disfrute de tres lustros de revolucionaria “cosecha”.

Es así como –ad náuseam– el país ha visto desfilar ante sus ojos, cuan sucesión de imágenes cinematográficas, las más caricaturescas situaciones intercaladas con sórdidos eventos que –por si quedaba alguna duda– han terminado de develar la monstruosa faz del “humanismo” socialista del siglo XXI; y todo ello, por supuesto, aderezado con nuevas intrigas jacobsonianas y el deplorable papel del vetusto sureño en el “Pan American Club of Presidents”.

Lo primero fue otra denuncia de supuesta conspiración opositora en la que sobraron los lugares comunes y de la que todavía se esperan pruebas –como se esperan de todas las anteriores–; una denuncia tan gastada que solo sirvió para hacer más patente una irrefutable verdad: que contra la estabilidad nacional únicamente conspiran la ineficiencia, la ineficacia y el desmedido afán de convertir en “polvo cósmico” a todo el que –sin importar su tendencia– disiente de unas ideas retrógradas que ya no tienen cabida en ningún lugar del planeta.

Ese fue el inicio de un pésimo filme que allí debió culminar. Pero claro, cómo esperar alguna consideración de quienes carecen de todo tacto. Y así, cuando los bostezos anunciaban el inicio de la modorra colectiva, la aburrida pieza se tornó de pronto en una extravagante obra para adultos en la que un inefable desnudo condujo a la atónita audiencia a lamentarse de que María Corina o Leopoldo no lo hubiesen protagonizado, en cuyo caso no se habría cometido el “terrible crimen” que se cometió: el estético.

Y a esas alturas del espectáculo, la pregunta que quizás rondaba en la mente del público era si tal puesta en escena no sería el preludio de futuros “escándalos” sexuales en un país que –aunque pregona al mundo su liberalismo– vive atado a innumerables prejuicios en esa materia; un país en el que cuando de sexualidad se trata, las palabras “pene”, “vagina”, “ano”, “boca” y otras conexas, desatan la mojigatería; y ni hablar del efecto que sobre la pacatería nacional produce la perspectiva de las válidas posibilidades –en tanto se desarrollen de forma consensuada entre dos o más personas biológica, psicológica y legalmente adultas– que proporcionan las múltiples combinaciones de esos términos.

¿Será entonces que –como antiquísima y sempiterna estrategia de arrollamiento político– se comenzarán a ventilar “pecados” –reales o ficticios– de líderes opositores ante una sociedad en la que –al parecer– existe poca tolerancia hacia saludables prácticas que no calzan dentro de clásicas nociones?

Pero un momento, porque esa duda no marca el fin de la película. ¡Faltaría más! El verdadero clímax llegó con la tortura continuada a Leopoldo, a Christian y a Marco a través de una interminable audiencia que finalmente arrojó como saldo la definitiva demolición de lo poco que quedaba de Estado de Derecho, dado que más allá de la situación particular de estos tres dignos compatriotas, la infausta decisión tomada en la madrugada del pasado 5 de junio abre una caja de Pandora judicial que coloca a todos los venezolanos a merced del capricho de la satrapía reinante.

Claro que no escasean los espectadores que ante el inminente desenlace todavía exclaman –al modo en que advirtió hace más de una década el nunca bien ponderado maestro Orlando Urdaneta–: ¡No vale, yo no creo!; aunque su frágil incredulidad no podrá resistir por mucho tiempo el peso de la evidencia proporcionada por nuevos eventos, como el de la absurda citación a Miguel Henrique Otero y a su hija, Alejandra Otero, para rendir declaración en el Sebin sobre un caso aún desconocido, o la persecución a respetables ciudadanos como María Corina Machado, Diego Arria y Pedro Burelli, sin elementos que justifiquen su comparecencia ante la “justicia” venezolana.

Entre tanto, la trama se envilece con la adición de más casos de estrambóticos –aunque fallidos– intentos de amedrentamiento –por ejemplo, la reciente citación a la dirigente juvenil Gaby Arellano– y el avance de la censura a través de las multimillonarias adquisiciones de medios de comunicación y la forzosa salida de estos de valientes opositores –como la de Luis Chataing, que ha asombrado incluso a contumaces adeptos del régimen–.

Y ahora, con la atención del público dispersa en las innumerables historias de tan curiosa trama, a las que también se suman estrepitosas defenestraciones y una nueva teoría etiopatogénica del cáncer que de seguro despertará el interés en el Karolinska Institutet –pero no por válida sino por ridícula–, en los rojos estudios se prepara la mayor producción de terror de todos los tiempos.

¿Contribuirá el país –por acción u omisión– a su filmación?

 

P. S.: Lo anterior no es un mensaje subliminal.

 

* Profesor de postgrado de la UCAB e investigador.

 

** Doctorando en Gestión de Investigación y Desarrollo, UCV. Especialista y magíster en Gerencia de Servicios Asistenciales en Salud, UCAB. Odontólogo, UCV.

 

@MiguelCardozoM