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Hugo Acero Velásquez

No es pecado, es delito

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Hace algunos días, la Iglesia sostuvo que era un pecado que los adultos entregaran pólvora a los menores para que se quemaran, y trasladar así la responsabilidad exclusivamente a los ciudadanos, como lo hace el Estado con sus campañas y acciones para prevenir el uso de la pólvora y los lesionados, cuyo número se incrementa por estas épocas, especialmente entre menores de edad.

Un pecado es un delito que comete principalmente el Estado, que no cumple a cabalidad la responsabilidad de proteger el derecho a la vida y la integridad de los ciudadanos, prohibiendo de una vez por todas que los ciudadanos usen la pólvora en todo el territorio nacional, y solo autorizando a empresas responsables y profesionales expertos la presentación de los espectáculos pirotécnicos. También cometemos un delito los adultos que usamos pólvora y que dejamos que los menores de edad la manipulen, cuando tenemos la corresponsabilidad de protegerlos.

Desde hace algunos años he venido insistiendo en lo mismo, y desmotiva ver solo a los ministros y secretarios de Salud, al director del ICBF, a los profesionales de la salud y a unos pocos alcaldes preocupados por los problemas que genera el uso indiscriminado de la pólvora y proponiendo su prohibición, mientras el gobierno nacional, el Congreso y la gran mayoría de los alcaldes no hacen nada para solucionar definitivamente esta problemática, que solo deja quemados, mutilados, ciegos y muertos.

Ya en esta Navidad no se hizo nada, pero a comienzos de enero de 2014 el ministro de Salud, que es un gran profesional, debería salir a los medios, presentar las dramáticas cifras de quemados, avergonzarse y avergonzarnos y, con el apoyo del presidente, anunciar que, a partir de enero, se les va a prohibir el uso de la pólvora a los ciudadanos comunes, y solo se van a autorizar espectáculos pirotécnicos realizados por expertos. Con esto, los productores de tal elemento tendrían casi un año para que, con el apoyo del gobierno y las autoridades departamentales y municipales, puedan profesionalizarse o cambiar de actividad productiva.

Con esto no solo se evitaría gran cantidad de lesionados, sino que, además, retornaría la tranquilidad a muchos ciudadanos, que ven cómo la convivencia resulta afectada por el uso indiscriminado de la pólvora, como ocurre en Medellín, donde, desde hace años, los narcos, cada vez que logran enviar droga al exterior, celebran con gran cantidad de pólvora, y donde la famosa alborada, que comenzó como una actividad de los narcos de la “oficina de Envigado”, hoy se generalizó en la ciudad, afectando la tranquilidad y convivencia de los ciudadanos a comienzos de todos los diciembres. Actividades ilegales y riesgosas que se extendieron a toda la población; hoy no hay victoria o derrota del Medellín o el Nacional que no se celebre con pólvora y que no deje una buena cantidad de heridos.

Claro, no basta con la sola prohibición legal. Es necesario dar alternativas laborales y de ingreso a la gran mayoría de productores de pólvora, que son artesanos que subsisten y mantienen a sus familias con esta actividad. También hay que realizar esfuerzos para cambiar los comportamientos culturales que nos llevan a utilizar este producto peligroso todos los diciembres o cuando celebramos algún acontecimiento social, político o religioso. Es decir, hay que desarrollar una estrategia de cultura ciudadana que, además de fortalecer el control legal, fortalezca el control social (cultural) e individual (moral) sobre el uso de la pólvora entre los ciudadanos, y solo aceptemos los espectáculos pirotécnicos controlados por las autoridades, donde tendrían cabida los actuales productores artesanales, previa capacitación y profesionalización. El ministro de Salud y el gobierno tienen la palabra para que el año entrante tengamos menos quemados, más tranquilidad y más convivencia.