• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Freddy Carquez

¿La paz del presidente?

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Tomar la iniciativa de la democratización de las funciones del Estado venezolano y desarrollarlas con efectividad y transparencia en el presente es una exigencia imperiosa, porque ese es el único y el auténtico camino para la paz, perspectiva que tropieza con la importante limitación de que el presidente está acompañado por venezolanos que se han destacado por una continua violación de las normas constitucionales, comportamiento que además se encuentra muy incorporado en la práctica política de la estructura burocrática del PSUV.

Razones por las cuales entendemos que es bastante difícil subir con éxito la cuesta de modificar comportamientos como los de Diosdado Cabello, residente, amo y señor de la Asamblea Nacional, que constantemente, junto con su combo, juega adelantado y el enreda el papagayo al Ejecutivo o le enmienda la plana a las orientaciones de la Presidencia, tal y como hemos podido apreciar en su constante agresión a los derechos de la oposición parlamentaria.

Meter en cintura a los gobernadores que, como Ameliach o Vielma Mora, han batido el récord de víctimas de la represión es absolutamente necesario, hay que obligarlos a dar la cara y, sobre todo, explicaciones claras acerca de cómo resolver los diversos problemas que padecen sus comunidades sin alentar la represión y multiplicar las agresiones, porque las solicitudes constituyen una exigencia justa de parte de ellas, independientemente de las deformaciones no compartidas que hayan tomado sus justas protestas.

Persuadir a los altos mandos militares, a los restantes gobernadores del país y a los alcaldes tipo Jorge Rodríguez de que los problemas que se ventilan en las movilizaciones, en las marchas o en las tomas es eminentemente político y, además, ocasionado por los graves errores que en materia de economía y de políticas públicas ha cometido el gobierno chavo-madurista, profundas deficiencias que han conducido al franco deterioro del aparato productivo venezolano, con sus trágicas consecuencias de inflación, desempleo, escasez, violencia y pobreza.


Admitir que se ha convertido en indispensable acatar la Constitución Nacional, que sus normas están por encima del poder del Ejecutivo, que el respeto que reclama el señor presidente depende a su vez de su respeto fiel al texto de la carta magna, que es por allí por donde debemos comenzar en serio la normalización del escenario público de la nación, al convertirse él en el principal ejemplo de tolerancia y de concordia mejorando sustancialmente su discurso y persuadiendo a los violentistas de dentro y de fuera de que no es una farsa más el llamado al diálogo con la oposición y con la nación.

Creo entendemos que mucho más allá del delirio hegemónico del ministro Elías Jaua se nos ha convertido en una necesidad a todos los venezolanos ponernos de acuerdo sobre aspectos básicos, pero esenciales, del funcionamiento del Estado, por lo que es indispensable que el Parlamento trabaje para todos y deje de ser la guarimba de Diosdado, que el TSJ deje de ser un apéndice del Ejecutivo funcionando como un tribunal de alzada, listo para castigar a los opositores, y que el Poder Judicial al igual que el Poder Electoral recuperen su autonomía.

Pero, además, las FANB deben definitivamente en serio asumir el control y monopolio de las armas, su infantil pero absurda partidización constituye un insensato abuso de poder, es una auténtica agresión al Estado de Derecho y está entre sus responsabilidades controlar y disolver los grupos parapoliciales y paramilitares organizados por el PSUV, decisión que debe ser acompañada de la investigación de las responsabilidades en la conducción de ellos y precisión de los desafueros cometidos.

Han sobrado en la actualidad las declaraciones del presidente referidas a las dificultades económicas y sociales que atraviesan los ciudadanos; se permitió incluso en su carta publicada en el The New York Times hacer afirmaciones que nos resultan muy discutibles por carecer de actualidad y de verificación en el terreno de la realidad de la población.


Y creo, ciudadano presidente, que es falsa una buena parte de la propaganda construida en torno a las condiciones de vida de nuestras mayorías; basta apreciar el abismo entre los precios de los alimentos con el poder adquisitivo del salario mínimo nacional, o pasarle revista a las existencias en los mercados, porque la comida, además de cara, es escasa; o asomarse enfermo y desempleado a cualquiera de las emergencias de los centros hospitalarios venezolanos, tanto públicos como privados.

Han pasado 15 años de gobierno y aún ignoramos cómo se ha gastado una buena parte del descomunal ingreso en divisas que la nación ha recibido, porque las promesas en infraestructura, empleos productivos, viviendas cómodas o salud pública siguen pendientes y su compromiso en la lucha contra la corrupción solo han sido hasta ahora declaraciones que posiblemente pronto serán parte del olvido, ignorando incluso los señalamientos hechos por funcionarios prominentes del Estado.

Es cierto que se ha combatido la miseria pero a través del asistencialismo clientelar, por lo cual, Elías Eljuri, aunque no lo comprendas o no lo admitas, paradójicamente la pobreza se ha profundizado, al carecer la sociedad de crecimiento económico sostenido como producto del desarrollo integral de sus fuerzas productivas, apoyadas en los proyectos locales e incorporando en forma organizada y con independencia política a los productores y a los trabajadores nacionales. 


Lo siento mucho presidente, pero no puedo de dejar de recordarle una vez más, que tanto usted como los equipos del gobierno que dirige viven desde hace algunos años blindados y dolarizados, razón más que suficiente para limitarlos en sus capacidades para recibir y comprender el dramático mensaje que esta sociedad del presente (2014) le ha enviado, a través de la inmensa protesta que ella ha organizado y dirigido, verdadero debut de su protagonismo como interlocutor válido e independiente frente al poder.