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Froilán Barrios

Las pausas políticas de los mundiales de fútbol

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Si hay un deporte influyente en los cinco continentes es este, llámese calcio, soccer, balompié, fútbol, y al compararlo con cualquier otro veremos que en cualquier lugar del mundo desde niños a adultos es accesible practicarlo, lo que lo convierte en el deporte verdaderamente universal potable a cualquier sistema político, creencia religiosa o condición geográfica del planeta.

Por tanto, en su larga historia de eventos (20 hasta el presente 2014) iniciada en 1930 la cita universal de cada 4 años capta la atención de multitudes, el fervor y el respiro de las tensiones políticas que han sacudido a la humanidad durante el siglo XX y lo que va del XXI, no estando exentos del aliño político del Estado a la hora de realizarse o de utilizarlos como distracción a crisis económicas y sociales en las que se cuestiona a los gobernantes.

El sacudón que estremece hoy a Brasil 2014 tiene sus antecedentes en Suráfrica 2010, país de una convulsa situación política donde se invirtieron millardos de dólares en los estadios ignorando la realidad social de una región de desigualdades sociales: sin viviendas, con desempleo y pobreza generalizada y una de las tasas más altas de criminalidad del mundo (50 homicidios diarios), incluso conflictos laborales por bajos salarios.

Otro momento crítico de este evento del deporte rey lo caracterizó el Mundial de 1978, durante la dictadura argentina, hecho repudiado por los países europeos debido al régimen existente desde 1976 bajo el llamado Proceso de Reorganización Nacional. Donde el gobierno militar de Videla movió influencias para que la selección anfitriona quedara campeona y así favorecer la imagen política a partir del triunfo deportivo. Pese a que hubo amenazas de algunos equipos clasificados de no participar, dada la situación política, no hubo ninguna selección ausente. Solo la figura de Holanda en aquel entonces, Johan Cruyff, se reservó el derecho de acudir a la cita orbital, y los jugadores de aquella selección se abstuvieron de saludar a la junta militar cuando recibieron las medallas de subcampeones; posteriormente se reunieron con las Madres de la Plaza de Mayo. (Valle y Suaza).

Similar orientación tuvieron los mundiales de 1934 y 1938 realizados en Italia y Francia en muestra del afán por plasmar la imagen del momento político y social bajo el mandato de Benito Mussolini, quien fue enfático en la necesidad de que la selección italiana ganara el campeonato, lo que se logró gracias a turbios arbitrajes que favorecieron a los azzurri. En síntesis, fue un mundial donde los fines propagandísticos de un régimen político se hicieron evidentes y posicionaron al campeón como un ejemplo del poderío fascista.

En definitiva, demuestra que la pretensión de manipular desde gobiernos estos eventos son aspiraciones de vuelo corto que se esfuman cuando la pobreza, el desempleo, la crisis económica y la incapacidad gobernante se encargan de bajar a tierra y demostrar la terrible realidad que los conduce a la miseria.

 

*Movimiento Laborista