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Adolfo P. Salgueiro

Tenemos patria pero más nada. ¿Es suficiente?

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Acaba de conmemorarse el septuagésimo aniversario de uno de los hechos mas polémicos de la historia de la Humanidad: el lanzamiento de bombas atómicas sobre los ciudades de Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945. Desde entonces a la fecha Japón hace décadas ya que se recuperó de aquella desgracia para ofrecer hoy a sus habitantes un marco de bienestar y seguridad que son modelo y ejemplo para el mundo entero.

Están por cumplirse dieciséis años de gobierno bajo el modelo de “socialismo del siglo XXI” en Venezuela los cuales nos presentan como balance todas las desgracias que ya sabemos y la poca esperanza de que pueda haber una recuperación a menos que haya un pacto social de rectificación y trabajo.

Feo paralelismo sin duda pero –exageraciones aparte- no podemos reconocer como “nuestra Venezuela” (la de todos) a esta tierra donde hay que importar no solo la mayoría de la canasta alimentaria sino ahora también el papel para imprimir –descontroladamente-  los billetes cuya mas alta denominación –según estudios supuestamente confiables- tiene un valor monetario inferior al costo de su impresión o –como señaló CNN- similar al de unas servilleta lo cual constituye un fenómeno inentendible  e insultante en cualquier lugar del planeta.

No podemos reconocer como “nuestra” a una Venezuela que por razones ideológicas  dejó perjudicar bastante –si no definitivamente- una importante reclamación territorial para una vez perpetrado el daño mandar a su Vicepresidente y a su Canciller  a una misión imposible de control de danos por países vecinos y otrora clientes de un manirrotismo demencial tan solo para que en sus caras les dijeran que cada uno de ellos se ha cuadrado con la “integridad territorial de Guyana” o los mas disimulados apenas afirmar que “apoyan la diplomacia de paz”. Habrá que ver como se pronunciarán los “No Alineados” si es que –en definitiva- se reúnen en Caracas antes de fin de año como estaba originalmente programado y hoy en pico de zamuro.

 

No podemos reconocer como “nuestra” a una Venezuela cuya gerencia petrolera chimba ha dejado caer la producción y  -dominada por la política- no ha tomado previsión alguna para la época de las vacas flacas como sí lo han hecho otros socios dentro y fuera de la OPEP. Es así como ahora importamos gasolina mientras no se tomó en cuenta que Estados Unidos está a punto de transformarse en exportador neto de energía la cual –de paso- va en camino de llegar a precio vil.

No podemos reconocer como “nuestra” a la Venezuela que otrora rutilaba como faro de democracia y estabilidad en un mundo y un continente bastante desorientado mientras que ahora enfrenta supuestos complots urdidos en los escenarios mas insólitos.

La semana que acaba de transcurrir nos ofreció el triste e insultante espectáculo de un supuesto asesino “confesando” haberse reunido con dirigentes opositores nacionales e internacionales cuya estatura y prestigio los exime de rebajarse a urdir conspiraciones con esa clase de personajillos. El guión nos recuerda al famoso “testigo estrella” alguna vez inventado por el anterior Fiscal General que afirmó quedar convencido de los dichos del impostor de entonces  dado el calor de su mirada.  Además, si el ciudadano Presidente tiene una prueba definitiva –como lo afirmó - entendemos que  siendo él funcionario público y habiendo una investigación oficial en curso, está en la obligación de ofrecer tal evidencia ahora y no en “el momento histórico” al que se refirió,  el cual –muy  probablemente- vaya a coincidir o relacionarse con la multiplicación de los episodios de saqueos e inquietud social que –lamentablemente- comienzan a multiplicarse.

Mi Venezuela –la auténticamente mía, de este escribidor- es ni mas ni menos  la que por cuarenta años creció, hizo obras, igualó a sus habitante hacia arriba aun cuando desgraciadamente también engendró y toleró vicios que ayudaron a llegar a estos lodos. Entonces había patria, comida, medicamentos, división de poderes etc. Hoy solamente tenemos “patria” que es bastante pero  -por lo que se ve en las encuestas- no suficiente para 80% de descontentos que el 6 de diciembre expresarán su voluntad. Lo ideal sería recuperar aquella Venezuela e incorporar los correctivos que sean menester.