• Caracas (Venezuela)

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Alexander Cambero

La patria de María Corina

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Los cobardes la retuvieron al llegar a Maiquetía. Salieron presurosos a tratar de amedrentarla y se encontraron con un fortín amurallado de dignidad, con una líder que no sabe recular sino que enfrenta con decisión cualquier patraña oficial. El régimen, ante la avalancha popular, tuvo que quedarse con los crespos hechos. Fueron extraordinarias las muestras de adhesión que recibió, al cruzar los pasillos del aeropuerto, con una bandera de la patria que iluminaba su rostro agradecido.

La patria palpita en la nobleza de esta mujer. Algo se mueve dentro de su alma que la hace distinta, no sabe de sumisiones y responde a profundas convicciones que nacen de una personalidad fraguada en principios bien definidos. Ha podido vivir plácidamente en cualquier nación de la tierra ejerciendo algún cargo de máximo nivel en organismos multilaterales. Llenándose de reconocimientos por sus éxitos como profesional de alto vuelo. Sin embargo, prefirió luchar en las entrañas de la patria mancillada. María Corina Machado tuvo la capacidad de entender que tenía un compromiso de vida con Venezuela. La hemos visto recorrer la geografía nacional con una dedicación admirable. Un esfuerzo ciclópeo en donde se convirtió en una vocera infatigable por los derechos de los más desposeídos. En el Parlamento venezolano se ha transformado en su mejor exponente. Con un inmenso coraje que no se arruga ante la ofensiva descomunal del terror. Mientras otros callan, por cobardes o por falta de testosterona, ella se yergue como una voz en un desierto de eunucos. Un ecosistema de miserias en donde se dan la mano el negocio y los temerosos; haciendo del templo de las ideas un tributo para la infamia. Un escenario donde la dignidad es un producto escaso. Hemos visto debates que dan vergüenza, es increíble el grado de profundo deterioro que presenta el cuerpo, funcionan como un brazo político del Gobierno. Carecen de autonomía, son simples marionetas que levantan la mano sin chistar.

Con gran firmeza acudió a Washington tratando de denunciar en la OEA la masacre que practica este régimen genocida. La chequera petrolera sacó a relucir a sus aliados comprados desde hace mucho tiempo, solo algunas voces dignas, no se sumaron al carrusel demoníaco de los cómplices. Sin embargo, el mundo a través de los medios independientes supo la verdad acerca de Venezuela. Tuvo que vencer grandes obstáculos para poder denunciar tanto horror ocultado por los mecanismos intimidatorios de Miraflores. Su rueda de prensa junto al representante de Panamá fue una cátedra de valentía. Con gran precisión fue hilvanando la idea hasta concluir que estamos en plena dictadura. La larga mano corruptora del régimen no logró terminar de silenciar a los micrófonos, el periodismo se zafó de las mordazas para obtener de viva voz la verdad de lo que acontece en esta patria.

Estamos seguros que la voz de María Corina Machado no quedará extraviada en el desierto de la soledad. Millones comprenden que llegó la hora de apartar los egoísmos e intereses bastardos. La patria requiere del encuentro de todos sus hijos. La valiente mujer regresa a su patria corriendo muchos riesgos, pero con la dignidad de aquella que no se arrastró como sanguijuela…