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Adolfo Taylhardat

¿Qué pasó?

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Debo confesar que la reunión del Consejo Permanente de la OEA del jueves 23 de junio, convocada con carácter extraordinario a solicitud del Secretario General de la OEA con base en las disposiciones de la propia Carta de la OEA y de la Carta Democrática Interamericana, me dejó un poco perplejo, por decir lo menos.

Esta convocatoria despertó justificadas expectativas en Venezuela y en la región ya que tenía como finalidad principal considerar el enjundioso y categórico informe del Secretario General Luis Almagro sobre la situación en Venezuela, el cual podía ser el gatillo para activar la aplicación de la CDI.

El inicio de la reunión se vio perturbado con una solicitud de la “canciller” venezolana para que  no se aprobara el Orden del Día (Agenda) de la reunión, que tenía como único tema el Informe del Secretario General sobre la situación en Venezuela. Fue una torpe maniobra de procedimiento que perseguía impedir que se efectuara la sesión. La “canciller” acompañó su solicitud con otro de sus discursos destemplados y agresivos, sazonado con insultos y acusaciones contra el Secretario General atribuyéndole actividades subversivas contra el régimen venezolano supuestamente en connivencia con el gobierno de los Estados Unidos y en complicidad con “la derecha burguesa” venezolana. Cada vez que esa señora habla se desacredita más y pone en ridículo al país.

La propuesta de la “canciller” fue derrotada y el Orden del Día cuyo único tema era el informe del secretario general fue finalmente aprobado por 20 votos a favor, 12 en contra y dos abstenciones. Esto ha sido aplaudido como un triunfo de la oposición frente al oficialismo. En cierto modo es así, pero fue una simple incidencia de procedimiento que afortunadamente permitió que la sesión se llevara a cabo.

El Secretario General presentó su Informe, el cual consistió en una versión actualizada del anterior. Proporcionó nuevos datos acerca de la situación venezolana y suministró nuevas cifras y estadísticas de los atropellos del régimen contra el ejercicio de los derechos humanos, la libertad de prensa la independencia y autonomía de Asamblea Nacional y la crisis humana que agobia a los venezolanos. Además se refirió reiteradamente a la situación de ruptura del orden democrático y constitucional que se vive en el país. Fue una presentación impecable, sin estridencias pero muy objetiva e impactante.

La intervención del secretario general fue seguida de intervenciones de prácticamente todos los países miembros. En esta parte de la reunión se pudo apreciar un silencio casi total acerca del referendo revocatorio. Algunos países se refirieron al respeto de los procedimientos electorales contemplados en la constitución  (una referencia velada y tímida al referendo). Prevalecieron insistentes manifestaciones de apoyo al diálogo y a las recomendaciones de los “tres mosqueteros” así como  al papel de Unasur. Hubo también   pedidos  para que se apresure ese  ejercicio y se obtengan resultados. Las referencias a la Carta Democrática brillaron por su ausencia salvo en las intervenciones de la representante de Paraguay y del embajador de Estados Unidos. Nadie se refirió al fondo del informe de Almagro.

Una vez completada la ronda de intervenciones  en la cual participaron casi todos los Estados miembros, el presidente del Consejo cerró la sesión limitándose a decir que el Consejo tomaba nota de las intervenciones pronunciadas durante la sesión. Ni siquiera dijo que se tomaba nota del informe del Secretario General, que era lo menos que ha debido decir.

Resulta sorprende que una sesión extraordinaria del Consejo, acerca de la cual se esperaba algún resultado concreto, haya terminado de esa manera, sin pena ni gloria. Si la ausencia de un documento conclusivo de la reunión celebrada por el Consejo el 21 de junio resultó extraña, la ausencia en esta de alguna declaración que marcara una pauta para el desarrollo ulterior del importante tema que estuvo bajo consideración, resulta a todas luces, capciosa.

Da la impresión de que algo se hubiera cocinado por debajo de cuerda, que condujo a esa extraña manera de proceder en la reunión del Consejo de la OEA. Lo que yo pueda decir sobre esto serían simples elucubraciones. Pero pienso que tiene algo que ver con la visita del señor Thomas Shannon a Venezuela. En los últimos días se ha venido hablando de transición. Incluso, según una nota de prensa el mismo Shannon dijo que había planteado al ilegítimo apátrida la posibilidad de “ir a una transición política en el país”. Seguramente también trató es idea con las figuras de la oposición con quienes conversó. Allí puede estar el origen de la sordina que prevaleció en la sesión del Consejo Permanente de la OEA y de la extraña manera como terminó esa reunión. 

La transición puede ser un paso hacia el cambio que todos buscamos, pero bajo ningún respecto puede ser un sustituto del revocatorio. Estoy seguro de que esto lo tiene claro las MUD.