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Luis Manuel Aguana

El poder constituyente: ¿cambiamos al país o cambiamos al gobierno?

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Una vez más mi agradecimiento a la Cátedra Pío Tamayo y al profesor Agustín Blanco Muñoz por la gentileza de convocarme a debatir estos temas de importancia para el país.

El título del foro: “¿Cual es la salida a la situación actual?”, a mi parecer no es la pregunta correcta. Las preguntas correctas son las que llevan a las respuestas correctas. La salida a la situación actual debería ser la consecuencia de una serie de acciones que debimos iniciar los venezolanos desde hace muchísimo tiempo y que han producido metástasis en el cuerpo social y político de nuestro país, como bien lo ilustra la caricatura de Weil estampada en la convocatoria a esta conversación.

Yo ensayaría las siguientes preguntas: “¿Tenemos los venezolanos el adecuado sistema de organización política e institucional, capaz de enfrentar las complejidades del mundo moderno, y a la vez producir desarrollo y bienestar?”. O mejor esta otra: “¿A estas alturas de nuestro devenir histórico es posible pensar que un sistema centralizado de toma de decisiones basado en la figura de un líder único, llámese, Chávez, Capriles, María Corina, Leopoldo Lopez o cualquiera, puede resolverles a los venezolanos todos sus problemas, esta vez con mucho menos dinero del que tuvimos en el pasado, con una complejidad administrativa multiplicada de manera exponencial?”…

Decía en una nota que publiqué hace poco que si, por ejemplo, hay un sistema que le da la responsabilidad a un portero para que administre la agenda de reuniones de un ministro, este solo terminará atendiendo a quienes el portero desee. Incluso invariablemente llegará al extremo de cobrar por ver al ministro. Entonces, no es el portero quien tendrá la culpa de que el ministro no vea a quien deba o sea ineficiente en su gestión, sino a quien se le ocurrió la tremenda idea de un sistema donde el portero administra la agenda de reuniones de un ministro.

Y eso es exactamente lo que está ocurriendo en Venezuela. Todo el sistema de relaciones de poder está obsoleto, dañado y muy corrompido, y no es capaz de satisfacer las necesidades del país, independientemente de quién lo conduzca. Y esto no es desde ahora sino desde hace muchos años. Y este sistema empezó a hacer aguas desde que los venezolanos no entendieron las señales de que estaba necesitando a gritos un ajuste y se ignoró deliberadamente o por negligencia criminal.

Una señal significativa fue el Caracazo. Al utilizar las elecciones de gobernadores y alcaldes de 1989 como válvula de escape a la presión de la población, se le vendió a la gente la ilusión de “control político” del país. Nunca se soltaron los recursos y siempre quedó a la discrecionalidad del Ejecutivo el desarrollo regional y nacional. La corrupción hizo el resto cuando los ingresos subieron. Teníamos gobernadores y alcaldes electos pero sin poder resolver los más mínimos problemas de sus comunidades.

Surge entonces una nueva excusa: “No me bajan los recursos”. Un ejemplo: en 2014 del total del Presupuesto Nacional de 552.632,6 millones de bolívares solo corresponde al situado estadal y municipal 88.024 bolívares, esto es 15,92% de los ingresos totales del país. Óigase bien, lo que administran realmente los gobernadores y alcaldes para resolver los problemas de la gente es solo 15,92% de lo que ingresa al país, y eso cuando se los entregan. El restante 84,08% queda a la discrecionalidad de una persona, el presidente de la república. El presidente decide si les entrega o no los recursos a los estados en obras o servicios. Todo esto sin contar con los reales que le han sustraído a Pdvsa y administra directamente el presidente enviándoselo a otros países y a las misiones del gobierno sin ningún control. Ni siquiera en la empresa familiar más modesta ocurre nada semejante. Ningún país puede funcionar así.

Y esto es solo una pequeña parte del problema. Existen otros igual de grandes como los de la administración de la justicia.
¿Sabían ustedes que los pranes de la Penitenciaría General de Venezuela en San Juan de los Morros asignan los cupos de la Universidad Experimental Rómulo Gallegos? Las madres van a entrevistarse a la cárcel con los pranes para negociar cupos para sus hijos en la universidad. La perversión en su nivel más extremo. Esa cárcel no depende del estado Guárico de ninguna manera, pero afecta la vida de esa gente. Si la justicia no está donde pasan las cosas, no está en ningún lado.
Tenemos que cambiar eso.

Entonces, si los venezolanos creemos que porque se vaya este régimen y venga “la democracia” nuestras condiciones de vida cambiarán significativamente, manteniendo este sistema de hacer las cosas, nos estamos engañando de una manera ingenua, por decir lo menos. En poco tiempo volveríamos al caos de 1998. El problema a debatir entonces es cuál sistema debemos diseñar y construir para que pueda existir una Venezuela viable y de futuro.

El planteamiento del Proyecto País Venezuela Reconciliada va mucho más allá de descentralizar funciones. Va en el sentido de empoderar a las regiones, vía la construcción de un verdadero pacto federal, diseñando un nuevo sistema de relaciones de poder en el que cada región y sus habitantes decidan su futuro de acuerdo con sus potencialidades, haciendo valer sus constituciones estadales para poder sostener las responsabilidades que involucran la administración real de los recursos que les corresponden.

Explicamos en 12 ejes del desarrollo cuál podría ser esa Venezuela del futuro que hay que construir. Es obvio que una nueva estructura de poder regional y federal, con un Senado, un poder parlamentario fuerte, un presidente y un vicepresidente elegidos con doble vuelta, y una distribución regional y federal del ingreso nacional, no se corresponde con la estructura constitucional que existe en la actualidad. Y es por eso que la vía debe ser constitucional al convocar a una asamblea nacional constituyente.

Ahora bien, explicado lo anterior, que las razones que nos mueven a un cambio constitucional no son ni pueden ser “salir de Maduro y el resto de los poderes públicos”, ¿cómo llegamos a eso? Primero que nada, explicándole al país lo que deseamos hacer, como lo estamos haciendo ahora. La respuesta de las regiones que hemos visitado ha sido inusitadamente abrumadora: ¡¿Qué hay que hacer y dónde hay que firmar?!

Pero las respuestas no son simples. Hay que explicar también que el cambio hacia un nuevo país y una nueva manera de hacer las cosas se fundamenta en dos principios consagrados en la Constitución: El artículo 5: “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo…”, y el artículo 347: “El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder puede convocar a una asamblea nacional constituyente con el objeto de transformar al Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva constitución”. Esto último es una bomba atómica para cualquier régimen.

El artículo 347 es hijo de la sentencia de la antigua Corte Suprema de Justicia que le dio a Chávez el poder de convocar una asamblea nacional constituyente sin estar contemplado en la Constitución de 1961. La regla de los constitucionalistas funciona aquí como funcionó en 1999: “El poder constituyente de hoy no puede condicionar el poder constituyente del mañana”. O dicho de otra manera el poder constituyente de 1999, no puede atar el poder constituyente que podamos invocar hoy. Hoy podemos invocar al poder constituyente para hacer una nueva constitución como se hizo en 1999, pasando por encima de la realizada por Chávez y sus constituyentes elegidos por unas reglas tramposas, pero ahora sin la necesidad de una decisión de ninguna corte porque ahora está establecido en la Constitución. Lo que es bueno para el pavo, también es bueno para los pollos.

Si el pueblo es el depositario del poder constituyente originario, no puede en ningún caso el poder constituido definir las reglas para su convocatoria ni su elección, así sea convocada incluso por el propio presidente de la república, en cuyo caso deberá someter a la consideración del soberano las reglas con las cuales ellos plantean su convocatoria. Y, aun así, es discutible el contenido de esas reglas ya que el proceso es constitucionalmente inédito, pudiendo nosotros también plantear las nuestras, contadas de manera transparente y auténtica.

En este sentido, planteamos una convocatoria de al menos 15% del registro electoral acompañada con las reglas o bases comiciales según las cuales los propietarios o dueños de la soberanía ordenan la manera cómo se conducirá ese proceso, incluyendo la instauración de un tribunal electoral que establezca, por ejemplo, una auditoría independiente del registro electoral, escrutinios manuales de todos los sufragios constituyentes, en estricto apego y respeto a la representación proporcional de las minorías, con la especificación técnica de cuántos constituyentes serían elegidos y en qué regiones del país, así como las normas de funcionamiento de esa asamblea, y toda normativa que nos garantice la transparencia del  proceso. En otras palabras elecciones auténticas de esos constituyentes.

Obviamente, eso no será fácil. El régimen se negará a eso como ya lo han manifestado, así como ya lo han hecho también representantes de la oposición oficial. Este planteamiento es la sentencia de muerte de ambos y el renacimiento del país en manos de sus actores naturales, los ciudadanos. La diferencia aquí estriba en una sola cosa: la lucha tendría un sentido y un propósito para todo el mundo. El pueblo soberano depositario del poder constituyente originario quiere establecer unas reglas transparentes e imparciales para contarse y dirimir sus diferencias en paz y no se lo está permitiendo el poder constituido que desea quedarse en el poder para instaurar una dictadura comunista. ¿Quién en el mundo nos puede negar eso? Entonces hay que pelear esa constituyente en las calles con un propósito. Esa es la definición, a mi juicio, de la llamada constituyente de calle de esta cátedra.

Entonces no saldríamos pacíficamente a las calles buscando “sacar a Maduro” o a cualquier títere que pongan los cubanos, ni a pedir su renuncia, sino buscando un mejor país y un mejor sistema de gobierno para los venezolanos, de una manera soberana, sin injerencias ideológicas foráneas de ninguna naturaleza, basados en el sueño del país que deseamos y su forma de gobierno. Los venezolanos no nos merecemos menos que eso.

@laguana

Audio en https://soundcloud.com/laguana-1/el-poder-constituyente-cambiamos-al-pais-o-cambiamos-al-gobierno
Intervención en la Cátedra Pío Tamayo de la UCV el 30-06-2014