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Simón Alberto Consalvi

La pasión del poder (IV)

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Un golpe de Estado, con el general Julián Castro a la cabeza, derrocó a Monagas.

General de pocas luces, fue recibido con euforia y un año después condenado a muerte. La anarquía propicia el conflicto armado. Sobre el desierto de la Guerra de la Federación o de los cinco años, surge entonces un periodo que generará otras crisis, otras revoluciones, y serán la antesala de la república autocrática. El 24 de julio de 1863 entró Juan Crisóstomo Falcón en Caracas. Al posesionarse de la Presidencia, emite un Decreto de Garantías, el 18 de agosto, sobre los propósitos del nuevo orden, que él llama "canon" de los principios democráticos proclamados por la revolución y "conquistados por la civilización": Garantía de la vida (abolición de la pena de muerte), derecho de propiedad (no podrá su dueño ser despojado de ella ni privado de su goce por ninguna autoridad, sino en virtud de sentencia judicial), la inviolabilidad del hogar, la libre expresión del pensamiento, la libertad de instrucción, el derecho de asociación pacífica, el derecho de sufragio (sin otra restricción que la minoridad), la libertad de toda industria lícita, la igualdad ante la ley, quedan abolidas la confinación y el destierro, abolida la esclavitud, cualquier esclavo que pise tierra venezolana será libre, etc. El decreto regiría hasta la aprobación de la Constitución por la Asamblea Constituyente.
Como presidente, Falcón no tuvo pares. El poder lo aburría.
El mariscal era poeta y hombre leído, prefería el chinchorro de Churuguara a las fatigas protocolares. Podrían contarse los días en que ejerció la presidencia entre el 63 y el 67. En 1864 decidió regresar a Falcón, y le dejó a Guzmán Blanco la presidencia. El 5 de noviembre le escribió a su amigo el general Miguel Gil una carta que se hizo famosa, y allí decía: "Querido Miguel: Recibí tu carta. Va Guzmán a encargarse del Gobierno. Ya tú sabes que de Guzmán puedo decir lo que Alejandro de Hefestión: es otro yo. Ayúdalo como me ayudarías a mí. Tuyo, Falcón".
Guzmán le escribió a su vez al mariscal: "Para el puesto que hoy ocupo, corta es mi historia, escasos mis merecimientos, débiles mis fuerzas. No me rehuséis, Gran Ciudadano, el apoyo poderoso de vuestros consejos, hijos de esa experiencia preciosa que os distingue. Acorredme con ellos, y así serán fecundos para el bien de los pueblos que os han elegido los días de mi administración".
El régimen Falcón-Guzmán no logró dominar la anarquía reinante, fueron de un empréstito a otro, mientras la economía ahondaba sus crisis, y los generales se alzaban en todas partes. La guerra, en efecto, no terminó en 1863. Con los empréstitos para el Estado sucedió lo mismo que con los créditos para los agricultores en la década del cuarenta. El gobierno de la federación cae sin pena ni gloria. Guzmán se fue a Europa, Falcón siguió en su juego de ir y venir, hasta que estalló la Revolución Azul, en 1868, comandada por José Tadeo Monagas. El gobierno de los azules (un Monagas pone a otro Monagas) durará 22 meses y será una alianza entre liberales y conservadores.
En 1870 estalló la Revolución de Abril, comandada por Antonio Guzmán Blanco. Ejerce la dictadura durante tres años, y luego se hace elegir presidente hasta 1877. Es el periodo conocido como el Septenio. Vendrá después el Quinquenio (18801884) y posteriormente la Aclamación (1886-1887). Será el gran caudillo que domina la segunda mitad del siglo XIX, y hace girar en torno suyo a quienes aspiran al poder. En 1877 ascendió a la presidencia el general Francisco Linares Alcántara, por el periodo de dos años, hasta el 79. Quiso independizarse de su protector, reformó la Constitución para modificar el mandato a cuatro años, pero murió (repentinamente) en el intento. Guzmán volvió de París para restablecer el "orden", e inició el quinquenio, hasta 1884. Le tocó el turno al general Joaquín Crespo, del 84 al 86.
Tuvo lugar la Aclamación, en el 85; regresó Guzmán y asumió la presidencia. No gobernó sino unos meses, porque decidió cruzar otra vez el mar en septiembre de 1887. Al viajar, dijo: "...Poniendo el Atlántico de por medio, mi personalidad, mis opiniones, mis simpatías, reales o supuestas, no pesarán en la elección del futuro presidente". Mentira.
Con su influencia, fue elegido el doctor Juan Pablo Rojas Paúl, para el periodo 88-90.
Guzmán no regresó más a Venezuela. Nos dejó una metáfora que parecía una sentencia: "Venezuela es un cuero seco, cuando se pisa por un lado se alza por el otro". Vino el abogado Raimundo Andueza Palacio, y, cuando en 1892 quiso continuar en el poder, lo derribó la Revolución Legalista del general Joaquín Crespo, en 1893.

Una Asamblea Constituyente lo eligió para el lapso 94-98. Crespo escogió a su sucesor, el general Ignacio Andrade, en unas elecciones fraudulentas ganadas por el candidato popular José Manuel Hernández, alias el Mocho. Crespo murió persiguiendo al Mocho, en 1898, y Andrade quedó en el aire. En eso vinieron los andinos en octubre, y en 1899, el Liberalismo Amarillo pasó a la historia. Nadie en Venezuela tuvo mayor ambición de poder que Guzmán Blanco. Se necesitó que llegara el siglo XXI para que fuera superado por alguien que no llegó a general, pero convirtió a Venezuela en su latifundio personal.